Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

El fondo del cielo

Kurt Vonnegut.

Philip K. Dick.

The Kinks.

George Clooney (el auténtico).

J. G. Ballard.

Dante Alighieri.

Lloyd Cole.

Vladimir Nabokov.

John Cheever.

François Truffaut.

Stanley Kubrick.

Las Torres Gemelas.

Bob Dylan.

Marcel Proust.

La Cienciología.

Jarvis Cocker.

El 11-S.

Pink Floyd.

David Lynch.

Mark Rothko.

Xenófanes de Colofón.

El Coyote y el Correcaminos.

David Foster Wallace.

Franco Battiato.

La invasión de Irak.

The Beatles.

Adolfo Bioy Casares.

Ray Bradbury.

Todo esto -y mucho más- se concentra en El fondo del cielo (Ed. Mondadori), la última novela, recién publicada, de Rodrigo Fresán (Buenos Aires, 1963), uno de esos novelistas sobre los que se acumulan tópicos críticos mil veces leídos en las revistas y los suplementos literarios, tópicos que suelen echar para atrás al lector avezado, que tiende a sospechar si detrás de tanto halago no se encuentra, una vez más, la habitual maniobra publicitaria de unas editoriales que tienen que vender libros como otros tienen que vender yogures, ponderando las cualidades de su producto sobre los de la competencia, y haciendo de cada novedad editorial “la obra que la literatura estaba esperando“, “la novela que cambia radicalmente la narrativa de nuestros tiempos” o “el libro sin cuya lectura no se puede afrontar la experiencia de vivir en estos tiempos convulsos que nos han tocado en suerte“. En fin.

Y sin embargo…

A veces ocurre que cuanto se dice se corresponde exacta y milimétricamente con la realidad de lo que uno lee, y resulta que todo encomio es poco. Es el caso de Rodrigo Fresán, autor afincado en Barcelona a quien descubrí en 2003 a raíz de la lectura de su anterior novela, Jardines de Kensington (2003), que me puso tras la pista de uno de esos escritores a los que se ama y se odia con idéntica pasión: amor devoto que se les profesa por brindarte la oportunidad de leer una obra cuya lectura marca un antes y un después en tu experiencia como lector; odio sin paliativos porque esas novelas, esos relatos siempre son escritos por otro que no eres tú, que nunca vas a llegar a nada… En otro lado escribió Fresán sobre esto mismo, pero con más misericordia:

«existen tan sólo dos categorías de escritores y, por lo tanto, dos categorías de lectores.
Están aquellos que al final de un cuento suspiran ¿Por qué no se me habrá ocurrido a mí? Y están los que optan por sonreír ¡Qué suerte que se le ocurrió a alguien!» (de «Apuntes para una teoría del lector», en La velocidad de las cosas, 1998; cito por la edición de Mondadori, 2002, pág. 15)

En un lugar distinto (Mantra, Ed. Mondadori, año 2001, pág. 127) ya había dejado escrito que:

«La literatura, si se lo piensa un poco, es la más democrática de las artes. Todos cuentan con los mismos medios. Lo único que se necesita es saber leer y escribir. El resto corre por cuenta de cada uno.»

Pues eso…

Rodrigo Fresán

¿Que qué ha escrito este hombre? Bueno, pues es autor de tres libros de relatos:

También de una recopilación de textos publicados en prensa:

Y de tres novelas, que ahora ya son cuatro:

El fondo del cielo no es una novela de ciencia-ficción, aunque toda ella aparece atravesada por la sci-fi. Como dice su autor, «es una novela con ciencia-ficción.» (pág. 263), producto de la devoción por un género del que Fresán se confiesa lector empedernido. Tiempo y espacio, pasado, presente y futuro, son ingredientes básicos de una novela que, lo confieso, no me ha captado en las primeras páginas, pero que después me ha agarrado por el cuello y me ha obligado a leerla de un tirón.

