Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

300 Quimeras

El retiro momentáneo al que nos han forzado en los últimos días ciertos asuntos de la mayor gravedad (corregir vuestros exámenes) acaba con la noticia de que la revista de literatura Quimera llega en este mes de noviembre a su número 300.

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Quimera: del 1 al 300

Celebran haber llegado hasta un número tan redondico con un fantástico dossier dedicado a los clásicos de la literatura japonesa del siglo XX: Yasunari Kawabata (primer Premio Nobel de la literatura japonesa en 1968), Yukio Mishima (posiblemente, el más universalmente conocido de los escritores japoneses), Soseki Natsume, Kobo Abe, Kenzaburo Oé (hasta la fecha, segundo Premio Nobel, en 1994), Junichiro Tanizaki… Escritores que ejemplifican «a la perfección un paradigma de la literatura nipona de nuestra época: la superación -no sin conflicto- de la separación entre Oriente y Occidente.» (pág. 3) Ellos fueron «la fuerza de choque de una literatura que se abría a Occidente con todo el peso de una enorme tradición a sus espaldas, y que supo delimitar su identidad y abrir derroteros por los que ahora transitan otros.» (pág. 3) Otros como Haruki Murakami, el escritor japonés vivo más devotamente leído dentro y fuera de Japón, y a quien la revista ya dedicó íntegramente un dossier en el número 289, de diciembre de 2007. Sus lectores se cuentan por millones en todo el mundo, y cada libro suyo se celebra como un acontecimiento. Por cierto, que no hace mucho ha llegado hasta nosotros After dark, la última novedad editorial del autor de Kyoto.

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En Quimera: «Murakami, mi amor»

Pero volvamos a lo nuestro. En el dossier encontramos, por ejemplo, un utilísimo «Breve diccionario de escritores japoneses» que incluye bio-bibliografías, nueve cuentos breves de Kawabata (recordad: el primer Nobel de la literatura nipona), la visión de un clásico sobre otro (Mishima revisa la obra de Tanizaki), y, finalmente, un texto de Kobo Abe sobre la obra del colombiano Gabriel García Márquez.

Pero no es lo único que contiene el número 300 de Quimera. Junto a las habituales secciones de noticias y reseñas destacan los textos «Narrativas de la globalización», de Jean Franco, y «Pequeña batalla por la propiedad de la lengua», del argentino Marcelo Cohen. Y, por supuesto, no podía faltar el artículo de celebración de la efemérides, el que da cuenta de lo que ha sido la evolución de la revista a lo largo de estos trescientos números más o menos mensuales.

Puede que alguno de vosotros se pregunte qué relación tengo yo con la revista Quimera que tanto la nombro. Vale, lo cuento. Sea ésta mi aportación personal al cumpleaños feliz.

Esta relación tiene que ver, en realidad, con mi evolución como lector, es decir, como persona: Quimera fue la primera revista de literatura que compré cuando tenía, aproximadamente, vuestra edad. Fue esta, el número 24, de octubre de 1982:

quimera-24

El comienzo de una hermosa amistad...

Estaba, como muchos de vosotros ahora, en el instituto. Estudiaba 3º de BUP (lo que hoy es 1º de Bachillerato) y tenía diecisiete añitos llenos de dudas, inquietudes, incertidumbres, vergüenzas, agobios… y amor desbocado por los libros. Sentía un pasión desenfrenada por la literatura. Sin ella no era persona. Sin ella no soy persona.

Ahí es donde entra en escena alguien de quien ya he hablado en otro sitio de este blog: Paco, el profesor de literatura de aquel curso, una brisa fresca que ventiló el aire pesado de las clases con su forma de concebir -y de vivir- la literatura. Él trajo consigo nuevos autores, nuevas lecturas… y Quimera. Compré mi primer número de Quimera por consejo suyo, y hasta el día de hoy. Mes a mes, fielmente, a pesar de que a veces no ha sido empresa fácil (la distribución de la revista, en algunas épocas, fue horrorosa, no se encontraba por ningún lado; mis exilios rurales tampoco me facilitaron la labor en otros momentos). Después han llegado otras revistas, pero de ninguna he comprado más que números sueltos.

Reconozco que no siempre la leo, pero no puedo dejar de comprarla. Quizá es porque representa ese momento fundamental en que se empezó a forjar, de manera ya definitiva, el lector que ahora soy. Quimera supuso mi rito de iniciación a la vida de lector adulto.

Esa es la historia. Os dejo con el «Editorial» que abría el primer número de Quimera (noviembre de 1980). Se trata de un texto del que años después, en 1990, alcanzaría la máxima gloria literaria, el Premio Nobel: el mexicano Octavio Paz:

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El primer «Editorial»

Transcripción del texto:

A modo de Editorial

el comienzo                            el cimiento
la simiente                              latente
la palabra en la punta de la lengua
inaudita                                  inaudible
impar
grávida                                   nula
sin edad
la enterrada con los ojos abiertos
inocente                                  promiscua
la palabra
sin nombre                             sin habla.

P.S.: En una de las noticias con que se abre este número 300, los miembros de la redacción de Quimera hacen notar, de manera elegantemente irónica, que, a pesar de llevar veintiocho años en el mercado y de haber alcanzado tan venerable cifra, es casi la única revista literaria que no ha recibido el Premio Nacional de Fomento de la Lectura que el Ministerio de Cultura otorga desde el año 1994, y que sí ha sido concedido a otras publicaciones de menor alcance y/o recorrido. Me sumo a la protesta.

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