Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

Paisaje visto desde un tren

«La memoria se ha ido encanijando, hundiéndose entre las malas hierbas del olvido, tal como esas grandes civilizaciones de cuyo esplendor y abundancia apenas queda nada, unos trozos de pergamino, unas ruinas, la cara carcomida de un dios, algunas tumbas, el eco de dos o tres leyendas y poco más. Así también la memoria personal, la infancia sumeria, la adolescencia egipcia, la juventud troyana. Así será también mañana el presente fenicio de hoy. Pues nosotros mismos (no solo el tiempo) somos los bárbaros que entramos a saco en nuestras vidas, arrasándolo todo y fundando sobre las cenizas todavía tibias del pasado un nuevo y vigoroso imperio. Porque hubo un momento en que el adolescente que llegó a ser se volvió sobre el hombro y miró con sorpresa y piedad, y luego con desdén, al niño que había sido hasta apenas ayer. Y luego el joven de unos veinte años también miró hacia el pasado reciente con la misma compungida extrañeza con que el adolescente había mirado al niño, y tal como el joven maduro que ahora es mira al altivo jovencito de ayer… Eran miradas de conmiseración y de repudio, que condenaban el pasado al olvido. Y quién sabe si mañana ocurriría lo mismo, si toda la vida era así, un continuo tachar lo vivido con la mirada, como el paisaje visto desde un tren.»

Luis Landero, Absolución, Barcelona, Tusquets Editores, 2012, págs. 26-27.

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2 pensamientos en “Paisaje visto desde un tren

  1. Pues se agradecen los buenos deseos manque sea tarde y a deshoras, y se vota por la reciprocidad, bien entendida.
    Sobre el ambiente de Cuaresma, nada más lejos: estaba destinado a ilustrar lo que había estado explicando en clase durante los días precedentes. Vos sabés: Manrique, el ubi sunt?, el tempus fugit y la madre del cordero.
    Pero en cualquier caso y como siempre, se agradece la desinteresada aportación y, más que nada, se celebra comprobar que el plumífero amarillo sigue escondido entre el follaje (jejeje) y dispuesto a piar cuando las cosas necesiten ser puestas en su sitio.
    Agradecido y alegre de volver a saber de ti, amigo.

  2. Con todo respeto, y para poner el contrapunto a este “post” tan de Cuaresma: digo yo que después de un nacimiento gozoso, una infancia luminosa, una adolescencia dolorosa, bien merece uno una ¿madurez? gloriosa, y no tanto desprecio al pasado y tanta lágrima.

    Opongo al lastimero don Luis estos radiantes versos de José Hernández (te ahorro la versión de Cafrune para no enconar aún más los ánimos):

    Aquí me pongo á cantar
    Al compás de la vigüela,
    Que el hombre que lo desvela
    Una pena estraordinaria,
    Como la ave solitaria
    Con el cantar se consuela.

    Que tenga usted una semana lo más blanca posible.

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