Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

La escuela de la ignorancia

Vale, aquí estamos otra vez.

No voy a comentar lo bien que se supone que me lo he pasado durante las vacaciones,  ni a presumir de los sitios maravillosos a los que afirmo haber viajado, o a sacar pecho con el sinnúmero de actividades frenéticas y ultradivertidas que os tenéis que creer que han ocupado hasta el último de los minutos de cada uno de los días de estos dos últimos meses. Ya no tengo edad para andar mintiendo. Y además, ¿a quién coj**** le importa? En fin, a lo que íbamos: que volvemos al tajo. Maldito sea el Cuponazo, que siempre toca… a otros.

Este fin de semana me he tropezado con un librito titulado La escuela de la ignorancia y sus condiciones modernas. Su autor es el francés Jean-Claude Michéa, profesor de Filosofía en Montpellier. Un tipo con fama de «incorruptible» (signifique eso lo que sea que signifique), al que igual definen como «anarquista conservador» que tildan de «filósofo futbolero». Será porque el hombre se dio a conocer en 1998 con Les intellectuels, le peuple et le ballon rond, una reivindicación del fútbol y un ataque a los intelectuales que lo desprecian.

Monsieur Michéa

La que nos ocupa es la reedición de un librito de apenas ciento diez páginas -un panfleto, dicho sea sin ánimo de faltar, según la reseña de Fernando Savater– que en Francia se publicó originariamente en 1999 y aquí, tres años después, en 2002. Desde hace unos meses vuelve a estar disponible (editado por Acuarela Libros, Madrid, 2009).

Una de las cosas que con más frecuencia solemos hacer los profesores en cuanto nos juntamos más de dos es charlar acerca de la deriva que han ido tomando los asuntos de la educación desde que Nuestra Santa Madre LOGSE puso pie en nuestras vidas, un 3 de octubre de hace ya veinte años (pregunto: ¿habrá actos oficiales de celebración y fastos variados? Huuummmm. Permitidme dudarlo). Lo más grave es que el tono que suele predominar en dichas conversaciones oscila entre lo sombrío y lo esperpéntico, siguiendo un camino trufado de desolación y perplejidad (pues sí: aunque os parezca mentira, a la mayoría de nosotros nos gusta nuestra profesión y nos preocupan las condiciones en que tenemos que desarrollarla; no nos resulta fácil enseñar y eso nos desespera). Solemos achacar la situación a la incompetencia de aquellos que, refugiados en la comodidad de sus despachos y sus coches oficiales, sin haber pisado nunca un aula ni haberse manchado los dedos, o la ropa, de tiza, tomaron una serie de decisiones de cuyas trascendencia e importancia para la vida de varias generaciones y el futuro del país parecían no tener ni idea. Señores que se dedicaron a diseñar políticas de laboratorio que rara vez tuvieron en cuenta lo que de verdad ocurre en los centros de enseñanza. «Son unos inútiles», «¿A quién se le habrá ocurrido algo así?» o «Estos tíos no tienen ni pu** idea de lo que es dar clases» son las interpretaciones que la mayoría de nosotros aduce para intentar explicar lo inexplicable.

Bien. Yo no.

O por mejor decir: antes, yo también intentaba razonar estas cosas en términos de incompetencia. Ya no. Desde hace años, sólo se me ocurre pensar que todo obedece a un plan perfectamente diseñado. Llega un momento en que no se puede ser tan inútil. Es imposible hacerlo todo mal, siempre. Como dice el viejo proverbio: hasta un reloj parado señala bien la hora dos veces al día. Por tanto, sólo me queda una explicación: los que gobiernan, lejos de ser los inútiles que muchos proclaman, son unos genios. Lo juro, tienen que ser unos genios con una meta muy clara que han trazado sabiamente el camino para alcanzarla. Un camino sin vuelta atrás. Buenos compañeros y amigos ante los que a veces he manifestado esta opinión no dejan de mostrarse asombrados, y más de una vez han intentado convencerme de que me equivoco, de que no es posible tal grado de maquiavelismo, de maldad.

Puede ser, pero quien me conoce sabe que no soy un paranoico, ni participo de teorías conspirativas. Lo que pasa es que no encuentro otra salida racional para entender lo que está ocurriendo en la enseñanza -en la sociedad, por tanto- española de los últimos veinte años. Ahí es donde se sitúa La escuela de la ignorancia. Imaginad mi asombro al reconocerme en la posibilidad que plantea el autor: a ver si va a resultar que el escandaloso fracaso escolar que nos azota es, en realidad, el objetivo oculto de las sucesivas reformas educativas. Leo las palabras del editor:

Esa es la inquietante hipótesis que desarrolla Jean-Claude Michéa en este libelo: solo la escuela de la ignorancia, que pretende plegar la vida y la inteligencia de las personas a las prácticas dominantes del consumo y el entretenimiento, está a la altura de un mundo donde la mayor parte de la humanidad se ha vuelto perfectamente desechable.