«Y es que en el pasado —llegando allí tanto tiempo después, porque lo terrible del pasado es que sólo podemos verlo desde el futuro— todos somos más sabios.
Viajando a lo que ya fue, comprendemos sin esfuerzo y contemplamos claramente errores que, es cierto, ya no podemos ni podremos corregir. Pero al menos accedemos al premio consuelo o al desconsolador castigo de saber exactamente cómo lo habríamos hecho mejor, cómo habrían cambiado para bien los resultados de haber podido alterar ciertos factores o tomado otras decisiones. De ahí que sean muchos los que, antes de hacer uso y, tal vez, volverse adictos a la poderosa droga del pasado, optan por otra droga: la del olvido.» (pág. 22)

Si me preguntáis por el argumento del libro, no sabría muy bien qué decir. Fresán escribe:

«Me gusta pensar en El fondo del cielo como en un conjunto de mensajes simultáneamente emitidos, como una trama que sólo quiere ser una sucesión de momentos maravillosos contemplados al mismo tiempo.» (pág. 264)

Sé que hay dos protagonistas, Isaac Goldman y Ezra Leventhal, que son primos y están unidos por el amor a la ciencia-ficción, que les ofrece el refugio o el consuelo que la realidad les niega:

«hay otros —demasiados— como nosotros: jóvenes a los que el presente se les hace insoportable y entonces se evaden al futuro, a muchos futuros; porque la idea de que sólo exista un futuro se les hace insuficiente, insoportable. […] Éramos pésimos deportistas, nos poníamos tan nerviosos en público, así que volábamos con nuestras mentes.» (págs. 68-69)

«nuestro amor por el futuro se debía a una ausencia absoluta de presente y no, como sucedió décadas después, a la presencia de un ahora que parecía invulnerable y eterno en su quietud y permanencia.» (pág. 104)

Como en todo buen relato que se precie, hay también una «ella», y os podéis imaginar que su imagen se clava en los tiernos corazones de ambos primos:

«se puede sobrevivir a la certeza de que una determinada mujer es la más hermosa que jamás se ha visto, sí; pero es tanto más difícil seguir viviendo luego de experimentar el convencimiento absoluto de que esa mujer es y será, también, la más hermosa que jamás se verá en toda la vida.» ( pág. 80 )

Aparece también un tal Jefferson Franklin Washington Darlingskill, tocado de delirios de grandeza y sobrino de Phineas Elsinore Darlingskill, un oscuro escritor de culto (Fresán tira de ironía: «hoy casi todo es un clásico de algo o un clásico para alguien», pág. 65). También está Evasión, una novela… Ajá, lo habéis adivinado: de culto. Y hay otros planetas, y otros mundos, y el fin del mundo, y muchos posibles finales del mundo, y una invasión alienígena aplazada sine die y todas esas cosas que dije al principio, y de regalo muchas otras cosas que hacen de la arquitectura de esta novela -como del resto de la obra de Fresán- un perfecto artefacto pop -y debéis entender cuánta admiración encierro en esta palabra- en cuya escritura, nacida de una imaginación desbocada y de un ilimitado poder literario, se ensamblan a la perfección recreaciones de películas, citas de libros y de versos y/o títulos de poemas y canciones -desde The Beatles o The Kinks a Lloyd Cole, pasando por Leonard Cohen, Pink Floyd, Talking Heads o Bob Dylan-, que trufan la lectura de guiños que, por lo demás, no estorban a quien no los pille y que, sin embargo, crean una cómplice cercanía entre lector y autor conforme se van sucediendo los distintos niveles de anagnórisis.

El tiempo -en cualquiera de sus versiones, identidades o máscaras- es otra de los temas recurrentes en El fondo…:

«Si el pasado es un país extranjero, entonces el futuro es una estrella lejana.» (pág. 69)

«Entonces, el feliz espanto de ver a alguien a quien no se ha visto hace mucho. Ver a alguien a quien no vemos desde hace años equivale a ver el tiempo. El tiempo que pasó, el tiempo que no deja de pasar.
La misma impresión que se siente al contemplar, por primera vez, el milagro creíble de un reloj abierto […] Ahí, todas esas minúsculas piezas, esos engranajes y resortes y tornillos impulsando, dentro de un espacio tan frágil y pequeño, la sólida inmensidad de los siglos.
Así, ver a alguien después de tantos años es como contemplar otra parte de ese mismo mecanismo. Una parte invisible pero que está allí, que no estaba al principio pero que no ha dejado de crecer: la parte que muestra lo que el tiempo le ha hecho a ese mecanismo. La brutal erosión de una caricia de años, una caricia que no cesa de acariciar sobre un rostro y una sonrisa.» (pág. 114)

En otro sitio (Jardines de Kensington, pág. 232) escribía Fresán sobre el carácter de lo literario en nuestros días:

«la literatura ha adquirido, como todo, la velocidad de lo pop y […] los autores duran cada vez menos y se parecen cada vez más a rockers fugaces y descartables y aquí viene uno más, uno nuevo, uno más nuevo.»

