Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

Dos cosas que los nietos deberían saber

Primera: anti-retoricismo.

«Por lo visto hay varias maneras de enfocar este asunto. Podría escribir en plan “poético”. Algo así:

De pie frente al porche, fui consciente del penetrante olor de la hierba recién cortada. Podía también oír el quedo zumbido de los cortacéspedes por todo el vecindario. El aire acondicionado descargaba sobre mí, y yo, entretanto, esperaba. Mary bajó al fin. Nunca llegué a entrar en la casa. Rompió conmigo allí mismo. Regresé a casa acompañado por el canto de las cigarras, ajenas a mi dolor.

O podría incluso darle otra vuelta de tuerca y hacerlo verdaderamente florido. Tal que así:

A lo lejos se entreoye el tenue zumbar de las segadoras. Mozos bronceados y de pechos lampiños sudando al sol, entregados a una última y genuina actividad física antes de cargar con sus petates rumbo a Yale o a Brown. Puedo oír los pasos de Mary al bajar las escaleras, titubeante. Tengo un grillo (no, un saltamontes) junto al zapato. No sé qué es lo que Mary siente por mí, pero este chiquitín sí ve lo que realmente soy. Conectamos por un instante, y luego se aleja de un brinco. Ahora estoy solo. Aparece Mary. Va a romper conmigo, puedo verlo en su rostro. Está a punto de tomar el amor desatado y absolutamente incondicional que le he ofrecido para estrellarlo contra el suelo, donde se desintegra en miles de añicos inservibles. Me hago a la idea. Me hago a la idea (Fin del capítulo.)

O bien podría ser sincero contigo. Algo así como:

Un día de julio fui a casa de Mary a pasar con ella un rato. Me abrió la puerta, pero no llegué a entrar nunca. Rompió conmigo en el porche de la entrada.

No quiero malgastar tu tiempo con ñoñerías ni chorradas, así que por respeto a ti, dilecto lector, me ceñiré al estilo más directo.» (págs. 6-7)

Segunda: integridad artística.

«Veía que me estaba convirtiendo en un artista, en uno de verdad con un poco de suerte, y decidí conscientemente que ésa y no otra debía ser mi prioridad: no tener éxito, ni vender discos» (pág. 116)

«nadie puede arrebatarte el alma si tú no te dejas.» (pág. 152)

«Vamos, que me da igual. A tomar todos por culo. Dejadme que haga lo que me parece, ¿vale? Ya está bien de cachondeo, gente. Mañana por la mañana me voy a odiar por esto, pero me ha sentado bien decirlo. […] ¿Por qué diablos querrá nadie que todo sea igual todo el rato? […] Si sólo te gusta un tipo de música, lo siento, pero la vida es demasiado corta. Cada disco que he sacado ha provocado una avalancha de cartas de fans cabreados porque no era lo que ellos esperaban. Si quieres lo que esperabas, ¿por qué no grabas tu propio disco, eh? Déjame a mí que haga el mío: probablemente no sea lo que esperabas. Me alegro de haber mantenido esta breve charla.» (págs. 159-160)

«Una vez más, sigo sin entender por qué hay gente que quiere que todo suene tal y como ellos lo imaginan. La vida es demasiado corta para ser tan aburridamente predecibles. El aburrido es usted, caballero.» (pág. 183)

Estos textos pertenecen a Cosas que los nietos deberían saber (Blackie Books, 2009), de Mark Oliver Everett, atribulado corazón de la ¿banda? Eels. Es uno de los libros más hermosos y raros y tristes y esperanzados que he leído en los últimos tiempos. Como las canciones mismas del mismo Everett:

It’s not all good and it’s not all bad
Don’t believe everything you read
I’m the only one who knows what it’s like
So i thought i’d better tell you
before i leave

So in the end i’d like to say
that i’m a very thankful man
I tried to make the most of my situations
and enjoy what i had
I knew true love and i knew passion
and the difference between the two
and i had some regrets
but if i had to do it all again
well, it’s something i’d like to do

Los nietos deberían saber que…

No todo es bueno y no todo es malo
No creáis todo lo que leéis
Yo soy el único que sabe cómo son las cosas
Por eso he pensado que mejor será que os lo cuente
antes de irme

Para acabar me gustaría decir
que soy un hombre muy agradecido
He intentado sacar el mayor provecho de cada situación
y disfrutar de lo que tengo
He conocido el amor verdadero y la pasión
y la diferencia entre uno y otra
Y hay cosas que lamento
pero si tuviera que hacerlo todo de nuevo
bien, es algo que me gustaría hacer.

This one goes out to club8que80, que me puso sobre la pista. Gracias, compadre.

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22 pensamientos en “Dos cosas que los nietos deberían saber

  1. Qué raro, una tarada llamada Anna… me suena de algo.
    ¡Pues no señor, no me envió las fotos! Así que cuando tengas un ratito, envíamelas 🙂

  2. Agradecido (y azarado: no hacía falta recurrir al acto de contricción).

    Siempre es un verdadero placer hablar de literatura en este blog.
    Cordialmente.

