Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

Antonio Orejudo en la FNAC

Ya os dije que no había que perderse la presencia del novelista Antonio Orejudo en el Aula de Cultura de la FNAC-Málaga. Y no me habéis hecho caso. Peor para vosotros, porque os habéis perdido un buen rato, ameno y lleno de cordialidad.

Apenas quince personas mal contadas hemos podido disfrutar del raro privilegio de conversar con un escritor de la talla de Antonio Orejudo como quien se está tomando un café con un amigo. Sin café, ni pastelitos, ni cervecitas, ni cigarritos, ni ninguna de esas cosas que alegran la tarde a cualquiera, pero, eso sí, con un buen amigo. Un buen amigo de la literatura, un buen amigo de sus lectores, a los que -¡oh, milagro!- respeta profundamente, y, toma ya pirueta del destino, resulta que también es un buen amigo de mi buen amigo Miguel, a quien mando un abrazo por vía interpuesta.

Antonio Orejudo en Málaga, 09/10/2008

El moderador se preguntaba al principio por el hecho casi milagroso de que, diez años después de haber sido publicada y casi sistemáticamente ignorada, Fabulosas narraciones por historias haya sido reeditada y, esta vez sí, reconocida como lo que es: una gran novela. Ha acudido al momento en que se produjo aquella primera edición, a la capacidad -casi nula- de la pequeña editorial que se atrevió a ponerla en el mercado, a la corta vida comercial que en el día de hoy tienen la mayor parte de los libros que inundan el mercado… En fin, ha aducido un buen número de razones. Pero ha obviado la que, en mi humilde opinión, es la más importante de todas: que Fabulosas… es un libro muy bien escrito. Magistralmente escrito. Y eso es algo que, tarde o temprano, termina por imponerse, incluso en la sinrazón de nuestro mercado editorial. Los grandes libros acaban por encontrar su sitio y sus lectores.

Me he quedado con las ganas de plantearle a Antonio Orejudo algunas cuestiones sobre Fabulosas…, a pesar de que sí he sido tan impertinente de sacar a colación uno de los temas que tienen que tenerlo más hastiado: la puñetera casualidad que hizo coincidir la primera edición de Fabulosas… con otra novela, ambientada en la misma época y por la que desfila casi la misma nómina de personajes históricos, que sí alcanzó un éxito inmediato y colmó a su autor, hoy reducido -es un decir, mi supertele de 39″ apenas alcanza a mostrarlo completo cuando sale en pantalla- a columnista y tertuliano televisivo, de prebendas, loores y parabienes de toda laya.

Me habría gustado, por ejemplo, preguntarle por Brett Easton Ellis. Yo no sé si estaré delirando, pero, en serio: ¿la sombra de Patrick Bateman no acecha entre algunas de las páginas de Fabulosas…? Huuummmmmm…

Antonio Orejudo en Málaga, 09/10/2008

Una de las reflexiones que esta tarde ha ido compartiendo Antonio Orejudo con los poquitos que nos hemos acercado a charlar con él (nunca dejará de tener validez la dedicatoria de Juan Ramón Jiménez: «A la minoría, siempre». Y no hay más, no os empeñéis). Ha venido a decir que las grandes obras surgen de la tensión entre lo que el público quiere leer, cuanto más fácil mejor, y lo que pretende escribir el novelista. En ese tira y afloja, si el escritor cede en demasía, termina por fabricar un producto de consumo inmediato condenado al más inmediato olvido. Sin embargo, los grandes escritores (Cervantes, Galdós, Flaubert…) son capaces de darle al público lo que quiere («porque, como las paga el vulgo…»), pero yendo más allá de los límites del género, subvirtiendo sus reglas, radicalizando sus presupuestos estéticos. Esto es, haciendo progresar al género y, con él y al mismo tiempo, al público. Pensad en ello.

No quiero terminar esta entrada sin agradecerle a Antonio Orejudo el rato de charla que he podido compartir con él antes, durante y después del encuentro de esta tarde con sus lectores. También, que me haya firmado y dedicado mi ejemplar de la novela. Y, sobre todo, quiero darle las gracias como lector por su generosidad y su insensatez al escribir Fabulosas narraciones por historias. Cada vez es menos frecuente que lleguen a nuestras manos obras de este calibre, y cuando ello ocurre sólo podemos tomarlo como lo que es: un regalo. Un regalo que te cae cuando no es tu cumpleaños y ni siquiera te has portado bien. Y a mí, mis padres me enseñaron a dar las gracias cuando recibía uno. Así que… Gracias, Antonio.

Nos vamos. Nos vemos.

P.S.: Hoy se ha hecho público el nombre del ganador del Premio Nobel. No se lo han dado a Antonio Orejudo. Se lo ha llevado un francés. Vale.

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10 pensamientos en “Antonio Orejudo en la FNAC

  1. Cosas peores he soportado jajaja

  2. Pues sí, eres la única Natalia este año. Qué faena, señalada desde el principio para el resto del año… A ver cómo soportas el peso de la fama.

  3. Aaarg vale, soy la única Natalia o que? jajaja
    Me sorprende que lo hayas mirado y todo.
    Está creciendo ante mi un nuevo mito eh, existen profesores que se interesan por los alumnos.

  4. Cierto, no tengo ni idea de quién eres, Ramírez García, Natalia…

  5. Ouch, entendido…
    Pero no me niegues que ni siquiera sabes quién soy, jaja.
    Prometo saludar la próxima vez…
    ¡Un saludo! (Valga la redundancia, jajajaja)

  6. …heimer.
    Sí, ya. Los excesos de juventud terminan por pagarse. Así que ya sabes, morigera tus costumbres, pequeño pagano: empieza por dejar de leer a J.M. antes de que la cosa no tenga remedio. Ora et labora, musikboy, ora et labora. Y eso va también por ti, jovencita-que-no-saluda-a-sus-mayores.

  7. Edu, éramos cuatro gatos y no te diste cuenta de que conocías a alguien… Alz… En cualquier caso, muy mal no saludar, Natalia, perdona que me meta dónde nadie me ha llamado.
    Interesante la charla aunque eso de tocar a Marías…

  8. Pues dos filas por detrás de ti, pegada a la izquierda.
    Ya hombre, pero creo que sólo hemos tenido dos o tres clases, sería completamente comprensible.
    Un saludo

  9. A ver, jovencita, empiezo a estar mayor, pero tanto no (todavía).
    Lo que me pregunto es que, si éramos cuatro gatos, dónde te sentaste que no te vi. ¿En la última fila? ¿Cerca de la salida de incendios? En fin, por esta vez pase, pero que no se repita 😉

  10. La verdad es que fue un auténtico placer disfrutar ese día tan lluvioso con tan buena compañía. Sí, Eduardo, yo fui con una amiga, y me llevé mi ejemplar firmado, además de un rato inolvidable.
    Olvidaste mencionar el ya famoso “MAMONEO” jajaja

    Mis disculpas por no saludarte, pero estaba segura de que no te ibas a acordar de mí.

    Un saludo!

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