Pues bien, Rodrigo Fresán parece decidido a desmentirse a sí mismo, porque, desde luego, no da la impresión de ser uno de esos one hit wonder, uno de esos autores imprescindibles un año y absolutamente olvidados al siguiente. La suya no puede ser considerada ya sino como sólida carrera literaria y cada libro que publica no hace más que confirmar su voz como una de las más ricas e interesantes (¡¡ay, caray, los manidos tópicos crítico-literarios!!) de la narrativa contemporánea, si no la que más. Abigarrado. Delirante. Alucinado. Culto. Tremendo. Pop. Pura literatura de ley de alguien que proclama con orgullo:

«Ser escritor no es una opción, es un destino.» (Jardines…, pág. 143)

Alguien que tiene la enorme capacidad de expresar en un puñado de líneas aquello que uno lleva media vida peleando por meteros en la sesera:

«Ya está.
Ya se apagó.
No hay más batería.
Out.
Off.
K.O.
Cierro el móvil y abro el libro y los libros nunca se descargan, los libros siempre funcionan, los libros siempre están tan dispuestos a ser leídos… Máquinas unplugged que se conectan instantáneamente a nuestros cerebros y nos poseen y nos invaden. Tal vez, ahora que lo pienso, los libros sean organismos extraterrestres. Seres que nos abducen y nos llevan a otros mundos, a mundos mejores, a mundos tanto mejor escritos que el nuestro.» (pág. 195)

O que enuncia la única bienaventuranza en la que nos sentimos incluidos los que somos… como somos:

«Bienaventurados aquellos que han leído mucho durante su infancia porque de ellos, tal vez, jamás será el reino de los cielos; pero sí podrán acceder al reino de los cielos de los otros, y allí aprender las muchas maneras de salir del propio infierno gracias a las estrategias no ficticias de personajes de ficción.» (Jardines…, pág. 39)

Una anécdota: conocí a Rodrigo Fresán en octubre de 2003, una noche en la que fue nuestro invitado en la tertulia literaria en la que milito y profeso desde hace ya… muchos años. Un tipo alto -muy alto- y afable, con gran sentido del humor y un don proverbial para la conversación. Fue un privilegio tenerlo con nosotros y charlar con él sobre la que entonces era su novela más reciente (Jardines…), y guardo alguna anecdotilla que estoy seguro que él, dedicated follower of The Kinks, no ha olvidado. Do you remember Village Green?

Aloha.

P.S.: Con éste tendría no para un capítulo, sino para un monográfico completo del universalmente aclamado coleccionable «Rock y Literatura». Amenazo: a lo mejor cualquier día me animo…

Anuncios

Navegación en la entrada única

14 pensamientos en “El fondo del cielo

  1. Gracias por el comentario, Francisco. Como he dejado escrito en otras ocasiones, hago lo que puedo, que nunca es tanto como lo que me gustaría saber hacer.
    Y si la realidad se torna hostil, bueno, recuerda que Hawaii -que no tiene fronteras- está lleno de rinconcitos donde sacudirse el polvo del camino y reparar los estragos que cuerpo y ánima sufren a lo largo del cotidiano viaje. ¡Ah! Y, además, siempre hace buen tiempo.
    Encantado y vuelve cuando quieras.

  2. Francisco Herreros en dijo:

    Fantástico.
    Como padre que soy, te felicito por tus esfuerzos en la creación de esta página tan excepcional. Es una lástima que en esta Gerona olvidada por Castilla no podamos regodearnos con escritos como los tuyos y tengamos que navegar por esta red enredada y mal intencionada que mal forma a nuestros pequeños individuos.
    Gracias.
    Francisco Herreros

  3. Tomo nota: de la sugerencia y de los buenos deseos, que hago extensivos a Vuesa Merced.
    Que los fastos navideños os sean llevaderos, Maese Anacharsis.

  4. Estimado colega:

    Aprovechando la excusa (religiosa) de las Felices Fiestas, y contando con que las alegrías en la edad provecta (que nos acecha) tienen más que ver con descubrimientos que con conquistas, comparto contigo éste, de reciente adquisición (ya te contaré):
    Irvin D Yalom, La cura Schopenhauer (Barcelona, Salamandra, 2008).

