Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

Cuarto aniversario de Hawaii- Huellas londinenses

Echemos mano del tópico: parece mentira, pero ya hace cuatro años que Cita en Hawaii abrió sus fronteras. Fue el 17 de abril de 2008. En el tiempo que ha transcurrido desde entonces ha habido momentos de gran actividad y otros (como el que estoy atravesando ahora) de poca inspiración, pero bueno, qué vamos a hacerle.

Gracias al blog he conocido a buena gente a la que espero un día estrechar la mano en persona, pero también me he reencontrado con otros de los que la vida me había apartado. Qué alegría más grande en cualquiera de los casos.

Los comentarios que habéis derramado en el blog me han hecho reflexionar, reír, madurar (terrible palabra, antesala de lo que no quiero ni imaginarme… para no tener que madurar).

Hemos asistido a la desaparición de mitos y leyendas, de Paul Newman a Mari Trini, pasando por Miguel Delibes, Rockberto, David Foster Wallace, Enrique Sierra, Steve Jobs, Campos Reina, Antonio Vega, J. D. Salinger, REM, Francisco Ayala, José Luis López Vázquez, Dennis Hopper o Corín Tellado. E tanti quanti que hicieron del mundo un sitio mejor. «Dejonos harto consuelo / su memoria.», que dijo el clásico.

En estos cuatro años, lo nunca visto: la diosa Fortuna nos señaló con su dedo y un día amanecimos siendo campeones de Europa y del mundo (hablo de fútbol, de baloncesto; podría estar hablando también de paro y de desesperación económica, por poner un ejemplo), y al siguiente tuvimos que hacer otra muesca en la barra del bar para apuntar el nombre de un nuevo Premio Nobel de Literatura.

Parece, en fin, que podremos contarles a nuestros nietos que «yo estaba allí» cuando se desveló el misterio y supimos por fin quién fue el autor del Lazarillo. Y también cuando el arco temporal que marca los orígenes de nuestra lengua se tensó un poco más allá de donde solía: en el tiempo y en el espacio.

Pasamos nuestras primeras olimpiadas, en Pekín, y estamos a puntito de embarcarnos en las segundas, en los Londres. Para celebrarlo (lo de los Olimpic Games y lo del cuarto aniversario), os dejo unas cuantas fotos de algunos de los miles de rastros de artistas que esconde la capital británica, y con los que esta pasada Semana Santa me he ido tropezando mientras me pateaba la hermosa ciudad que el Támesis baña. Como yo mismo, es una selección un tanto ecléctica y descabezada. Lo siento, pero es que me sale así.

Para empezar, un obligado: la estatua de Peter Pan en Kensington Gardens. Como entres en el parque por el sitio incorrecto tienes una buena caminata hasta dar con ella.

«Por la segunda a la derecha, y luego sin parar hasta la mañana.»

Ahora, la casa-museo de Charles Dickens, que para eso este año se celebra el bicentenario de su nacimiento. Por cierto, para que veáis que los españoles no somos los únicos que hacemos cosas raras, precisamente ahora les ha dado por cerrar la casa para acometer obras de renovación. La he pillado abierta por poco.

48 Doughty Street, Soho, Londres

Una de las casas que ocupó el novelista.

Su escritorio y su silla.

Esta se la dedico a Marcos, amigo del alma: Russell Square, corazón de Bloomsbury, en una soleada mañana de Lunes Santo. En alguna de las casas que circundan la plaza se desarrolla buena parte de la acción de Vanity Fair, la genial novela del no menos genial William M. Thackeray, contemporáneo del de ahí arriba, Dickens, eterno segundón a la sombra del gran hombre. Pero a mí me gusta más: tiene más mala leche.

«En esta Feria hallarán toda clase de escenas: terribles combates, espléndidos y majestuosos ejercicios de equitación, episodios de la alta sociedad y otros de más baja estofa, historias de amor para los más sentimentales y unas gotitas de comedia ligera.» (Traducción de mi amigo Marcos para Ed. Cátedra)

Hablando de Bloomsbury:

Imaginad: Virginia Woolf, Lytton Strachey, E. M. Forster, Vita Sackville-West, John Maynard Keynes, Dora Carrington, todos revueltos (ya sabéis cómo sigue el refrán, supongo).