En 1995, bajo los auspicios de la Fundación Gorbachov, se reunieron en San Francisco quinientas de las personas más influyentes del mundo en política, economía y ciencia para hablar de los destinos de la humanidad en los tiempos venideros. Pone los vellos de punta la absoluta frialdad con que proclaman que

«en el próximo siglo, dos décimas partes de la población activa serían suficientes para mantener la actividad de la economía mundial.» (pág. 41)

La cuestión es muy fácil: ¿qué hacer con el ochenta por ciento sobrante de la humanidad? Después de apuntar someramente las condiciones -y, fundamental en todo esto, los agentes- que han favorecido la instauración de un sistema de mercado globalizado, Michéa se centra en el papel que en dicho sistema ha de representar lo que denomina «Escuela del capitalismo total» (pág. 39; por cierto, todas las cursivas en las citas son del propio texto). Tres serán los grupos a los que dicha escuela atenderá (es decir, atiende), a saber:

«un sector de excelencia, destinado a formar a las distintas élites científicas, técnicas y de gestión al más alto nivel […] con condiciones de acceso muy selectivas, tendrán que seguir transmitiendo de forma rigurosa (es decir, en lo esencial, seguirán probablemente el modelo de la escuela tradicional), no sólo los saberes sofisticados y creativos, sino también […] el mínimo de cultura y espíritu crítico sin el que la adquisición y el dominio efectivo de dichos saberes carece de sentido y, ante todo, de cualquier utilidad verdadera.» (págs. 42-43)

Un segundo grupo, más numeroso, será el de aquellos que detenten competencias técnicas medias, es decir, un conjunto de «saberes desechables, tan desechables como los humanos que los detentan provisionalmente» (pág. 44), basados en la rutina y en un contexto tecnológico siempre por delante del trabajador. Eso sí, siempre tendrá ante sus narices el señuelo del autoaprendizaje en casa mediante el correspondiente programa informático, lo cual representa una doble ventaja:

Por un lado, las grandes compañías (Olivetti, Philips, Siemens, Ericsson, etc.) estarán destinadas a “vender sus productos en el mercado de la formación continua gobernado por las leyes de la oferta y la demanda.” Por otro, decenas de miles de profesores (es sabido que su financiación representa la parte fundamental de los gastos del presupuesto de educación) se transformarán en algo completamente inútil y podrán, así, ser despedidos, lo que permitirá a los Estados invertir la masa salarial ahorrada en operaciones más rentables para las grandes compañías internacionales. (pág. 45)

Queda el grupo más numeroso, los del ochenta por ciento, aquellos a

los que el sistema destina a seguir desempleados (o empleados de forma precaria y flexible, por ejemplo en los distintos trabajos basura), en parte porque, según los términos escogidos por la OCDE, “nunca constituirán un mercado rentable” y porque su “exclusión social se agudizará a medida que los otros sigan progresando.” […] es obvio que la costosa transmisión de los saberes reales  y, por tanto, críticos, así como el aprendizaje de los comportamientos cívicos elementales o incluso, sencillamente, el fomento de la rectitud y la honestidad, no presentan aquí ningún interés para el sistema. (págs. 45-46)

O sea, que el majara no soy yo. O, al menos, no soy el único majara.

A partir de aquí la lectura se convierte en vertiginosa, sobre todo al comprobar lo claras que parecen tener las cosas y lo bien que lo han dispuesto todo para que sus designios se cumplan: banalización de los contenidos de la enseñanza, irrupción de la parafernalia infomediática, depreciación de la figura del profesor, conversión del estudiante en otra forma más de consumidor, organización de los centros en torno a las hordas psicopedagógicas…

La escuela de la ignorancia requerirá reeducar a los profesores, es decir, obligarlos a “trabajar de forma distinta“, bajo el despotismo ilustrado de un ejército potente y bien organizado de expertos en “ciencias de la educación”. (pág. 46)

En cuanto al alumno, y en palabras de Guy Debord que cita Michéa,

se encontrará “desde el principio, al servicio del orden establecido […] En esencia, conocerá el lenguaje del espectáculo, ya que es el único que le será familiar: el lenguaje con el que le habrán enseñado a hablar.” (pág. 47)