    Obviamente, y desoyendo el adagio (“ten cuidado con lo que deseas, etc”), te deseo lo mejor para 2010 y siguientes.

    Un fuerte abrazo.

  5. Muchas felicidades a ti también, Sary. Que las navidades te sean leves y tengas un buen inicio de año.
    En cuanto a lo de la nota… Pues me alegro, qué quieres que te diga, ojalá sigas así todo el curso. Ya os lo dije el primer día de clase el año pasado: simplemente habíais tenido mala suerte y otro curso os tocaría un profesor mejor. Bien por ti.
    Otro beso y muchas felicidades.

  6. ¡Holaaa!
    Cuánto tiempo sin comentarte por aquí… ¿Cómo va todo?
    Lo primero comentarte la gratificante noticia de que he aprobado lengua jeje… ¡con un 6! Contigo jamás saqué esa nota…
    Segundo disculparme por no haberte saludado antes, entre los exámenes y la gripe A B C y J que tengo encima, no he podido hacer demasiadas cosas. Pero ya estoy mejor, preparándome para pasar unas navidades estupendas estudiando Historia de España 😦
    Y por último desearte una muy ¡Feliz Navidad! Que cojas muchos kilitos con buena comida y te compres muchos caprichitos jeje…
    ¡Un beso!

  7. Hey! Feliz navidad para ti y los tuyos…
    Espero que los reyes se porten como tienen que portarse y que se autorregalen muchas cositas!

  8. ¡Qué alegría, Camila! Ayer Yael y hoy, tú. Qué bien teneros por aquí de vez en cuando.
    Bueno, parece que las dos os pusisteis de acuerdo en pasar por el instituto cuando he estado malo. La semana pasada estuve toda la semana en cama, con gripe, así que por eso no me viste. Los viernes estoy allí hasta la una, así que no necesitas ir “tan temprano” para que nos tomemos un café.
    Y por lo demás, el instituto va más o menos como siempre, pero parece que la que va flotando entre nubes eres tú. Bravo. Me alegro mucho por ti, te mereces todas las cosas buenas y más todavía. Lo de vivir solo tiene sus ventajas, y estoy seguro de que ya las estás descubriendo, ¿verdad? 😉 También tiene algún inconveniente, pero se aprende a vivir con ellos.
    ¿Y el resto de las niñas? ¿Cómo les va? Espero que igual de bien que a ti.
    Bueno, Camila, que siga todo tan bien como hasta ahora y a ver si es verdad que nos vemos pronto.
    Un beso.

  9. Por fin te escriboo! He estado super liada con los primeros parciales. Te cuento que la semana pasada, el viernes cuando volvía de la biblioteca, me pasé por el insti a ver si estabas, y no estabass! Intentaré pasarme algún viernes temprano para pillarte porque te vas super temprano. Bueno, te cuento que la carrera me va genial y que me encanta! Por ahora, no paro de sacar notazas en los parciales, y nada, bien, sigo adaptándome a eso de vivir sola (un poquito duro) jajja. Nos vemos prontoo. Espero que estés bien y que vaya todo sobre ruedas en nuestro querido instituto (se echa de menos). Un beso.

  10. Tu también, María. Yo ya estoy mejor, de todas formas.
    Grazie mille.

  11. Eduardo, el viernes estuve en el instituto y no te vi. Y acabo de leer que estás enfermo (ya somos dos). Recupérate pronto.

  12. Vamos mejorando, McQueen, pero muy despacito. A ver si me recupero del todo y puedo acometer empresas mayores, dignas del crédito que me otorgas.
    Abrazos para ti y un mojicón en el hocico para Mini, que está muy mimado y se va a quedar sin Reyes, como siga así.

  13. Querido Eduardo:
    Tras leer tu trabajo sobre Fresán, le entran a uno ganas de comprarse el libro. Sin embargo, todavía tengo pendiente su regreso a los Jardines de Kensington, y no quiero empezar por el último. Anímate con lo del capítulo de Rock y Literatura. En otro orden de cosas, te deseo que ya estés recuperado y fuera del lecho del dolor. Un abrazo, McQueen.

Nos encantaría conocer tu opinión sobre esto…

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: