Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

Cara A: Vinilos – Cara B: Salinger

Cara A: Vinilos

El otro día dejé escrito que, por primera vez en muchos años, había vuelto a comprar un disco de vinilo. Bien, eso no es cierto, o lo es sólo a medias, porque lo que compré fue un LP. Sin embargo, pasé por alto que las pasadas navidades -no éstas, las del 2008/2009- mi auto-regalo de Reyes fue una caja de coleccionista con los primeros singles de The Smiths, mi grupo favorito. Así que en realidad no hacía tanto tiempo que había comprado música en vinilo.

Por cierto, que ya he conseguido el repuesto que necesitaba para mi tocadiscos. Puede que Internet tenga aspectos discutibles, pero lo que nadie puede negar es el inmenso abanico de posibilidades que ha puesto a nuestra disposición. Os cuento.

Lo que necesitaba era una correa de goma que forma parte del mecanismo que hace girar el plato del tocadiscos (un Pioneer). La del mío estaba completamente pasada y dada de sí, por lo que el plato no conseguía girar a la velocidad adecuada en ningún momento. ¿Resultado? Sonido distorsionado y riesgo de deterioro de los discos. Ésa fue una de las razones por las que dejé de usar el tocadiscos. Así que el otro día, después de comprar el LP de Miles Davis, me decidí por fin a buscar el repuesto, y ya que estaba en ello, pensé también en adquirir otra aguja para sustituir a la original. ¿Queréis más resultado? Imposible conseguirlos en los servicios técnicos oficiales de la ciudad. Por tanto, acudo a Internet, pero nada. Después de mucho buscar y rebuscar, doy con un sitio ubicado en Irlanda donde afirman tener la aguja al precio de… ¡¡casi 60 euros!! Una locura. Y de la correa, nada de nada.

Otro sitio prometedor, en Valencia, pero tampoco. Ya estaba a punto de darme por vencido cuando fui a parar a una web escondida entre los miles de resultados de Google, pero que es la que ha resuelto mis problemas. El nombre era ya toda una promesa: Vintage Electronics. Se trata de un pequeño negocio situado en el no menos pequeño pueblo de Florissant, estado de Colarado (USA). Sin embargo, los tipos están absolutamente especializados en aparatos electrónicos antiguos y tienen todo tipo de repuestos. El paraíso de la electrónica analógica. Y lo que es mejor: venden a todo el mundo. Así que, después de una consulta por e-mail para confirmar que tenían lo que estaba buscando, he podido adquirir un juego de dos correas y la aguja por un precio que, incluido los gastos de envío desde Estados Unidos, no llega ni a la tercera parte de lo que costaba sólo la aguja en el primer sitio, el de Irlanda. Pasmoso.

Al cabo de una semana lo tenía todo en mi casa, en perfecto estado. La web de Vintage Electronics, además, ofrece otros servicios aparte de los repuestos: consejos de uso, compra-venta de equipos estéreos, manuales del usuario… Lo dicho: el paraíso de los equipos electrónicos analógicos.

Y ahora mi tocadiscos vuelve a ser el que solía. Os parecerá una chorrada, pero me ha dado alegría saber que vuelve a estar en buen estado y que puedo volver a utilizarlo cuando me apetezca. Llevaba unos cuantos años que para lo único que servía era para criar polvo, la verdad. Y como os decía, la diferencia de sonido es brutal. Ya sólo me faltaría volver a tener el mismo tiempo de que disponía cuando era (más) joven para dedicar tardes enteras sólo a escuchar discos, mirando las portadas, leyendo las letras, poniendo una y otra vez esa canción.

Cara B: Salinger

Ya habréis oído y/o leído que ha muerto Jerome David Salinger (1919-2010), más conocido como J. D. Salinger, uno de los autores «de culto» más leídos, venerados, analizados, vilipendiados, demonizados… a pesar de que su obra se componía de escasamente cuatro libros: El guardián entre el centeno (1951), Nueve cuentos (1953), Franny y Zooey (1961) y Levantad carpinteros la viga maestra. Seymour: una introducción (1963). Sumad un puñado de relatos publicados a lo largo de los años en distintas revistas literarias y tendréis la -escasa- obra completa de un escritor sobre cuyas figura y obra se han acumulado toda suerte de leyendas, rumores y especulaciones.