Será convertido en un «consumidor incívico y, si es necesario, violento» (pág. 47), para lo cual bastará con

prohibir toda institución cívica eficaz y reemplazarla por cualquier forma de educación ciudadana, popurrí conceptual más fácil de difundir porque, en resumidas cuentas, no hace sino reforzar el discurso dominante de los medios y del mundo del espectáculo. Así pues, se podrán fabricar consumidores de derecho en serie, intolerantes, pleitistas y políticamente correctos. Por tanto, serán fácilmente manipulables (págs. 47-48)

Cuando Jean-Claude Michéa escribe esto, hace más de diez años, lo hace pensando en el ámbito educativo francés y con la perspectiva de quien conoce el fracaso -o el éxito, según se mire- de estas reformas y modernizaciones de la enseñanza en Estados Unidos:

Dada su condición de escenario clásico del capitalismo, Estados Unidos había experimentado la mayoría de estas reformas mucho antes que los países europeos. Esto explica el lamentable estado en que se encuentra la escuela pública de ese país. Y esto confirma también que fue con conocimiento de causa como se introdujeron en Francia estos métodos pedagógicos que habían llevado a la escuela norteamericana, como todos sabían, al borde del derrumbe (pág. 49, n. 43)

Lo sabían en Francia. Lo más grave es que en España también lo sabían quienes se empeñaron  a finales de los ochenta y principios de los noventa («con conocimiento de causa», «como todos sabían») en implantar la reforma educativa que desembocó en la LOGSE y todas sus derivaciones legislativas posteriores, acallando las voces -pocas, es verdad- que, viendo pelar las barbas del vecino, pedían poner en remojo las propias. Voces que inmediatamente fueron tachadas de retrógradas, de reaccionarias o, directamente, de fascistas, y acalladas.

Ahora resulta que sí, que Laocoonte llevaba razón y el caballo tenía trampa. Todo son lamentaciones por el nivel de lectura, escritura y comprensión de los estudiantes, por su falta de habilidades matemáticas y científicas, por su escaso conocimiento del pasado histórico y del presente contemporáneo fuera de las meras destrezas mecánico-repetitivas relacionadas con la tecnología y la comunicación. También produce pasmo el grado de violencia en que se desenvuelve la vida cotidiana de los jóvenes, y su banalización absoluta. Pero eso sí, a cada cambio de gobierno, una nueva ley educativa, que será inmediatamente derogada en cuanto se vuelvan las tornas. Y periódicamente vuelta a los debates en televisión de los «especialistas», y vuelta a las acusaciones, y vuelta a los remedios pueriles de los psicopedagogos, y vuelta a rasgarse las vestiduras.

Son, en cualquier caso, lágrimas de cocodrilo. Estos problemas, a Ellos, no les afectan: sus Hijos no estudian en la escuela pública, la moderna y reformada. Ni uno solo de ellos. Están destinados a formar parte del primer grupo. Los del ochenta por ciento somos el resto. Tú y yo.

Bienvenidos (de nuevo) a Hawaii.

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19 pensamientos en “La escuela de la ignorancia

  1. Cuando mi querido piolin14 (que siempre me ha caído bien, a pesar de que siempre he deseado que al canario cabezón le arrancara la cabeza de un mordisco de una vez el amigo Silvestre) ha mencionado la palabra “griegos”, he sentido cómo se desplegaban mis pabellones auditivos en toda su extensión, que es mucha, por cierto.
    Los griegos, creo, no gustaban tanto de discutir por discutir como de competir. Tal vez si los mentecatos aviesos que perpetran las leyes de educación se fijaran en sus “competencias”… pero no, eso es pedir que se quiera hacer bien las cosas, siguiendo la idea de Michéa. Los griegos, decía, competían en todo y por todo: a mamporros en la guerra, a mamporros en los juegos atléticos (y en las demás pruebas, claro), a mamporros en la asamblea y el consejo, a mamporros por los jovencitos y jovencitas… y también en demostrar quién hablaba mejor y persuadía mejor (el poder “mágico” de la palabra) en donde fuera (asamblea, consejo, tribunales, ágora, sala de banquetes, en la clase del rétor… menos ante sus esposas, seres irracionales según sus quejas, por lo que no podían usar argumentos lógicos en sus “combates” sino de otro tipo, perdiendo casi siempre, me temo).
    Coincido con piolin14 en que es muy agradable la búsqueda (y hallazgo, claro) de cuestiones comunes, para lo bueno y malo, aunque para mí muchas veces es más placentero aún el proceso de búsqueda que el propio hallazgo.
    Por mi parte, tiendo inconscientemente a la búsqueda de las causas y razones de las circunstancias sometidas a análisis, para luego, tras el proceso de síntesis, llegar a unas conclusiones que puedan parecer más o menos válidas. Todo esto parece fruto de una mente lógica, aunque los que me conocéis sabéis que puedo ser muy visceral, al menos en el primer asalto. Luego ya empiezo a medir la distancia propicia para un tocado a fondo tras fintar al flanco.
    Como ves, no eres el único en desvariar, empezando por los griegos para acabar hablando de esgrima.
    Y sí, somos muchos los que entramos a algunas aulas pensando en el mejor modo de resistir hoy, pero intentando hacerlo con cierta dignidad sin dejarte tampoco el alma, porque es una carrera de fondo. ¿Se puede hacer algo además de quejarse de lo mal que está todo? Claro. Lo malo es que hay que ponerse de acuerdo, y eso es cada vez más difícil porque los canallas mandamases han aplicado muy bien el principio de divide y vencerás (¿habrán leído a Julio César? Naaaa…). Pero en el fondo de la tinaja de Pandora todavía se esconde la esperanza. La primera oportunidad la tenemos en las inminentes elecciones sindicales. Si otra vez votamos cuatro gatos y a los mismos traidores de siempre, tendremos lo que nos merecemos. Mientras tanto, siempre nos quedará la resistencia pasiva a lo Gandhi: NO, SI NO ES OBLIGATORIO.

