Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

Impío

a punta de espada hago que me sea entregado un caballo y huyo, dejo la ciudad que no volveré a ver jamás; dejo sin duda a alguien a quien amo, estudios dilectos, paseos meditabundos con amigos de ardua compañía, dejo una gran y noble biblioteca, y acaso también compañeros viciosamente dilectos, impías discusiones sobre la eternidad de las penas infernales, juegos agudamente nigrománticos, dejo fantasmas que he evocado pero no liberado de mi poder y que ahora tal vez sigan debatiéndose aún por las calles de aquella ciudad de antigua belleza: los dioses, los dioses a los que dicen que yo he insultado, pierden todos sus nombres mientras cabalgo en la noche, no recuerdo ya en qué creía, qué fantasías pudieron empujarme a desafiar potencias de las que ignoro todo y que ya no volveré a nombrar jamás, ni en rezos ni en imprecaciones.

Giorgio Manganelli, La ciénaga definitiva, Madrid, Siruela, 2002, págs. 12-13.

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