Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

Día de las Librerías

El próximo viernes 25 de noviembre se va a celebrar por primera vez en España el Día de las Librerías. Organizado por CEGAL (Confederación Española de Gremios y Asociaciones de Libreros), se trata, en palabras del documento de presentación que nos han hecho llegar, de «un acontecimiento que se celebrará anualmente el último viernes del mes de noviembre, para reafirmar la relación del lector con el librero y apoyar su labor en nuestra sociedad.»

Durante esta jornada tan especial, las librerías (afiliadas a CEGAL) abrirán sus puertas hasta las 22:00 horas, «harán descuentos y actividades, contarán con personalidades importantes del mundo de la cultura, la literatura, el deporte, cine, la televisión…» Por si se necesitaran excusas para ello, esta parece perfecta para sacudirse la pereza de encima y acercarse hasta nuestra librería favorita y celebrar este día con los amigos que seguro que encontraremos en ella.

Antes de todo ello, mañana mismo, miércoles 23, a las 12:00 horas, se va a presentar oficialmente el Día de las Librerías en una rueda de prensa que tendrá lugar en el Centro Andaluz de las Letras (c/. Álamos, 24, Málaga). La presentación, a cargo de Juan Manuel Cruz, presidente de FAL (Federación Andaluza de Libreros), contará con la presencia de Julio Neira, Director General del Libro, Archivos y Bibliotecas de la Consejería de Cultura. Será un acto abierto no solo a la prensa, sino también, y muy especialmente, a todo el público que quiera asistir.

En Hawaii queremos unirnos a la celebración, y para ello os dejamos con unos textos ad hoc: se trata de tres fragmentos extraídos del delicioso opúsculo El amante de las librerías (José J. de Olañeta, 2011), del francés Claude Roy, que no podrían llegar hasta nosotros en mejor ocasión:

Una vez llegado a la librería, pongo en un rincón mis compras […] El perfume de las cosas buenas para comer se eleva en ofrenda hacia las mesas y las estanterías, donde meditan las cosas buenas para saber, el concilio de los libros.
Me ofrecen una silla, husmeo las últimas novedades. Espero que, bien encerrado en su plástico, mi pescado no invada la tienda, y charlamos, de esto y de aquello, de libros y de huéspedes. Como todavía no han traído la edición de las Inscripciones del rey Asoka que encargué hace dos días, amenazo con ir a leerlas a la Nacional, pero mis amigos de la librería saben muy bien que esto no es más que una fanfarronada.
Pues yo venero, ciertamente, las grandes bibliotecas, arcas de Noé de la palabra, ciudadelas de memoria, conciencia e inconsciente del saber y de las locuras de los siglos. […] Sí, venero las grandes bibliotecas, lugares de descanso de toda la memoria del mundo, que celebró Alain Resnais. Pero es bien sabido que la veneración no es el amor y que el respeto puede no estar desprovisto de frialdad. Me inclino ante las bibliotecas cardinales. A menudo recurro a ellas. Pero me inclino con un poco de espanto. Las utilizo cuando no puedo hacer otra cosa en absoluto. Lo confieso, no soy hombre de esos inmensos conservatorios de lo impreso. Amo demasiado los libros para soportar visitarlos tan solo y poder abandonar los volúmenes, a la hora de cerrar, a los guardianes de sus gloriosas Bastillas. Me gusta que los libros compartan mi vida, me acompañen, callejeen, trabajen y duerman en mi compañía, se rocen con las venturas del día y los caprichos del tiempo, acepten citas conmigo a horas «imposibles», ronroneen con la gata al pie de mi cama, o se arrastren con ella en la hierba, doblen un poco la punta de sus páginas en la hamaca de verano, se pierdan y se encuentren de nuevo. Los libros son para mí más unos amigos que unos servidores o unos maestros. Por eso prefiero a las bibliotecas las tiendas de las que uno sale con su amigo bajo el brazo, las grandes o pequeñas librerías, y los miembros de su familia, librerías de viejo, librerías especializadas, bouquinistas de los muelles, ferias de libros de ocasión. (págs. 11-17)

Págs. 41-46:

Si prefiero el uso de las librerías y de los libreros de viejo al de las bibliotecas (alabado sea, sin embargo, su santo nombre), si me gusta poder invitar a un libro a seguirme, a compartir mi vida, a pasear conmigo en mi bolsillo, a arrastrarse por mi casa, a viajar, a saber incluso ajarse un poco en su aspecto para permanecer intacto en el corazón en su frescor comunicativo […] si siempre he tenido por los libros un respeto del todo irrespetuoso, es decir, en absoluto fetichista, es que tengo con ellos exactamente las mismas relaciones que con mis amigos, mis conocidos, las personas que encuentro. […] De modo que con las distancia de los años ya no puedo separar lo que me ha sido transmitido por las personas de lo que me han dado los libros, y ya no sé si he tenido el privilegio de conocer a hombres que me hablaron como buenos libros o de cruzarme con buenos libros que se confiaron a mí como hombres.

Págs. 47-49:

Así, mientras husmeo sobre las mesas del día la llegada de los libros nuevos, o mientras me deslizo a lo largo de las estanterías dejándome llamar por un título desconocido, prosigue la conversación en la librería, donde las voces de los servidores de los libros y las de estos alternan y se completan. Añado a mi bolsa de la compra dos volúmenes que con voz firme me han dicho «Llévanos contigo, seremos felices juntos», doy un beso a Marie-Thérèse y a Renée, vuelvo a coger mis melones, mis yogures, los libros y mi pan rústico, recorro en sentido inverso el camino que me ha conducido de mi despacho al mercado, […] y vuelvo a casa, como todos los días, con un poco más de libros de los que caben en ella. Pero el aficionado a las librerías es como el que no puede resistirse a invitar a una comida improvisada a un huésped inesperado: nos apretujaremos un poco, y donde hay para tres hay para cuatro. Muerta es la morada en la que no entran cada día un nuevo libro y un nuevo visitante, nuevos amigos.

Aloha.

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3 pensamientos en “Día de las Librerías

  1. Pues ya lo dice el amigo Claude: «nos apretujaremos un poco, y donde hay para tres hay para cuatro.» Ea.
    Por cierto, glad to see you, man.

  2. Es una lástima, pero entro cada vez menos en una librería. Y no por falta de tiempo sino porque me obligo a ello. Sé que acabaré comprando algo, de igual modo que sé que no tengo sitio para depositarlo. Sólo me queda el inodoro, y me temo que no es lugar digno, además de peligroso.

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