Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

Novedades en la Ortografía de la RAE

La edición de hoy del diario El País adelanta algunas de las novedades que incorporará la próxima edición de la Ortografía de la Real Academia Española de la Lengua, que se publicará en las próximas semanas. Me temo que habrá debate y -lo que es peor- opiniones para todos los gustos. De hecho, ya han empezado, no hay más que fijarse en lo más de mil cien comentarios (y subiendo) que recoge la página web donde se da la noticia (por cierto, lo de «fijarse» es solo una forma de hablar, porque mejor no hacerlo: es desconcertante leer los comentarios de gente ofendidísima con los cambios ortográficos… que escribe «ay» del verbo haber, en lugar de «hay», por poner un ejemplo).

Siempre os explicamos en clase que las lenguas son organismos vivos, en constante proceso de cambio. Y que no sabemos en qué parará nuestra lengua al correr de los siglos, igual que los romanos tampoco pudieron ni imaginar en qué iban a convertirse el primoroso latín que escribieron Virgilio, Séneca, Marcial o Lucano, y el desgarrado latín que hablaron y expandieron por los cuatro rincones del mundo conocido los legionarios y comerciantes. No hay forma de saberlo. Lo único que sí podemos saber es que, probablemente, será distinto al español que hablamos hoy en día. ¿Muy distinto? Chi lo sa!! Pero distinto. Seguro.

También podemos saber otra cosa: la lengua que sobreviva tendrá que tener, como la actual, una serie de reglas que garanticen su funcionamiento como medio de comunicación para una colectividad. Colectividad que podrá ser más o menos numerosa, pero que siempre necesitará que el código común (la lengua) se exprese en un conjunto de normas (también comunes y conocidas por todos) que garanticen no solo la posibilidad de la comunicación, sino también su efectividad. El ejemplo que suelo poneros: ahora os ha dado por escribir «wapo» en vez de «guapo», sobre todo en los sms. Cuesión de ahorro y de rapidez. Vale. La norma actual dice que la forma correcta es la segunda, pero eso no significa que algún día la correcta no sea la primera, la que utilizáis vosotros. Bien estará. Pero entonces lo correcto será escribir «wapo» y al alumno del futuro le pondrán falta de ortografía cuando escriba «uapo», pongamos por caso. No sé si me explico.

Volviendo a las novedades anunciadas, y a falta de tener el texto definitivo en las manos, parece sensato eliminar definitivamente la tilde de «solo» (adverbio) o «este» (pronombre), que son palabras llanas acabadas en vocal y que, por tanto, según la norma general, no llevan tilde. Las posibles ambigüedades son fácilmente resolubles. Pero la que creo que va a traer cola va a ser la decisión de suprimir las letras «ch» y «ll» del alfabeto. Lo que son las cosas: precisamente ayer, durante el desayuno, hablaba con un compañero (de Matemáticas, gran lector) sobre este tema, y le comentaba que cualquier día se nos caerían las dos del DRAE (Diccionario de la Real Academia Española), igual que ya habían caído de otros muchos diccionarios de editoriales que, en manos de poderosos grupos internacionales (la RAE, prudentemente, habla de «a petición de diversos organismos internacionales», ¡ja!), habían impuesto el uso que se sigue en otras lenguas.

Sobre ambas letras, la postura oficial de la RAE hasta el día de hoy es:

ALFABETO.- Para designar la serie ordenada de las letras con que se representan los sonidos de una lengua, pueden usarse indistintamente los términos abecedario y alfabeto. Como las demás lenguas románicas, el español se sirvió básicamente de la serie alfabética latina, que fue adaptada y completada a lo largo de los siglos. El abecedario español está hoy formado por las veintinueve letras siguientes: a, b, c, ch, d, e, f, g, h, i, j, k, l, ll, m, n, ñ, o, p, q, r, s, t, u, v, w, x, y, z.

Esta variante española del alfabeto latino universal ha sido utilizada por la Academia desde 1803 (cuarta edición del Diccionario académico) en la confección de todas sus listas alfabéticas. Desde esa fecha, los dígrafos ch y ll (signos gráficos compuestos de dos letras) pasaron a considerarse convencionalmente letras del abecedario, por representar cada uno de ellos un solo sonido. No obstante, en el X Congreso de la Asociación de Academias de la Lengua Española, celebrado en 1994, se acordó adoptar el orden alfabético latino universal, en el que la ch y la ll no se consideran letras independientes. En consecuencia, las palabras que comienzan por estas dos letras, o que las contienen, pasan a alfabetizarse en los lugares que les corresponden dentro de la c y de la l, respectivamente. Esta reforma afecta únicamente al proceso de ordenación alfabética de las palabras, no a la composición del abecedario, del que los dígrafos ch y ll siguen formando parte.

Esto es lo que hay. A mí, personalmente, me toca mucho los… criterios filológicos esta decisión de la RAE. Uno aprendió a leer con un alfabeto, y ahora se lo encuentra amputado. Es ley de vida, todo cambia. Pero jode.

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9 pensamientos en “Novedades en la Ortografía de la RAE

  1. Al blog se le sube la bilirrubina con comentarios como los suyos, dilectos piolín y Deríades. Qué nivel, Maribel. Gracias por honrarme con el beneficio de su amistad.

