Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

In the city desde hace cuarenta años

Un día como este, 20 de mayo, pero de hace cuarenta años, salía a la calle el primer LP de un grupo llamado a conmocionar la adolescencia de muchos que por entonces ni siquiera éramos púberes: The Jam. Estoy hablando, claro, de In the city.

In the city there’s a thousand things I want to say to you

No voy a tirarme el pegote típico de «yo estaba allí», porque lo cierto es que tenía once años y esa música me era totalmente ajena en aquellos momentos. Que no me cosqué, vamos. Hoy seguro que salen muchos que –igual de catetos que lo era yo– entonarán la salmodia del giro radical que sus vidas sufrieron ese día, cuando la verdad es que su impacto entre nosotros, pobres españolitos que ni siquiera teníamos una constitución que llevarnos a la boca, aún tardaría varios años en dejarse sentir. Ahora resulta que todos fuimos punkis en el 77. Y antifranquistas en los cuarenta años anteriores. Hay que joderse.

Por faltar, faltaban hasta los Sex Pistols: el mítico Never Mind the Bollocks, Here’s the Sex Pistols no vio la luz hasta el 26 de octubre de ese año. En España, lo más cercano que había por entonces era Kaka de Luxe, cuya actividad no empezó hasta finales del 77, y de cuya existencia se enteraron solo ellos y sus colegas. A la Sacrosanta Movida Madrileña aún le quedaban tres o cuatro hervores al fuego. Lo dicho.

Doce canciones en treinta y dos minutos. Eso es In the city. Cara A. Cara B. Seis y seis. Diez temas originales y dos versiones. El primer tema del disco, «Art School», arranca con cuatro acordes y unas palabras iluminadoras para cualquier chaval de cualquier parte del mundo: «Anything that you wanna do, anyplace that you wanna go / Don’t need permission for everything that you want». A partir de ahí, la explosión. Energía. Rabia. Velocidad. Urgencia. Y unas enormes ganas de bronca con el mundo que les habían legado sus mayores. Muchas cosas que decir. Tantas, que In the city solo fue el primer disco que grabaron y editaron en ese portentoso 1977: antes de seis meses, en noviembre, ya había un nuevo larga duración de «los Jam», como los llamábamos nosotros, en la calle, el increíble This is the modern world.

Pasaron algunos años, no muchos. El revival mod, encabezado por estos tres jóvenes de Woking, condado de Surrey, había eclosionado y era habitual ver por las calles vespas y lambrettas conducidas por jóvenes vestidos con parkas en las que habían cosido parches de los Jam, de los Who y del símbolo mod por excelencia, el círculo tricolor de la R.A.F. británica. En los cines se volvió a estrenar Quadrophenia. Las peleas entre mods y rockers se volvieron aliño habitual de cualquier sábado por la noche en el centro de muchas ciudades europeas.

Los Jam eran el grupo. Paul Weller, su cantante, guitarrista y principal compositor, era el espejo en que mirarse. El que nos abrió a estilos musicales infinitos y, no menos importante, al arte de la elegancia. Qué bien viste, el cabrón. Por cierto, hace muy pocos días que acaba de sacar su último álbum, A kind revolution, el que hace el número trece en su carrera en solitario. Y hace un par de años, en Londres, se celebró una exposición sobre el grupo y su impacto en la cultura popular de finales del siglo XX. Se rodó un documental, titulado con uno de los versos de la canción que da título al álbum, «In the city»: About the young idea. Toda una declaración de intenciones.

No soy capaz de recordar cuál fue el primer disco de los Jam que cayó en mis manos, ni la de veces que pude dibujar el nombre del grupo en las tapas de las libretas de clase, ese nombre trazado con espray sobre los azulejos de lo que imaginábamos era una estación del metro londinense, pero no, no lo era. Sé que, de seguro, ya estaba en el instituto, me imagino que en 2º de B.U.P., y que en mi vida ya habían entrado Marcos, Juan Miguel, José Manuel, José Antonio, Bernardo, Cecilia, Reme, Carmelo, Ramón, presencia inalterable… No lo recuerdo. Pero hoy miro mis viejas cintas y están ahí todos: In the city, This is the modern world, All Mod Cons, Setting sons, Sound affects, The gift, Dig the new breed. Seis discos de estudio y uno en directo. En ellos, el adolescente que fui.

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Un pensamiento en “In the city desde hace cuarenta años

  1. Ramón Soler en dijo:

    Pues sí, Eduardo, los Jam eran magníficos. Y lo que vino después tampoco fue moco de pavo: los Style Council y el propio Weller en solitario. ¡Casi na! Urgencia, vitalidad, desgarro, elegancia, calles y bares, calidez y calidad… y más cosas se me vienen a la cabeza cuando se mienta el nombre de Weller.

    Y claro que lo pillamos más tardíamente. ¿Y qué? Pero recuerdo como una guantada en la cara aquellos primeros singles del punk patrio que firmaban los Siniestro Total: «Mario encima del armario», «Ayatollah no me toque la pirola», «Me pica un huevo» y otras lindezas. ¡Vinilos y adolescencia, qué combinación!

    Un fuerte abrazo.

    Ramón, inalterablemente presente.

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