Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

Feliz Día del Libro 2010

Para mí, las palabras de una página le dan coherencia al mundo. Cuando un día de sus cien años de soledad, una peste que causaba amnesia atacó a los habitantes de Macondo, éstos se dieron cuenta de que el conocimiento del mundo empezaba a escapárseles, por lo que podían llegar a olvidar qué era una vaca, qué era un árbol, qué era una casa. El antídoto, descubrieron, radicaba en las palabras. A fin de recordar qué significaba para ellos su mundo, escribieron letreros y los colgaron de las bestias y los objetos: «Esto es un árbol», «Esto es una casa», «Ésta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca la leche». Las palabras nos dicen qué creemos, como sociedad, que es el mundo.
«Qué creemos que es»: ahí estriba el reto. Como lectores, al emparejar palabras con experiencia y experiencia con palabras, pasamos por el tamiz de historias que resuenan en las experiencias o nos preparan para ellas, o bien nos cuentan experiencias que (como todos sabemos) nunca serán nuestras salvo en la página ardiente. Del mismo modo, la idea que tenemos de un libro se remodela con cada lectura. A lo largo de los años mi experiencia, mis gustos y mis prejuicios han cambiado: según pasan los días, mi memoria no deja de reordenar, catalogar o descartar los volúmenes de mi biblioteca; descontando unos pocos hitos constantes, mis palabras y mi mundo nunca son uno y lo mismo. El proverbio de Heráclito sobre el tiempo se aplica igualmente a mi lectura: «Uno nunca se sumerge dos veces en el mismo libro».
Lo que permanece invariable es el placer de leer, de tener un libro en las manos y experimentar de pronto esa peculiar sensación de asombro, de reconocimiento, ese escalofrío o fulgor que a veces, sin razón perceptible, provoca un encadenamiento de palabras. […]
Creo que existe una ética de la lectura, una responsabilidad en cómo leemos, un compromiso a la vez político y privado en el acto de volver las páginas y seguir las líneas. Y creo que a veces, más allá de las intenciones del autor y de las esperanzas del lector, un libro puede hacernos mejores y más sabios.

Alberto Manguel, En el bosque del espejo. Ensayos sobre las palabras y el mundo, Madrid, Alianza Editorial, 2001, págs. 15-16.

¡¡Feliz Día del Libro!!

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Un pensamiento en “Feliz Día del Libro 2010

  1. Ramón Soler Díaz en dijo:

    Desde luego que es difícil imaginarnos lo que haríamos sin las palabras. Ya se sabe, primero se hizo el Verbo y luego ya vino todo el tinglao. Un fuerte abrazo cervantino.

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