  2. A Adrados, al que conozco personalmente (le he servido de “negro”, literariamente hablando), a pesar de que no comparto muchas de sus consideraciones, lo respeto sobremanera, aunque sólo fuera por el hecho de que ha llegado a la posición de tribuna no sólo por cuestiones políticas sino también por su bagaje cultural y científico, de reconocido prestigio. Y el que ocupe su tiempo, entre “negro y mulato”, en usar su tribuna para hacer defensa de la cultura clásica grecolatina y sus lenguas y su permanencia en los planes de estudios, repartiendo mandobles sin descanso a pesar de su avanzada edad, me parece absolutamente necesario, aunque sea triste pensar que un nonagenario como él sea el único en España que pueda y quiera realizar tal labor. ¿Qué será de nosotros cuando muera?
    Cuando pienso en el griego, el latín, los clásicos y la escuela, siempre me viene a la mente la imagen de la falange espartana enrocada en las Termópilas.
    Por eso, siempre: ¡Oh extranjero!, ve a anunciar a los espartanos que aquí yacemos obedeciendo sus órdenes.
    El que quiera poner su escudo junto a mi escudo y usar su lanza de fresno, será muy bien recibido y, si está a mi izquierda, lo cubriré con mi escudo, y, si está a la derecha, me cubriré confiado con el suyo.
    Si prefieren un símil más democrático, más ateniense, apliquen lo mismo pero cambien el escudo y lanza por el remo y el espolón de las trirremes en Salamina. Lo que no cambia es el enemigo, el bárbaro persa que nos quiere esclavizar y apagar la luz del pensamiento crítico y libre.

  3. Sobre la y griega:
    Rodríguez Adrados, a quien respeto infinitamente y debo mucho, despotrica contra los planes de estudio con el pretexto de la reciente (y ridícula) propuesta de reforma de la ortografía. El asunto es serio y merecería lugar en otro debate. Sí es cierto que se podría relacionar, como parte de la misma “corriente de pensamiento” (por llamarla de alguna manera), dicha reforma con el arrinconamiento de las Humanidades en la enseñanza: es verosímil, al menos, que cualquier reforma peregrina de la ortografía (o de la gramática, y toco madera) responda a la actitud del que cree que las cosas mejoran simplemente cambiándoles el nombre. En la línea de los “proyectos curriculares”, los “residuos sólidos urbanos”, las “personas de crecimiento restringido” o las que sufren “daños colaterales”.
    No estoy de acuerdo en que a la “y griega” se la llame “ye”, por múltiples razones, pero sí lo estaría en que la “ch” y la “ll” dejen de ser letras: nos han amargado la infancia con un orden alfabético absurdo. Ahora bien, eso no justifica “otra” reforma, en este caso de la ortografía, como no lo justificaría en el caso de las normas que regulan el tráfico de vehículos, o el comercio minorista de hortalizas, si las propuestas fueran tan peregrinas e innecesarias.
    Un cordial saludo.

  4. Buenos días. Me han pasado la referencia de una web entre crítica y directamente cáustica respecto a la Academia. No tengo el enlace a mano, dejo simplemente el nombre: Addenda et Corrigenda. La menciono porque es interesante, no porque yo esté de acuerdo con todo lo que ahí se dice. Ni mucho menos.

    Saludos.

  5. Que sí, que fue Aznar, fijo. ¿No veis que hablaba catalán en la intimidad? Pues claro, lío lingüístico al canto…

    Chapó esta entrada, wey.

  6. Ni a favor ni en contra, sino en todo caso espectador divertido: cuando el idioma se moderniza, la Academia se resiste; cuando es al revés, nos sorprende.

    Y da lo mismo quién gobierne: se nos distrae con chorradas. Más vale eso que una patada en los c…

    Cordialmente

  7. Veo que ya estamos inmersos en plena reforma ortográfica y predicando con el ejemplo, “piolin”: al carajo las tildes. Puedes encontrarte con una legión de seguidores como no la tuvo Espartaco, esclavos alzados en contra de la tiranía de Roma, sive la Ortografía. 😉
    Y creo que te equivocas. Seguro que no se trata de una maniobra del gobierno: la culpa de todo la tiene Aznar. Fijo.
    Un abrazo.

  8. Si es que dentro de poco nos quitan la eñe y pasaremos a ser “espanoles” o “espagnoles”, depende de lo que les pique a ellos… Ains… ¡Qué crú!

  9. Desde mi punto de vista, los cambios ortográficos son maniobras gubernativas para distraernos de la crisis.

    Lo mismo que la adopción del orden alfabético de los apellidos en caso de desacuerdo entre los progenitores (para serlo, efectivamente, basta con el acuerdo en una sola cosa, y solamente durante un ratito; no se requiere, ni se garantiza, ningún otro acuerdo).

    Ambos temas reúnen las condiciones idóneas: requieren un cierto esfuerzo de comprensión (el suficiente para que creamos que estamos pensando en algo), y son potencialmente causantes de disputas bizantinas.

    Las consecuencias a medio plazo, sin embargo, prometen: el azar nos puede deparar, pongo por caso, una multitud de Abellán, Álvarez, Alvear, etc., que simplificarán considerablemente el proceso de pasar lista en clase; y en las (numerosas) ocasiones en que las locuciones automáticas, que proliferan, nos pidan que deletreemos cualquier cosa, nos encontraremos pronunciando “ye” con toda naturalidad, e incluso “ye, ye”.

    Por otro lado (por el lado poético), el defensor de la antigua ortografía puede darse el lujo, gracias a la nueva, de decir, con doble sentido, “Solo quedo yo”.

    Es todo por el momento. Mi opinión sobre la “che” y la “elle” me la reservo para mejor ocasión.

    Un cordial saludo.

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