  2. piolincatorce en dijo:

    Paradójicamente, es decir, a pesar de los griegos, no me gusta especialmente discutir por discutir. Lo mío es más bien la búsqueda, si no de la verdad (AMICUS PLATO, etc), al menos sí de un cierto entendimiento. La coincidencia en algo de lo que nos gusta, y en casi todo lo que nos desagrada (y quizá también en las razones) me basta (ya es mucho).

    Los matices (filias, fobias…) dependen casi todos de la biografía. Los desvaríos (empezar un comentario sobre la LOGSE y terminar con las patéticas adhesiones comerciales al Generalísimo en la Guadalajara de 1939, por ejemplo) corren por mi cuenta: no reniego de ellos (VERBA VOLANT, SCRIPTA MANENT) como una sub-forma de expresión (astracanada, esperpento…).

    Un cordial saludo.

  3. Eres un exagerado, piolincatorce: lo nuestro es un estar de acuerdo generalizado más que una disidencia perpetua. No logro recordar cuántas veces habremos manifestado opiniones divergentes, pero sí que solemos terminar coincidiendo en lo esencial y que, como bien recuerdas, nos reímos de todo ello.
    Por lo demás, estupenda rentrée. Veo que no has perdido punch, ni yo dureza de mandíbula. Un abrazo.

  4. piolincatorce en dijo:

    Quizá podamos coincidir en esto, al menos en parte, y por una vez: cuando yo estudiaba el extinto B.U.P, sólo respetaba (y admiraba, según los casos) a algunos profes, no necesariamente los más jóvenes. No me hacía ilusiones con respecto a los demás (unos cuantos, visiblemente desequilibrados). Ni respecto a mis compañeros (en ocasiones, portadores de porras y cadenas; gente simpática y bien peinada, por lo demás). No veo por qué ahora tendría que hacerme más ilusiones que entonces. Tampoco entonces me disgustaba aprender, como ahora no me disgusta enseñar (o intentarlo, y seguir aprendiendo).

    Esto por lo que respecta a las quejas y los microcosmos. Ahora veamos si podemos coincidir en algo más, en la sección “aficiones, curiosidades y memoria histórica”:

    No está mal Belle & Sebastian, especialmente “White collar boy”. Hay lo que en tiempos se llamaba “crítica social”, y un aire de banda de los 70 muy agradable al oído.

    Sin desmerecer: los que quieran un fondo musical más acorde con la circunstancia histórico-geográfica (comparto lo que estoy escuchando mientras escribo, simplemente), pueden pinchar este enlcace:

    http://www.ganaderoslidia.com/webroot/myjukebox.html

    Se recomienda especialmente “Manolete”, de Ramos y Orozco, estrenado el 19 de Marzo de 1939 en la plaza de toros de Córdoba.

    Aprovechando lo señalado de la fecha (yo mismo me pongo el “sic.”), incluyo el texto de algunos anuncios curiosos de la época (http://antoniocdelaserna.wordpress.com/category/historia/guadalajara/):

    “BOROBIA NO HA MUERTO; VIVE. Por esta razón, encontraréis los calzados elegantes que siempre teníais en Miguel Fluiters, 23, Guadalajara.”

