Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

Ecos de los Bunnymen

A las 20:40 horas del lunes 19 de enero de 2009, diez minutos después de la hora programada, irrumpían sobre el escenario del Teatro Cervantes de Málaga Echo & The Bunnymen, tal y como os anunciábamos el otro día. A diferencia de su anterior (y primer) concierto en nuestra ciudad, el teatro no estaba a reventar, pero sí con una muy buena entrada. El escenario completamente a oscuras, como es norma en el grupo; juego de luces sobrio tirando a rácano (amarillos y azules, poco más); local inadecuado; banda… Joder, esto va a ser difícil.

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Lunes, 19 de enero de 2009

Empecemos por la parte positiva: la manifiesta posibilidad, antes de que se celebrara el concierto, de volver a disfrutar en directo de un puñado de tus canciones favoritas. Como escribí no hace nada, semejante oportunidad no se nos presenta todos los días a los que vivimos en Málaga. Las expectativas, por tanto, altas.

A la salida del concierto, ya no lo tenía tan claro. A ver: en líneas generales, me gustó. Pero creo que las objeciones que se me ocurren inclinan el fiel de la balanza hacia el lado de la insatisfacción.

El grupo no me pareció mal, a pesar de que, sin llegar a parecer desganados, ni mucho menos, no parecían demasiado entregados. Será que, al ser el primer concierto que dan este año, la maquinaria aún no está plenamente engrasada. La honrosa excepción corresponde a Will Sergeant, el guitarrista, uno de los mejores de su generación. El colega sale al escenario, se va a su rinconcito (es el que se ve al fondo en la foto de ahí arriba), coge su guitarra, agacha la cabeza y ¡hala! Es un virtuoso, y los virtuosos no defraudan.

El frontman es harina de otro costal. Ian McCulloch salió a escena un poco frío y sólo empezó a «calentarse» conforme fueron cayendo lo que sospechamos eran cubatas que trasegaba sin descanso. Como dijo alguien a quien conocí esa noche, el tío está cada vez más «perro»: ya ni coge la guitarra, que pringue otro. Por no hacer, ni se agacha cogido al pie del micrófono, que es una de sus señas de identidad (sólo lo hizo en una ocasión en toda la noche). Tampoco estuvo especialmente simpático con el público, pero toda la culpa no fue suya (vid. infra). Y creo que la cagó en «The cutter», su garganta no estuvo a la altura durante buena parte de la canción. Yo qué sé… En el anterior concierto lo vi mucho más entregado y en forma.

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Señalar con el dedo es de mala educación, Ian...

A pesar de lo dicho, creo que fue, en líneas generales, un buen show: lo que se vio sobre el escenario no fue para matarse, pero tampoco para matarlos. El problema estuvo en otro lado, y no es la primera vez que pasa (ni será, me temo, la última): el local. El Teatro Cervantes no es sitio para un concierto de rock. Es una pena que los responsables no se den cuenta de una vez de que no se puede meter a un público rockero en un patio de butacas y tenerlo sentadito mientras retumban miles de decibelios a su alrededor. Así no hay quien disfrute. El propio McCulloch animó en un par de ocasiones a la gente que estaba (estábamos) en el patio de butacas a que se levantara y bailara y se moviera, pero no hubo forma. Un par de amagos y unos cuantos que se levantaron y se fueron al final de la sala, junto a la entrada, para bailar sin molestar. ¿Las razones? Por ejemplo, la incomodidad: estar de pie bailando en tu localidad del Cervantes no está al alcance de todos los cuerpos, pues el espacio es mínimo. Y la timidez, o el corte, o el miedo al ridículo, como queráis llamarlo. Como era previsible, la media de edad era terrorífica: la mayoría de los presentes rondaba (rondábamos), año arriba, año abajo, la cuarentena (¡y más!), y eso se nota. A partir de cierta edad se vuelve uno hipersensible a convertirse en el centro de las miradas ajenas en determinadas circunstancias, no sé si me explico. Sólo parte de la gente que estaba en las plateas y los palcos se animó, pero es que allí es más fácil hacerlo: ni molestas al de detrás, ni te sientes observado. Así que el concierto transcurrió en un quiero y no puedo: con buena parte del personal del patio revolviéndose como anguilas en las butacas (para terminar de machacarlas a las pobres), siguiendo la música como mejor podía, pero muy sentaditos, eso sí. Porque, encima, para colmo de males, los acomodadores de sala suelen estar muy pendientes de que nadie se desmande lo más mínimo (y de regañar a todo aquel que intenta sacar una foto a escondidas, que manda coj****). Menuda mierda.

Quizás eso influyó en el ánimo del grupo, sobre todo de su cantante. En el concierto anterior sí que se levantó la gente de los asientos y eso obligó a que el personal de sala tuviera que abandonar sus puestos para actuar de barrera entre el público y el escenario. Me supongo que la banda estaría advertida del tema por la empresa, y por eso tampoco insistieron mucho en pedirle a la gente que dejara sus asientos. No lo sé.