Salinger alcanzó la gloria con El guardián entre el centeno, que marcó a varias generaciones de lectores y escritores, y que seguramente habrá sido la que más hayáis oído mentar a raíz de la noticia de su muerte. Son tantos los mitos que corren sobre esta obra que mejor pasarlos por alto. El que tenga interés en saber, por ejemplo, que era el libro que estuvo leyendo de manera obsesiva el asesino de John Lennon durante los días en que planeó reventarle los sesos de un disparo a uno de los grandes mitos del siglo XX, que busque la historia completa por su cuenta.

Yo voto por rendirle homenaje citando algunos pasajes de su obra. Y deseando que, por fin, descanse en paz.

De El guardián entre el centeno (Alianza Editorial, 1988):

«Me paso el día entero diciendo que estoy encantado de haberlas conocido a personas que me importan un comino. Pero supongo que si uno quiere seguir viviendo, tiene que decir tonterías de ésas.» (pág. 97)

«Antes yo era tan tonto que la consideraba inteligente porque sabía bastante de literatura y de teatro, y cuando alguien sabe de esas cosas cuesta mucho trabajo llegar a averiguar si es estúpido o no.» ( págs. 117-118 )

De Franny y Zooey (Ed. Bruguera, 1979):

«Quiero decir, ¿es preciso ser un maldito tipo bohemio o estar muerto, por el amor de Dios, para ser un verdadero poeta?» (pág. 24)

«No sé de qué sirve saber tanto y ser listos como una ardilla si no os puede hacer felices.» (pág. 120)

«A veces creo que el saber, al menos cuando es por el saber en sí, es lo peor de todo […] el saber debe conducir a la sabiduría, ¡y que de no ser así, es una repugnante pérdida de tiempo!» (pág. 148)

«No puedes volver la espalda a los resultados de tus propios deseos.» (pág. 200)

P.S.: Por cierto, he encontrado este Dossier Salinger rebuscando por ahí. Parece interesante.

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7 pensamientos en “Cara A: Vinilos – Cara B: Salinger

  1. Tienes razón, este año nuestros caminos tienden a no cruzarse con la frecuencia de antaño… Habrá que poner remedio a esto.
    Mañana tengo biblioteca hasta el recreo, a ver si pillamos un cachito y hablamos.
    Cuídate.

  2. A ver cuándo tienes un huequecito para explicarme lo que hablasteis en la reunión y demás 🙂 Hace mucho que no hablamos.

  3. Ésta es una respuesta conjunta para Alejandro, anacharsis, Nuria, musikboy y Aioria no leo:
    Siento no haberos contestado individualmente y en su momento, pero llevo una semana “mu malita” y sin tiempo ni para rascarme el colodrillo, así que, por una vez, me vais a permitir este mega-mix, y a ver si el fin de semana me deja centrarme -y sentarme- un ratito en estos menesteres que tan abandonados tengo últimamente.
    Así que gracias a todos por vuestros comentarios, por vuestras palabras que son la sal de esta tierra hawaiiana, y su sol.
    Aloha.

  4. Ya no recuerdo la última tarde que pasé oyendo música, escrutando sus portadas, analizando las letras y estructurando recopilatorios en mi cabeza. ¿En qué nos hemos convertido? Gracias, Eduardo, por habernos evocado aquellos ratos maravillosos.

  5. Gracias por el enlace tan valioso y enhorabuena por la labor de restauración tecnológica que has hecho.
    ¡Abrazos!

  6. Eduardo, me dispongo a hacer el resumen de comentario un domingo por la tarde 😦
    ¡Oh God!

  7. anacharsis en dijo:

    Sobre la correa (περίπου λουρί): mis respetos por alguien capaz de recorrer medio mundo (virtual, pero el tiempo invertido también cuenta, supongo) para encontrar una pieza de repuesto. Muera la obsolescencia planificada. Pienso recopilar, cuando pueda, ejemplos similares de recuperación para máquinas de coser y, sobre todo, de escribir (de momento, no he encontrado nada significativo; en cuanto tenga algo te lo haré saber); los recambios para coches los dejo para los ricos: la gente fina sólo se ocupa de recambios de Aston-Martin y tal. Lo mío son los desguaces.
    En cuanto a Salinger (Q.E.P.D.), gracias por las reflexiones (sobre la dificultad para averiguar si alguien que sabe “mucho” es o no un estúpido, por ejemplo) y por ese “bunker literario”, que visitaré con frecuencia.
    Un fuerte abrazo,
    Anacharsis.

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