Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

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Málaga 451: La Noche de los Libros

En la noche del pasado viernes 21 de abril se celebró en La Térmica (Centro de Cultura Contemporánea de la Diputación de Málaga) la tercera edición del festival Málaga 451: La Noche de los Libros.

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Paisaje visto desde un tren

«La memoria se ha ido encanijando, hundiéndose entre las malas hierbas del olvido, tal como esas grandes civilizaciones de cuyo esplendor y abundancia apenas queda nada, unos trozos de pergamino, unas ruinas, Leer más…

Gratitud eterna

«debemos hacer una reverencia de gratitud a los fundamentalistas, que nos recuerdan lo peligrosos que son los libros.»

Hanif Kureishi, La última palabra, Barcelona, Ed. Anagrama, 2014, pág. 91.

La alternativa de los amantes

Leonard Cohen, El juego favorito (Barcelona, Edhasa, 2009, pág. 104; traducción de Agustín Pico Estrada):

—Y ese es el modo —prosiguió— en que los más de los amantes tratan de verse uno al otro, incluso cuando llevan un largo tiempo de intimidad.
Intimidad. Otra de esas palabras.
—Es un gran error —dijo—. La emoción de lo prohibido, la emoción de la picardía no tarda en gastarse y los amantes pronto se aburren el uno del otro. Sus identidades sexuales se hacen más y más vagas, hasta perderse por completo.
—¿Cuál es la alternativa? —comenzaba a irritarme.
—Es volver emocionante lo permitido. El amante debe familiarizarse completamente con su amada. Debe conocer cada uno de sus movimientos: cómo se desplazan sus nalgas al andar, en qué dirección va cada uno de los diminutos terremotos que hace su pecho al palpitar, la forma en que sus muslos se extienden como lava cuando se sienta. Debe conocer el repentino enroscamiento que hace su vientre cuando está al borde del clímax, cada huerto de vello, negro o rubio, la senda que trazan los poros de su nariz, el mapa de las venitas de sus ojos. Debe conocerla tan completamente como para convertirla, a los fines prácticos, en su propia creación. Ha moldeado la forma de sus miembros, ha destilado su olor. Esa es la única forma de amor sexual exitosa: el amor del creador por su creación. En otras palabras, el amor del creador por él mismo. Ese amor nunca puede cambiar.

Etopeya y coda

Ángel Ganivet (granaíno culto y suicida, perdón por el oxímoron), Los trabajos del infatigable creador Pío Cid (1898; Leer más…

Palabras desde el subsuelo

Como si fuera el rayo, la porquería que no cesa.

Subir las persianas y empezar a salir bichos asquerosos huyendo de la luz despavoridos, ha sido todo uno. Ya os lo contaba el otro día. Leer más…

Las cosas de Pedro Saputo

Mi buen amigo José Ángel Sánchez me regaló hace unos días una preciosa edición ¿infantil? de la Vida de Pedro Saputo, natural de Almudévar, hijo de mujer, ojos de vista clara y padre de la agudeza, sabia naturaleza su maestra (Prensas Universitarias de Zaragoza, Zaragoza, 2012), del polígrafo aragonés Braulio Foz (1791-1865), hombre culto, Leer más…

Nos come la mierda

Literalmente: nos come la mierda (en este punto, el doctor Sheldon Cooper —en el undécimo episodio de la cuarta temporada de ya sabéis qué serie televisiva— exclamaría: «¿Literalmente? ¿Literalmente?»).

Cuanto más se barre, más porquería aparece, incluso en los rincones más insospechados. Esta semana ha sido un no parar, y ya no sé por dónde va a salir la siguiente cucaracha.

Esto me ha hecho recordar una vieja canción del grupo post-punk Magazine, «A song from under the floorboards» Leer más…

Entre la hojarasca

Como se suele decir, nunca digas de esta agua no beberé… ni este cura no es mi padre. Hace diez meses y un día cerramos las persianas y nos dejamos arrastrar por el viento hacia el poniente. Hoy pasábamos por aquí cerca y nos hemos dicho, qué caray, vamos a ver cómo está todo, y es increíble la cantidad de mierda que se puede acumular en una casa cerrada. Así que nos hemos arremangado, hemos cogido el mocho y hemos empezado a barrer la hojarasca y a quitar telarañas de los rincones. Están saliendo hasta sanmolontropos verdes…

No sé cuánto nos va a llevar esto, ni si después nos quedarán ganas de subir otra vez las persianas y dejar que entre el sol. A lo mejor, simplemente nos sentamos un rato en el suelo mientras vuelve a atardecer, encendemos un cigarrito  y paladeamos un trago macho a la memoria de Gabriel García Márquez, que no ha tenido el menor reparo en morirse, aun sabiendo toda la hojarasca que iba a dejar tras de sí. En fin, él sabrá…

«Entonces se hizo un silencio tan diáfano, que a través del desorden de los pájaros y las sílabas del agua en la piedra se percibía el aliento desolado del mar.» (El amor en los tiempos del cólera, Barcelona, Bruguera, 1985, pág. 175).

Y vosotros, jóvenes lectores, si es que alguno queda por ahí, recordad aquellas otras palabras del colombiano que ya trajimos a colación en una ocasión tan triste como esta. Fue aquí.

Está bien volver a casa.

Aloha.

Prosopografía

«Y cuando estaba a punto de montar un escándalo, giró la cabeza y de pronto se encontró con una hermosa y atractiva mujer. Patillas negro ala de cuervo; preciosas cejas arqueadas como la luna creciente; ojos de almendra de un brillo cristalino; boca fragante de cereza; nariz recta y bien formadad de fino jade; sonrosadas mejillas redondas bien maquilladas; de delicada belleza, el rostro se asemejaba a una bandeja de plata. Ligero y esbelto, su cuerpo era un ramo de flores; y sus dedos, alabastrinos como finos tallos; su cintura de sauce la podía abarcar una mano. Liviano y terso, su vientre poseía la blancura de la harina. Diminutos, en punta, se arqueaban sus pies; el pecho era generoso en carnes y sus muslos de un blancor níveo. Y había algo más: estrecho y bien tenso, rojo y rugoso, limpio y fresco, acolchado de negrura. ¿De verdad no sabéis lo que puede ser?»

El Erudito de las Carcajadas, Jin Ping Mei, Gerona, Ed. Atalanta, 2010, vol. I, págs. 124-125. Traducción, introducción y notas de Alicia Relinque Eleta.

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