    “HOTEL ESPAÑA (antes Palace Hotel) saluda en este gran Día de la Victoria a toda su distinguida clientela”.

    “BAZAR PARISIEN Saluda afectuosamente a su distinguida clientela y hace votos por la prosperidad de la nueva España. ¡Viva Franco! ¡Arriba España! Miguel Fluiters, 15- Guadalajara”.

    Ahora, por lo menos, podemos reírnos. Entonces, no.

    Como siempre, un cordial saludo.

  5. Club 8 que 80 en dijo:

    He seguido durante estos días las noticias sobre Ellis, pero no he leído nada de él, entono el mea culpa. Subsanaré el vacío en cuanto me sea posible.
    Lo que sí he hecho desde el verano hasta ahora es zamparme todo Bolaño (entre otras cosas, también Céline, Saki, Kundera y otros), en algunos casos releyendo sus cuentos, en otros directamente abordando sus novelas. A día de hoy, casi lo he finiquitado, con la excepción de alguna novelita menor que no encuentro en ningún lado y 2666, para la que necesito tiempo y relax; prefiero unas vacaciones con la mente despejada, pero tengo tal mono que como la coja por banda…

    Seguiremos visitándote y atendiendo.

  6. Sigo subscribiendo letra por letra. Chapeau!!
    En cuanto al libro de Eels, sí me lo recomendaste y lo compré, pero aún no he podido ni terminar el prólogo de Fresán. Pero promete, ciertamente promete. Lo celebraremos con un (espero) buen post.
    Por cierto, el próximo (mañana quizás, no más tarde de este fin de semana) va a versar sobre Brett Easton Ellis, que ha vuelto a hacerlo. Seguiremos informando.

  7. Me alegro, me alegro de haber acertado y de que te haya gustado. Veo que ambos nos sentimos extraños en el entorno o con según qué gentes. Hay excepciones, claro está. Y menos mal. Muchas de esas salvedades son también profes, pero amigos de amigos, ¡rara vez coinciden en mi centro! Y cuando sucede, ahhh, qué gustazo, qué oasis en el desierto… conversaciones medianemente decentes, desayunos provechosos, en ese erial…
    También se da otro caso: tengo buenos amigos compañeros con los que no coincido en nada, nuestros gustos no se parecen y sin embargo se ha forjado y mantenido una amistad. A veces me pregunto cómo, a veces dudo, pero supongo que nos unen otras cosas. Sólo lo supongo, mis certidumbres en eso son escasas. Y… qué diantre, tampoco tenemos que juntarnos apenas con nuestros semejantes ni ser todos iguales (menos mal).
    Y ya por último: no deja de sorprender que ni siquiera en materias afines (la nuestra o música, ya que has mencionado literatura y discos) encuentres donde rascar, es muy triste. Imagino que tiene que ver con lo que yo llamo los microcosmos: lo que te encuentras en la sociedad te lo encuentras en cualquier gremio. Es decir, nuestros colegas no son más que el espejo de lo que hay ahí afuera.

    Un abrazo.

    P.D.: Dado que te llamé “Mr. E” en mi primer comentario, te diré que leí las navidades pasadas el libro de ese señor, fundador de Eels, llamado “Cosas que los nietos deberían saber”. Desconozco si ya te lo comenté, tampoco lo recuerdo, así que te lo recomiendo con fervor.

  8. Ahí le has dado: no hay nada peor que un desayuno o almuerzo con según qué gente, sobre todo si los lazos de la amistad no lo hacen más llevadero. Es cierto: el gremio es un coñazo. Pero de siempre, no de ahora. Cuando yo empecé (no voy a decir en qué año, pero hace mucho), las únicas personas con las que podía hablar de literatura (no de Antonio Gala o Paulo Coelho; insisto: de literatura) o de música eran… mis alumnos. En mi claustro no había nadie que supieran quiénes eran… Pon cualquier nombre que se te ocurra. Eran los primeros noventa: grunge, indie… No way, man. Ni flowers. Entonces tenía un pase, porque tenía veintipocos años, pero ahora sigue igual (¿podré comentar mañana con alguien que el mes que viene sale lo nuevo de Belle & Sebastian? I don’t think so), pero con el agravante de que soy más que cuarentón y que la brecha que antes me separaba de mis compañeros también me separa ahora de mis alumnos. Un asco.
    Lo dicho: el gremio da pena.
    Un abrazo.

