Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

Sobre los signos

Charles Baudelaire, «Correspondances» (Les fleurs du mal, 1857):

«La Nature est un temple où de vivants piliers
Laissent parfois sortir de confuses paroles;
L’homme y passe à travers des forêts de symboles
Qui l’observent avec des regards familiers.»

Que viene a decir:

«La Naturaleza es un templo cuyos pilares vivos
a veces dejan escapar palabras confusas;
por ella pasa el hombre a través de selvas de símbolos
que lo observan con ojos familiares.»

El maldito oficial de la literatura moderna, Charles Baudelaire, acude en nuestro auxilio para presentar la idea central que intentamos exponer estos días en clase: vivimos rodeados de signos. Él acertó a expresarlo con la fórmula correcta: la vida del hombre discurre a través de una maraña de signos que lo rodean por doquier. Sobre la indispensable necesidad de saber enfrentarse a ellos para desentrañar su significado escribió el gran y minoritario Alejandro Rossi en «La doma del símbolo», (Manual del distraído, págs. 162-163):

«Si veo a un perro moviendo la cola, infiero su alegría; si me lame la mano, su ternura. Si me encuentro frente a un ataúd, pienso en un muerto. Un señor que camina por el corredor de un hospital vestido con una bata blanca y algún aparato colgándole del cuello, me sugiere un médico. Cuando los bomberos se precipitan por las calles, entiendo que se dirigen hacia un incendio. Las golondrinas anuncian el verano; el cielo cerrado, la lluvia; la presencia de Fulano, el bostezo fatal. […]
Es necesario que no sea una operación complicada reconocer, en una calle congestionada de autos, cuál de ellos es un taxi; es importante, a veces, identificar con rapidez a un policía y no confundirlo con un sacerdote o con un moralista. Un cierto sonido ululante debe hacerme entender de inmediato que se acerca una ambulancia y no evocarme la agonía de un elefante. Conviene que no sea una proeza descifrar el significado de las luces rojas, verdes y amarillas. En todos estos casos […] se lleva a cabo una brevísima aventura intelectual que consiste en interpretar unos signos. […] para que algo sea un signo una cierta regularidad es indispensable.»

Os dejo con un signo artificial, comunicativo, visual e icónico:

Prohibido

Ojito con ignorar los signos...

Aloha.

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5 pensamientos en “Sobre los signos

  1. Venga, María, ánimo, seguro que puedes con ello. Ya me contarás más detalles de la aventura en la que te has metido, y no dudes en acudir a mí si necesitas algo, ya sabes que puedes contar conmigo. Un abrazo y mucha suerte.

  2. Eduardo… En estos momentos me acuerdo de ti y de lengua y literatura. Es muy difícil esto de los guiones, y más cuando tienes que desarrollar una idea breve, de forma sencilla y bien redactada.
    Espero que te vaya bien el curso y tengas unos buenos alumnos.

  3. Gracias. La tierra tira, aunque no sea la mía. Ya dijo Don Antonio Machado (en Juan de Mairena, creo) algo sobre la sabiduría popular y el folklore. En este caso, obviamente, las estrofas han sido retocadas durante años para darles ese aspecto “sencillo” (el folklore argentino es de todo menos sencillo, véanse Borges, Lugones y la polémica sobre los gauchos), pero eso no le quita mérito. Ni verdad a los consejos. Cf. el Martín Fierro para un estilo más “auténtico”.
    En definitiva, estamos siempre en la frontera entre el símbolo y “lo que hay detrás” (si hay algo).
    Calurosamente, como siempre.

  4. Como dijo el clásico: ¿ande co** irás a escarbar? Siempre agudo y asombroso. Me quito el cráneo, que decía otro no menos clásico, ni menos agudo y tanto más asombroso.

  5. Para signo, la canción, y de éstas, la que con gracia y sin que nos demos cuenta, prodiga sus consejos. Valgan como muestra estas estrofas, tomadas de las “Sentencias del Tata viejo”, musicadas, entre otros, por Buenaventura Luna (Huaco, 1906 – Buenos Aires, 1955). ¿Cómo pasar del signo a su significado? Cantando.

    Una ciencia es el querer
    de muy matrera fortuna.
    El que es juerte quiere a una
    y a su gusto se acomoda.
    El flojo las mira a todas
    y no es feliz con ninguna.

    De “La amistad es como el vino” (tonada)

    Cuenta el hombre enamorao
    sus tristezas a la luna.
    sin saber que es gran fortuna
    sufrir por una mujer,
    y que no hay peor padecer
    que no sufrir por ninguna.
    (…)
    Defendete de lisonjas
    de toda vana apariencia,
    desconfiá, si en tu presencia
    alguno es muy lisonjero,
    porque es fácil que en tu cuero
    se consuelen en tu ausencia.

    De “Si sabís templar las cuerdas” (cueca)

    Se pueden escuchar completos en:

    http://pacoweb.net/Cantatas/Sentencia.htm

    Con cariño, como siempre.

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