Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

La sociedad libertaria. Que ochenta años no son nada.

Fernando Fernán Gómez, Las bicicletas son para el verano, Madrid, Cátedra, 20145, edición de Francisco Gutiérrez Carbajo, págs. 187-188:

«ANSELMO.- Que está acabando y que todo va a ser distinto. Distinto y mucho mejor que antes. Vendrá la paz, pero una paz cojonuda y para mucho tiempo. Ya no nos cargaremos a nadie; solo al que no quiera trabajar, al que escurra el bulto; a ese sí. Se terminó ya lo de los explotadores y los explotados (A Luis.) Tú ya trabajas, ¿no?
DON LUIS.- En cuanto cumpla los dieciséis va a entrar en la oficina conmigo.
DOÑA DOLORES.- Ahora para andar por la calle hace falta la carta de trabajo.
ANSELMO.- Natural. Ya habrá tiempo, cuando la sociedad libertaria esté en marcha, de trabajar lo menos posible, que ese es el ideal.
MANOLITA.- ¿Ah, sí?
ANSELMO.- Anda esta, pues claro. Primero, a crear riqueza; y luego, a disfrutarla. Que trabajen las máquinas. Los sindicatos lo van a industrializar todo. La jornada de trabajo, cada vez más corta; y la gente, al campo, al cine o a donde sea, a divertirse con los críos… Con los críos y con las gachís… Pero sin hostias de matrimonio, ni de familia, ni documentos, ni juez, ni cura… Amor libre, señor, amor libre… Libertad en todo: en el trabajo, en el amor, en vivir donde te salga de los cojones… ¿Que te gusta Madrid? Pues Madrid. ¿Que te gusta la montaña? Pues la montaña.
LUIS.- ¿Y al que le guste irse al extranjero?
ANSELMO.- Pues al extranjero. ¿Qué coño importa eso? ¡Las fronteras a tomar por el culo! ¿Tú crees que el ejemplo de España no va a cundir? Claro que va a cundir: la sociedad libertaria será una sociedad internacional y cada trabajador trabajará donde le apetezca. Y en lo otro, ya te digo, Manolita, se acabó esa vergüenza que habéis pasado siempre las mujeres. Os acostáis con el que os guste.
PABLO.- ¿Y el que no guste…? (No le sale la voz, carraspea antes de seguir.)
ANSELMO.- ¿Qué?
PABLO.- ¿El que no guste a las mujeres?
ANSELMO.- Siempre hay un roto para un descosido. Pero, ya os digo, nada de eso de los hombres y las mujeres es pecado. Se acabó el pecado, joder. Únicamente hay que respetar, eso sí, el mutuo acuerdo entre la pareja. Que uno se quiere largar, pues se larga. Pero nada de cargarse a la chica a navajazos. Cada uno a su aire. Y en la propiedad, ni tuyo ni mío. Los mismos trabajadores organizan la distribución de los frutos del trabajo, y ya está. Y la educación, igual para todos, eso por descontado. Tendrás todos los libros que quieras, Luis, para que sigas con tu manía. Y para que enseñes a los demás trabajadores, que ahí está la madre del cordero.
DOÑA DOLORES.- ¿Y de verdad tú crees que será pronto todo eso que dices?
ANSELMO.- Pero, tía Dolores, si está a la vuelta de la esquina. Bueno, si nos dejan.
DON LUIS.- ¿No dices que esto se ha acabado?
ANSELMO.- Sí, pero quedan los chinos.
DOÑA DOLORES.- ¿También van a entrar los chinos en esta guerra?
DON LUIS.- Mujer, ellos llaman chinos a los comunistas. […]
ANSELMO.- Yo les comprendo, ¿eh?, les comprendo, sé por dónde van con la táctica y la oportunidad y todo eso. Lo que pasa es que están equivocados. Un estado fuerte, un estado fuerte… ¿y a mí qué más me da que me haga la puñeta el cacique o que me la haga el Estado? Yo lo que quiero es que no me hagan la puñeta. (Ha echado una mirada al reloj.) Y me largo, que me están esperando a la puerta de Chicote.»

Pues eso. Que ya está bien de demagogia. Y de aguantar a tanto gilipollas.

Ya está bien, cojones.

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3 pensamientos en “La sociedad libertaria. Que ochenta años no son nada.

  1. Deríades en dijo:

    Aceptemos que estaremos de acuerdo en la identidad de la mayoría de los demagogos (en sentido moderno, que no el griego antiguo, que era otra cosa, como bien sabes), gilipollas y sinvergüenzas, en las ganas de tirarlos a todos por la borda con una piedra gorda atada al cuello por demoledores de nuestra incipiente democracia y de abofetear a la mitad de nuestros compatriotas con la maldita “picaresca” (beneficiarse a costa de los demás sin sentir ningún escrúpulo, llamemos a las cosas por su nombre), el elevamiento a los altares de los “pícaros” y “gorrones”, el uso de las tripas en lugar del cerebro y la apatía borreguil. Pero también estaremos de acuerdo en que la manipulación de mentes, sentimientos y emociones es una constante en la historia de la humanidad, no sólo de ahora, para bien o para mal (las que hicieron en su momento Temístocles – auténtico padre de Occidente-, Pericles, Julio César o Augusto, por una parte, y Stalin, Mussolini o Hitler, por otra, como casos extremos), y que el miedo al cambio no debe ser un freno para una posible mejora. Si ésta llega, ¿no habrá merecido la pena? Si no llega o incluso se empeora, se cambia otra vez. Y también estarás de acuerdo en que durante toda la historia de la humanidad cada centímetro de mejora para el hombre común ha costado miles de litros de sangre arrancárselo al reducidísimo sector dominante, que no ha dudado ni duda en usar sin empacho todo tipo de felonías y atropellos.

  2. Pues fíjate, yo creo que no, que en las identidades estaremos de acuerdo; al menos, en la mayoría de ellas. Y también estaremos de acuerdo en el descontento, en la decepción, en la rabia, en el cansancio que todo ello provoca. Donde me temo que no coincidimos es en la manipulación que tirios y troyanos están haciendo de dichos sentimientos, ni en la consideración de hacia dónde pueden llevarnos todos ellos juntos: los tirios, los troyanos, los sentimientos y la manipulación. Ya lo hemos visto en otros sitios y en otras épocas, y a mí no me apetece emprender ese viaje, compay (por no decir la verdad: me aterra su mera posibilidad).
    No pretendo ni discutir ni pontificar; es solo mi humilde opinión y ojalá sea errónea.

  3. Deríades en dijo:

    Pues sí, Ed, hay mucho demagogo y mucho gilipollas. La cuestión es que estaremos de acuerdo en algunos casos en sus identidades y, me temo, que en otros no.

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