  9. Che, qué bueno que viniste tú también, qué bueno que regresaste…

    Veamos, es un debate demasiado sesudo, imposible que lo tengamos (sólo) por aquí. Te comprendo, Eduardo, y comparto todo lo que dices; por eso me alegro que tomes mis palabras sólo en parte. Ni yo estoy muy seguro al cien por cien de mis afirmaciones. Quizá me pongo demasiado tajante. Yo mismo también me tolero lo justo y me tomo mis propias opiniones “con matices”.

    Sé de primera mano cómo ha cambiado el sistema en sólo diez o quince años, también tú lo sabes bien, ¡pero es que la sociedad ha cambiado mucho! Y con esto no le quito un ápice de culpa a políticos y legisladores. Ha sido nefasto. En mi 1º de BUP muchos se marchaban, ahora eso no es posible. Estoy de acuerdo con la ampliación del derecho de acceso a la educación propugnada en la LOGSE, no con su puesta en marcha ni su financiación; tampoco con los diseños de contenidos, etcétera, etcétera.

    Ahora bien, a lo que me refiero con llorones es a esos nostálgicos que no aceptan día tras día que las cosas han cambiado. Yo también me quejo, también lloro, también me cuesta horrores trabajar en ciertas condiciones y me resigno a “entrar a resistir”, aunque sé que nuestro trabajo debería ser otro; por ello hay que luchar, hay que protestar y que hay que plantarse, pero en la “actitud diaria” tenemos dos opciones: seguir lamentándonos cual carcamales (el tremendismo) o coger el toro por los cuernos y hacer algo de una puñetera vez. Que sí, que es difícil, que no tenemos apoyos, bla bla bla, pero cuando hablo de los quejicas me refiero a los que son incapaces de hacer su trabajo y protestan sin más, y ponen partes sin más. Y que conste que los entiendo, los entiendo, yo también salgo con la cabeza echando humo…

    Convendrás conmigo en que muchas de las comidas con colegas de profesión son absolutamente insufribles, insoportables; sobre todo, las obligadas, no con amigos…

    En fin, es que últimamente no aguanto al gremio…

    Siento haberte dado el coñazo. Un abrazo.

  10. Una de las ventajas de ser un géminis prototípico como yo es la de ser capaz de adaptarse a (casi) cualquier circunstancia; también, la de ponerse en la piel de (casi) cualquiera. Entiendo perfectamente lo que decía tu compañero de «entrar a resistir», porque, como tantísimos de nosotros, lo he hecho, lo hago a diario. Pero el caso es que nuestro trabajo no debería consistir en eso. No solo. No siempre. Por ello también comprendo perfectamente a los «llorones» (créeme, yo soy uno de ellos en muchas ocasiones), pero solo a los que conocieron otro sistema (como alumno, como profesor o como ambos, mi caso), solo a los que pueden comparar y en la comparación no les salen las cuentas.
    Comparto lo que dices sobre el profesorado, pero no siempre. Admito y valoro tus apreciaciones, pero con matices. Géminis que es uno.
    Por cierto, y como decían en aquellos dibujitos: «¡Qué bueno que viniste!» Un abrazo.

  11. Club 8 que 80 en dijo:

    Por descontado, amigo, cuando te digo “entiéndeme bien”, me refiero a que no eres tú de esos que se quejan; es más, la tesis de que todo es un plan perfectamente diseñado me parece audaz y acertada: este desastre debe de ser eso, no hay otra explicación.

    Ea.

  12. Club 8 que 80 en dijo:

    Mr. E., déjeme decirle que su entrada -absolutamente maravillosa y lúcida- no puede analizarse ni comentarse en unas líneas, pero no me queda más remedio. Sólo diré un par de cosas:

    Una, le recomiendo el libro Mal de escuela, de Daniel Pennac, aunque es posible que ya lo haya leído. Si ya lo ha mencionado en este blog, le pido disculpas.

    Dos, yo, que estudié en el BUP y el COU, empecé dando clases con la ESO sin tener ni p*** idea de nada, como usted dice, ni de la ley ni del sistema ni de nada, pero estuve harto y estoy harto desde el minuto uno -hace ya siete u ocho años, poco, sí- del tremendismo, el lloriqueo y el pesimismo desesperante en “el mundo de la educación”, así como del poco apoyo social y político, y del escaso o nulo interés del profesorado por arreglar nada, actualizarse o adaptarse.

    Que sí, que hay que ver lo que han hecho, que cómo están los niños, que cómo están los padres y lo mal que va todo, de acuerdo, pero…

    ¿Me explico? Entiéndame bien, léame bien. Mi primer libro se llamará “Entrar a resistir – El tremendismo en educación”. Eso es lo que me dijo un compañero muy querido en una ocasión con respecto a una clase bastante cañera: que él entraba allí a resistir.