Cerca de allí, en el 28 de Dean Street, en pleno corazón del Soho, se encuentra una de las casas (en realidad, dos habitaciones) en que vivió Karl Marx con su familia. En esos años escribió El 18 Brumario de Luis Napoleón y sufrió la pérdida de tres de sus hijos. Pasaron muchas penalidades, apenas remediadas por la ayuda de la otra parte de la ecuación, Friedrich Engels. Desde 1926, los bajos del edificio lo ocupa el restaurante Leonis Quo Vadis?. Si pillas al encargado de buenas, te enseña las dos habitaciones de marras, hoy almacén del restaurante. Curiosa paradoja…

Tenéis que mirar hacia arriba, pues la placa está a la altura del segundo piso.

¿Una fotillo de The Globe, el teatro de William Shakespeare? Naaaa, eso está ya muy visto. Mejor comparto con vosotros esta imagen del Middle Temple Hall, que se alza sobrio en el silencio del barrio templario de Londres (The Temple, como su propio nombre indica). Allí, el 2 de febrero de 1602, el Bardo de Stratford estrenó su obra Twelfth Night (Noche de Reyes).

«If music be the food of love, play on…»

A propósito, junto a las rejas de la iglesia del Temple, la hermosa The Temple Church, se encuentra la tumba de Oliver Goldsmith, autor de la célebre El vicario de Wakefield. Junto a su lápida, una placa con unas palabras del dr. Samuel Johnson.

«Oliver Goldsmith: A Poet, Naturalist, and Historian, who left scarcely any style of writing untouched, and touched nothing that he did not adorn. Of all the passions, whether smiles were to move or tears, a powerful yet gentle master. In genius, vivid, versatile, sublime. In style, clear, elevated, elegant.» (Dr. Samuel Johnson)

Y otro a propósito: en los jardines de The Temple sitúa el propio Shakespeare el comienzo de la Guerra de las Dos Rosas (la Roja, de la casa de Lancaster, y la Blanca, de los York). Lo podéis leer en la escena 4 del Acto II de Enrique VI, Parte 1.

RICHARD PLANTAGENET
Great lords and gentlemen, what means this silence?
Dare no man answer in a case of truth?
SUFFOLK
Within the Temple-hall we were too loud;
The garden here is more convenient.

Y luego ya se lía el pitote.

Si nos vamos al otro lado de la ciudad, hacia el oeste, y paseamos por Cheyne Walk, en el corazón de Chelsea, podemos empezar a acumular sorpresas y no parar. En el 3 vivió el rollingstone Keith Richards. En el número 4 murió la novelista Mary Ann Evans, a la que el mundo conoció con el masculino sobrenombre de George Eliot. Acababa de mudarse cuando una afección de garganta se la llevó por delante.

«ideal nature demanded an epic life.»

«Their ardor alternated between a vague ideal and the common yearning of womanhood; so that the one was disapproved as extravagance, and the other condemned as a lapse.»

Siguiendo la calle, en el número 16 vivieron el pintor prerrafaelista Dante Gabriel Rossetti y el poeta decadente Algernon Charles Swinburne.

«Love’s twilight wanes in heaven above,
On earth ere twilight reigns
»

«Deep desire, that pierces heart and spirit to the root,
Finds reluctant voice in verse that yearns like soaring fire»

Poco después tropezamos con un imponente bloque de ladrillo rojo llamado Carlyle Mansions, conocido también como «The Writers Block». Si decimos que en este edificio vivieron los escritores Henry James, T. S. Eliot, William Somerset Maughan, el creador de James Bond, Ian Fleming, o el historiador Arnold J. Toynbee, lo del mote se aclara bastante.

En un pueblo en el que yo viví hace años, a este edificio lo habrían llamado «Villa Talento».

El nombre lo toma este edificio del erudito Thomas Carlyle, autor de una monumental Historia de la Revolución Francesa (1832) de la que Dickens bebió abundantemente para documentar su novela Historia de dos ciudades (1859). El propio Carlyle fue vecino del barrio, y en uno de sus jardines le erigieron esta hermosa estatua sedente:

«Popular opinion is the greatest lie in the world.»