  3. De acuerdo con las puntualizaciones sobre el estilo. ¿Cómo no estarlo? Por poner a un autor -más o menos- actual, me gusta mucho Carver, y en buena medida por la sequedad de su estilo, que creo se ciñe bien a lo que cuenta. No es cuestión, pues, de floritura ni adorno, qué va.

  4. Dear piolin:
    Como suele ser habitual por ser vos quien sois: brillante. Oce more time. Qué lujos me dispensa esto del blog.

  5. En cuanto a las traducciones, ésta es de José Antonio Soriano Marcos, para Alianza. He aquí el original:

    “A heavy atmosphere of oppressive quietude pervaded the ship. In the
    afternoon men went about washing clothes and hanging them out to dry
    in the unprosperous breeze with the meditative languor of disenchanted
    philosophers. Very little was said.”

    (Proyecto Gutemberg)

    Adjetivo-sustantivo, adjetivo-sustantivo… salvo para “ship”, “afternoon”, “men” and “clothes”, los únicos sustantivos de uso común y raíz anglosajona (“breeze” procede probalemente del castellano, según mi buen amigo Webster). Bonito, ¿no? Sobre todo, cuando uno nació llamándose Josef Korzeniowski.

    So long.

  6. Puntualizo e insisto, sin ánimo (no controlo el resultado; si lo controlase, haría literatura) de ser pesado: el estilo depende, entre otras cosas, de la extensión, del tema… y no es lo mismo hablar sobre lo que uno escribe que hacerlo sobre lo que escriben otros.

    Y como a nadie le amarga un dulce:

    “Una densa atmósfera de opresiva quietud se apoderó del barco. Los hombres pasaron la tarde lavando ropa y tendiéndola a la mezquina brisa con la meditabunda languidez de los filósofos desengañados. Se habló poco […]”. (Conrad, Capítulo 5).

    Ahí queda eso. Aplicable a cualquier reunión de trabajo, tal cual.

    Carpe Noctem.
    Piolín.

  7. No se me está mal, por hablar de libros que no conozco…

    Admito que veo con prevención a quienes van-de-innovadores en los terrenos literarios. Me cargan bastante tales poses. Supongo que ya se notaba por otras intervenciones. Y supongo que se trata de un cierto grado de deformación profesional. I’m zorry, soy remiso porque el mundo me hizo así. Y tal.

    Está bien esa inyección anímico-filológica, oé, oé, oé. La respuesta del cátedro latiniparlo, colosal.

    Salud.

  8. Hola a todos, club8que80, Ángel y anna, y perdón por el retraso: llevo tres días sin tocar el ordenador: una sensación maravillosa.
    No sé yo Ángel, si Mr. E no disfrutaría -no disfruta, de hecho- de la prosa de Conrad; creo que sus reparos no son a la hora de leer, y menos tratándose de un clásico, sino a la hora de escribir él mismo. Y la verdad es que si el libro está siendo tan elogiado puede que sea precisamente por el tono elegido; con la sucesión de desgracias que conforman la vida de este hombre, si hubiera elegido otro tono más florido habría sido un folletón infumable.
    En cuanto a lo de la filología (vicio que también comparte el amigo club8que80; somos pocos, pero buenos; muy buenos), el catedrático de Latín de mi facultad, cuando alguien le hacía la preguntita de marras, solía decir algo así como que las humanidades son el lujo que se permiten las sociedades civilizadas que quieren ser consideradas como tales. Va por nosotros, caballeros.
    Estoy viendo que no me va a quedar más remedio que meterle mano a Fogwill. Caray, qué encomiástico es usted, amigo club. Te mantendré informado.
    Y para anna: si has leído los comentarios anteriores, verás que no eres la única que sigue usando la palabra “flipar”. Y además, no veo por qué deberías dejar de hacerlo. Oye, y que me alegro de verte, moza. Que nos tenemos abandonados, a ver si nos vemos algún día. Por cierto, ¿te envié las fotos de Madrid o es otra de las mil cosas que he olvidado hacer? ¡Ah! No te entusiasmes demasiado: la Anna del libro de Everett es una tará del copón.
    Aloha.

  9. Me flipa Eels (no sé por qué sigo usando la palabra “flipar”…). Y hace poquito me enteré de la existencia de este libro, varios amigos míos ya me lo han recomendado. Y parece ser que incluso hay un personaje que lleva mi nombre. Así que al terminar los exámenes tendré que pasar por la librería más cercana.
    Un saludo, Eduardo 🙂

  10. Uf, pues me temo que el texto de Conrad (qué bueno era el tío, por cierto) sería, según Everett, un ejemplo de texto “en plan ‘poético'”, y quizás por eso desdeñable… Pero suena -y dice- bien, al menos en esa traducción que aducís… Si es que los clásicos…

    En cuanto a lo de la filología, amigo Eduardo, también yo he alegado lo mismo en alguna ocasión. El problema es que, aparte de la cosa del pane lucrando, ya no tengo claro qué decir. Por fortuna, los avispaos no suelen formular una segunda pregunta…

  11. club8que80 en dijo:

    Pues no tardes en leer Los pichiciegos, hazlo ya, la historia de unos desertores de las Malvinas que sobreviven escondidos en un refugio; está editada en Periférica, al igual que el que estoy leyendo ahora, Help a él, con el que estoy literalmente flipando, qué prosa, una descripción “alucinante”, nunca mejor dicho, y -para mí- magistral del viaje de las drogas, sin ser típico-tópico, y la obsesión por una muchacha muerta. Lo diré al estilo Forges: este tipo era un genio, afirmo.