    Algún día lo escribiré, lo sé.

    Un abrazo, amigo.

    PD.: Por mí, que le den morcilla a los llorones. Qué cansinos.

  13. Querido Deríades:
    No se me olvide usted de que el libro está escrito por un autor francés, ni de que el análisis que hace remite, en primer lugar, a la situación del sistema educativo francés, aunque inmediatamente lo extiende al resto de países europeos.
    Es decir, que en todas partes cuecen habas, por más que los profesores españoles tengamos una extraña tendencia a mitificar las bondades del sistema francés.
    Lo verdaderamente inquietante, en mi humilde opinión, es que, en España, todo esto se sabía de sobras, porque los que ahora se llaman «países de nuestro entorno» llevaban una década -como mínimo- constatando el fracaso de un modelo que ya había provocado una debacle en los Estados Unidos. Eso es lo grave. Eso, y el empecinamiento posterior, claro está, el sostenella y no enmendalla.

  14. Inquietante. Si todo esto fuera así, la situación actual no sólo estaría causada por nuestra canalla y maquiavélica clase dirigente (ejemplos abundantes ha habido a lo largo de nuestra historia), sino también por la colaboración de una gran cantidad de imbéciles (en sentido etimológico, es decir, débiles mentales cuyo cerebro necesita un bastón para apoyarse) e ilusos (salvadores iluminados de la patria, de los que también tenemos una buena cantidad desde tiempos inmemoriales), e incluso (añado yo) por la pasividad de una sociedad como la española que lleva despreciando la cultura y el conocimiento prácticamente desde que cayeron los romanos.

    A veces pienso que lo mejor que le ha pasado a la península Ibérica es la conquista romana y lo peor los germanos que nos tocaron, la Reconquista y, sobre todo, la Contrarreforma. Todas estas desgracias nos ha convertido en un pueblo de ignorantes que no sabe lo que le conviene.

  15. En mi tierra paseamos de vez en cuando a Bill Gates (de nuevo sin ironía), y casi todo el mundo, responsables políticos a la cabeza, se ponen huecos como gallinas cluecas… Sin darse cuenta de que Gates viene a ver cómo va el sembrao. Mi región ha apostado (ahora se dice así) muy fuerte, pero muy fuerte, por lo digital, los pizarrines electrónicos, los tabletoides y tal. Pero muy fuerte. Por supuesto, los equipa Microsoft. Así que uno, que tiende a descreer, se pone en el pellejo de Gates, a quien un día le dicen: “Oiga, jefe, que hay una región semidesértica en Hispaña que nos está comprando de todo y a porrillo, y creo que es por enmpeño de su governor”. Y claro, al jefe le pica la curiosidad y decide darse una vuelta por ahí… Más o menos como si, de repente, el régulo de una apartada zona de Turquestán, absolutamente desconocida para nosotros, decidiera equipar todas las casas con ollas Magefesa (suponiendo que Magefesa sea marca española, que creo que sí). ¿No le apetecería al Sr. Magefésez ir a echar un vistazo por allá? Lógico, ¿no? “A ver cómo es esta gente, qué pinta tienen”.

    Pues no veáis cómo se venden por aquí tales advenimientos… La última vez, un chico de primaria, de unos diez años, y habitante de recóndito pueblo de no menos recóndita provincia (que, no obstante, existe), con pasmosa resolución, le explicó a William Gates cómo funcionaba el tablet. Ante la mirada entre divertida y perpleja del magnatísimo, la sonrisa complacida de la maestra y la directamente almibarada de la responsable política… Primera página en los periódicos regionales y noticia destacada en los nacionales.

    Y uno, que sin duda lleva el Mal metido dentro, no pudo evitar pensar en el obrero del XIX que, con cierto aire de superioridad, le enseña cómo funciona el nuevo telar al amo de la fábrica… Rey por un instante, antes de volver al tajo.

    Pero ya digo: deben ser cosas de la malignidad que me corroe por dentro.

    Pues eso: Dios nos ampare.