La blanca casa que se ve a la derecha de la foto, a espaldas del prócer, corresponde al número 48 de Cheyne Walk. Allí vivió unos cuantos años Mick Jagger, y allí lo pillaron con las manos en la masa de unas cuantas sustancias ilegales durante una famosa redada policial en 1969. No es extraño que el bueno de Thomas Carlyle esté mirando para otro lado, menudos vecinos…

Hablando de vecinos y de Thomas, uno de los más ilustres residentes de la zona fue el canciller Thomas More (Santo Tomás Moro para los católicos), que sirvió al rey Enrique VIII pero fue siempre fiel a su fe y a sus ideas. Su cabeza fue el precio que pagó por ello. La foto corresponde a la estatua que se erige delante de la Chelsea Old Church, donde hay quien dice que reposan sus restos, pero eso no está muy claro. El domicilio del autor de Utopía (1516) se encontraba en Beaufort Street, y en él recibió las visitas de, entre otros, el humanista Erasmo de Rotterdam y el pintor Hans Holbein El Joven.

La estatua es fea de c*j*n*s, pobrecillo.

Como era Viernes Santo, estaban celebrando la misa, así que no pudimos visitar el interior de la iglesia. Sin embargo, sí que pudimos pillar un par de Hot Cross Buns, unos deliciosos bollitos típicos de la fecha, que estaban a disposición del visitante en una preciosa canastilla de mimbre en el vestíbulo de la capilla. Vamos, que digo yo que eran para eso.

Y como nos estamos poniendo muy cultos, saquemos a pasear al Géminis que llevamos dentro y cambiemos de tercio. Y de rumbo. Volvemos sobre nuestros pasos, desandamos lo andado y nos dirigimos otra vez hacia el este, paseando plácidamente en la fría mañana del Good Friday por Chelsea Embankment en dirección a Battersea para fotografiar uno de los lugares icónicos del rock: la Battersea Power Station, que se erige al otro lado del río. Ha aparecido en películas de Alfred Hitchcock, de Batman y de los Monty Python, en series de televisión y en el Help! de los Beatles. Pero la imagen inevitable es la de la portada del disco Animals (1977), de Pink Floyd, con su cerdo volando y sus colores ¿imposibles? He aquí mi particular homenaje, sin gorrino volador, pero con un pedazo de avión que tuvo la gentileza de sobrevolar la zona para que yo lo inmortalizara.

«If you didn’t care what happened to me,
And I didn’t care for you
We would zig zag our way through the boredom and pain
Occasionally glancing up through the rain
Wondering which of the buggers to blame
And watching for pigs on the wing.»

Ramoncito, va por ti.

Y ya que nos hemos puesto flamencos, un sitio fascinante es Brook Street, en el barrio de Mayfair. No es que sea una calle particularmente atractiva, sino que encierra una de esas curiosidades que consiguen dibujarte una sonrisa en la cara. En las casas vecinas que ocupan los números 23 y 25 vivieron, cada uno en su época, pero mire usté por donde, Jimi Hendrix y Georg Friedrich Händel, respectivamente. Manda güitos la cosa.

El número 23 es el de la izquierda.

Are you experienced?

Con un vecino como el que tenía, lo único que podía salirle era «Música acuática».

Y hasta aquí, de momento, el recorrido londinense, que tengo ya los pies reventados, y ustedes querrán irse a dormir. Guardo para mejor ocasión otros iconos pop: la casa-museo de Sherlock Holmes o el inenarrable ¿monumento? erigido en memoria de Lady Di y su amantísimo Dodi Al Fayed en los grandes almacenes Harrods. Eso sería ya excesivo para esta noche.

Muchas gracias por leer hasta aquí todos estos años.

Aloha.

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2 pensamientos en “Cuarto aniversario de Hawaii- Huellas londinenses

  1. ¡Me encantó! Gracias, hermoso y esclarecedor paseo.

  2. Pues nada, felicidades por el aniversario. Este blog es más majo que majo, aunque lo tengas languideciente… Por cierto, sólo a ti se te ocurre reproducir la plaquita dedicada a Dante Gabriel Rossetti… ¡Qué antiguo eres, brother! (Por supuesto, es broma: yo encantao de que alguien se acuerde de un pintor cuyo nombre es ya, de por sí, una obra de arte). Y la antigua central eléctrica haces bien en sacarla: es de una rotundidad arquitectónica que para sí quisieran los posmoden-nos.

    Abrazos y tal.

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