  12. Ya nadie escribe así… por desgracia. Pena de idioma, penita de riqueza desperdiciada.
    En cuanto a Fogwill, en efecto, ná de ná (ya, las tildes, los monosílabos, ya…). Ya me contarás.

  13. Gracias por la preocupación: de hecho, ha sido sólo UN día (lectivo) de ausencia. Me congratulo del efecto producido.

    En el ínterin (años deseando tener ocasión de utilizar este vocablo) he leído ésto:

    “En su justicia, el mar inmortal otorga a los hombres a los que indulta con desdeñosa piedad el pleno y ansiado privilegio de no descansar. […] Constantemente deben justificar su vida ante la eterna misericordia que les impone duros e incesantes trabajos del alba al ocaso y del ocaso al alba, hasta que la agotadora sucesión de los días y las noches, perturbada tan sólo por el obstinado griterío de los sabios que predican el derecho a la felicidad bajo un cielo vacío, sea al fin redimida por el vasto silencio del dolor y del trabajo, por el mudo temor y el mudo coraje de unos hombres oscuros, desmemoriados y sufridos.”

    Joseph Conrad, El negro del Narcissus, cap. 4.

  14. El señor presidente Bono y Mr E. como que no lo veo yo tampoco…
    De Fogwill, nada, ¿no?

  15. ¡Qué perita, cuánta gente buena por aquí!
    Vayamos por partes.
    Me alegro que te haya gustado la entrada, club; espero haberle hecho justicia a un libro tan especial como este. A lo de Micah P. Hinson no creo que le vaya a meter mano, al menos de momento. Tengo pendientes una revisión de Manganelli y de Brautigan, entre otras mil, pero creo que estas van a ser las primeras. ¡Ah! Y puedes cargarte todos los polisíndeton que quieras, estás en tu casa.
    En cuanto a mi buen amigo piolin -a quien, por cierto, echo de menos estos días; espero que nada grave-, no estoy yo tan seguro de que este libro fuera del agrado del ínclito manchego. Ej que no sé, se me hace difícil asociar la figura y la música de Mr. E con la del prócer criador de caballos y consuegro de Raphael. No lo veo. En cualquier caso, sí: el libro del señor Everett es un hallazgo.
    Y, Ángel, como suelo contestar a algún díscolo y/o listillo que inquiere desafiante para qué sirve la filología: hombre, de momento, para que gente como yo (y como usted, compadre) coma todos los días, tres veces al día, casi todas caliente, je, je.
    Gracias a los tres por vuestras visitas y por vuestros comentarios, pero, sobre todo, por vuestra amistad. Pero como dijo el Señor Lobo… etc., etc.
    Abrazos.

  16. C*ño, a punto estuve de ponerlo, en serio… Pero es que no lo tengo tan claro. Y en cualquier caso igual era, más bien, algo tan inescribible como “Ej’j’ej verdá”. Con lo cual tiré por el camino fácil. Al fin y al cabo, pa’ lo que vale la filología…

  17. Enhorabuena: el señor Everett es todo un hallazgo.

    Saludos cordiales.

    P.S.: No sé cómo diría “hallazgo” Don José Bono. Probablemente, también le gustaría este libro.

  18. club8que80 en dijo:

    Gracias, compañero, sabía que no te defraudaría.
    Y has parido la mejor descripción posible: libro hermoso, raro, triste, esperanzado. Me cargo tu polisíndeton.

    Leí tu email anoche, esto ha sido un detallazo.

    Ahora estoy con Fogwill, ¿habrá aparecido por Hawaii alguna vez?

    Siguiendo con el asunto ‘cantautor atormentado’, me he leído la novelita de Micah P. Hinson, editada en Alpha. No es gran cosa, una lecturita agradable, sin más.

    Un abrazo enorme.

  19. Disiento, Bono diría: “Ej qu’ej verdá”. Un poco de rigor filológico, hombre.

  20. Es qu’ej verdá, que diría Bono (no el de U2).

  21. Gracias, qué bonito cumplido…

  22. Mmm… En lo del antirretoricismo, me quedo con la primera versión. Qué vieja discusión es esta, Machado, Cervantes… En el segundo asunto no me meto. Bueno, sí: algunas de las cosas que por ahí se dicen, como la de arrebatar el alma, son también bastante predecibles. El tono brusco y taquero de alguna de las prosas también, I’m afraid. La convención, hoy por hoy, es no ser convencional. ¿No será que no hemos superado el Romanticismo? En fin, divagaciones sabatinas, como veis.

    No dejan de sorprenderme las entradas tan poppies que salen, de vez en cuando, por esta bitácora.

    Salud.

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