  16. Ángel, Oesido:
    Me alegra estar de vuelta por lo que supone de reencuentro con los buenos amigos. A ver qué nos trae este nuevo curso. Mis mejores deseos para los dos.
    Subscribo plenamente vuestras apreciaciones y comentarios: esto es producto del empeño de unos cuantos tíos muy inteligentes (sin ironía, como Ángel) y la inestimable ayuda de una masa de cretinos y un buen puñado de ilusos.
    El caso de tu hija me parece sangrante, pero no me resulta extraño. En estas tierras mías lo peregrino adquiere rango de habitual y, por desgracia, conozco un buen puñado de historias semejantes. Algún día contaré el caso de un compañero que casi tuvo que atarse a una columna para que lo dejaran irse dos años a una de las universidades más prestigiosas del mundo, desde donde el mayor especialista mundial en cierta disciplina física lo reclamaba por su valía, y donde iba a trabajar codo con codo con dos candidatos al Nobel de Física. Casi tuvo que acudir al Defensor del Pueblo. Supongo que pensarían que un tío tan preparado igual resultaba hasta peligroso.
    Hace dos días, el Presidente de la Junta de Andalucía, ante el Parlamento regional, hablando de la educación, proclamó que, en ciertas materias, era mejor vover a lo tradicional (¡¡¡¡¡¡¡¿¿¿¿????!!!!!!!), y puso como ejemplo la importancia de la lectura, en un mundo en el que lo visual tiene tanto peso… justo a los pocos días de que las delegaciones de Educación comunicaran a los directores (no a los responsables del tema, como yo) que se anulaba por decreto la participación de los centros en el Plan de Lectura y Biblioteca y que se acababa el dar horas a los responsables de bibliotecas para realizar las tareas oportunas y, por supuesto, ni un céntimo de euro para nada ni para nadie. Esa debe ser su forma de volver a lo tradicional y de fomentar la lectura entre la analfa-chiquillería. En fin…
    Bienvenidos de nuevo y que dios nos coja confesados.

  17. Perdón, que mi santa ira, me hace olvidar la debida cortesía. Bienvenido y feliz regreso al mundo cibernético.

  18. INTERESANTISIMO POST!!! y coincido plenamente con el fondo del mismo: el sistema persigue una sociedad de burros iletrados. Pero detrás de este objetivo está el poder económico?, la bestia capitalista? o es más bien el resultado de una sociedad mediocre, una clase política alicorta, descerebrada que persigue un “pueblo” dúctil, maleable, poco crítico, fácilmente manipulable. Desde la derecha y la izquierda, se va destrozando el poder civil, desmontando los elementos de control del sistema, fundamentalmente la educación y la justicia y emerge una nueva “clase social” la de los políticos del signo que sea que por riguroso turno se reparten el festín. Soy un absoluto y total defensor de la justicia y la educación para todos, de la igualdad de oportunidades, pero ay! el tiempo me ha hecho ver la simpleza de mis ideas. Cuando mi hija mayor acabó el bachillerato y decidió estudiar Arquitectura, no dudé en buscar la mejor universidad de España. ¿Qué cual es? la Universidad Politécnica de Madrid me dijeron. Allí que se va desde provincias. Sacó la pertinente media (8 y pico que ya no me acuerdo). Estudió cinco años de sol a sol, sin suspender nunca un examen y de esta manera acabó sus estudios el año pasado quedándole por hacer el proyecto de fin de carrera. Pero hete aquí que no hay bastantes profesores en la universidad pública para preparar proyectos y no encuentra quien le dirija. No me lo puedo creer. Ahora recuerdo que ya me lo avisaron en las universidades privadas. Y efectivamente, si estuviera en el CEU, con pagar al mes sus buenas pesetas, perdón Euros, dispondría de un profesor y acabaría rápidamente. A ver ahora lo que tarda. Increíble país, que así trata a sus más esforzados ciudadanos. No pasa nada, la niña es joven y no tiene prisa. Si no quise que antes mi hija fuera a una Universidad privada (por principios no por falta de medios) no voy a ceder ahora. Eso sí, ya ha dicho la niña que cuando acabe espera irse a vivir y trabajar al extranjero. Bendito país.

  19. Hola, qué tal. Un placer reencontrarte por aquí. Una compañera puso sobre el tapete este libro a principios del verano, y subrayaba casi casi los mismos pasajes que has seleccionado tú. Tenemos próximo un seminario (o sea: una charlilla, que ahora lo que se llama pomposamente “seminario” tiende a ser eso) sobre la comunicación, internet, la transmisión de información deformada y no sé cuántas cosas más, quizá demasiadas… Me da la impresión de que saldrá de nuevo este libro, que confieso no haber leído. Por lo cual no puedo argumentar o contraargumentar con mucha propiedad.

    Pero uno tiene la sensación de que no hay una mente única detrás de todo esto, que probablemente sea más bien producto sobrevenido, fruto de algunos listos (lo digo sin ironía: inteligentes) y la colaboración, a veces interesada y a veces, sospecho, inconsciente, de una legión de cretinos.

    Saludos muy cordiales.

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