Pero, insisto, el problema no es de los acomodadores, que son unos mandaos, ni de la edad del público, sólo del local, que es de todo punto inadecuado. A ver quién repara de una p*** vez en que Málaga necesita una sala de tamaño mediano (1000~1200 localidades máximo) dedicada a la música contemporánea, donde ni el público ni los músicos se sientan cohibidos. ¡Y donde te puedas tomas algo, caray, que todo hay que decirlo! El amigo poniéndose morado allí encima y el resto del personal a dos velas, mire usted qué bien.

Ya es la tercera o cuarta vez que me pasa, y de hecho he dejado de asistir a algunos conciertos porque sabía que no los iba a disfrutar plenamente, así que para qué…

Otra cosa que me disgustó fue que el repertorio apenas difirió del que tocaron hace tres años, y que os puse el otro día. Se supone que este año sacan disco y, sin embargo, sólo tocaron una canción nueva,«Think I need it too», que debería haber salido ya como single, pero que acumula varios meses de retraso. El resto, casi idéntico: trece de las diecisiete canciones que tocaron fueron las mismas. Incluso los dos bises fueron similares: el único cambio fue que tocaron «People are strange», de The Doors al comienzo del segundo. Que digo yo que podían haber ofrecido algo ligeramente diferente, ¿no? En fin…

setlist-firmado

Un recuerdo del concierto...

En el otro plato de la balanza, compensando los sinsabores, unos cuantos recuerdos que, de manera inesperada, me traje del concierto y que recompensaron un ratito de espera al finalizar el show: un ejemplar del repertorio firmado por Will Sergeant (en la foto de arriba), quien también me regaló una de sus púas y con quien pude conversar durante algunos minutos; el hombre resultó ser una persona de lo más amable y accesible (incluso me preguntó por algún sitio donde cenar); la acreditación del mismísimo Ian McCulloch y mi ejemplar de Porcupine (1983, LP) firmado por toda la banda:

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«Gods will be gods»

Ya sé que es un poco infantil, pero qué queréis… Todos tenemos nuestro corazoncito. Incluso yo. Os lo juro.

Este post está empezando a ser muy largo, no creo que nadie haya llegado hasta aquí. Si lo has hecho, te mereces un regalo: la misma canción con la que Echo & The Bunnymen suele cerrar sus conciertos, «Ocean rain» (del disco homónimo, 1984):

All at sea again
And now my hurricanes
Have brought down this ocean rain
To bathe me again
My ship’s a-sail
Can you hear its tender frame
Screaming from beneath the waves
Screaming from beneath the waves

All hands on deck at dawn
Sailing to sadder shores
Your port in my heavy storms
Harbors the blackest thoughts

I’m at sea again
And now your hurricanes
Have brought down this ocean rain
To bathe me again
My ship’s a-sail
Can you hear its tender frame
Screaming from beneath the waves
Screaming from beneath the waves…

Os veo en Hawaii.

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6 pensamientos en “Ecos de los Bunnymen

  1. No, en el mismo Teatro Cervantes o por internet. En el primer post hay un enlace que te lleva directamente.
    ¡Ah! Y disfruta del viaje. Ya contarás 😉

  2. Pues es que voy a Murcia este fin de semana, y toca allí el viernes y el sábado, y con algo de suerte y ganas voy a verle. Cuando vino a la Vivero me lo perdí, a ver si ahora…
    Y Mogwai… a lo mejor al final voy, está en el aire. ¿Las entradas se pueden comprar en la Fnac o algo? Tendré que ir la semana que viene…

  3. Magníficas fotos, sí señor… Gracias, Anna.
    En cuanto a lo de Mogwai, no depende sólo de mí, pero es bastante probable. ¿Y dónde es lo de Iván Ferreiro? A ver si mañana me das más detalles.

  4. http://flickr.com/photos/juanrodrigueztalavera/3022748947/
    http://flickr.com/photos/juanrodrigueztalavera/3022748945/

    Las fotos de las que te hablé 🙂

    Este hombre tiene demasiado morro, no se piede un concierto ni de coña. Aunque yo lo mismo puedo ver a Iván Ferreiro el sábado, así que no me quejo 😀

    Entonces, ¿tienes ya las entradas para Mogwai? Te has propuesto darme envidia, que lo sé yo…

  5. Pues creo que el próximo va a ser el de Mogwai, a primeros de mes…

  6. Llegué, llegué. La verdad es que tienes toda la razón. Hay pequeñas salas por el centro que están “bien” aunque son para un público muy reducido y “mayor de edad”. Lo de las fotos no es solo del Teatro Cervantes, este verano fui a Barcelona, y me quedé con las ganas de hacerle fotos a Miyavi: había dos gorilas dispuestos a sacarte de la sala en volandas.
    Me alegro de que, en general, el resultado no haya sido del todo malo, y hayas conseguido las firmas y la púa (aparte del ratito de charla), a saber cuándo vas a otro concierto.

Nos encantaría conocer tu opinión sobre esto…

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