Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

Helena o el mar del verano

Por la tarde la playa estaba llena de sol color naranja y había nubes blancas y olía a tortilla de patata.
Y había cangrejos que se escondían entre las peñas y los niños éramos los encargados de enterrar las botellas de sidra en la arena húmeda para que no se calentasen.
Y todos decían: «Qué tarde más preciosa», y los novios se sentaban apartados y cuando empezaba a oscurecer y todo estaba lila y morado estaban con las caras muy juntas sin hablar nada, como confesando.
Pero lo mejor era el baño por la tarde, cuando el sol bajaba y estaba grande y cada vez más encarnado, y el mar estaba primero verde y luego verde más oscuro, y luego azul, y luego añil, y luego casi negro. Y el agua estaba caliente, caliente, y había bandos de peces muy pequeñinos nadando entre las algas rojizas.
Y daba gusto bucear y pellizcar a las mujeres en las piernas para que gritasen. Y luego que papá y tío Arturo y el marido de tita Josefina nos subiesen sobre los hombros y nos dejaran tirarnos desde allí al agua. (págs. 15-16)

El texto pertenece a una de las novelas más hermosas de nuestro siglo XX: Helena o el mar del verano, de Julián Ayesta (1919-1996). Sus poco menos de noventa páginas han sido uno de los secretos mejor guardados de nuestra narrativa desde que se publicara en 1952. Entonces soplaban en la literatura española los a menudo áridos vientos del realismo social, del compromiso, y Helena o el mar del verano corrió similar suerte a otros títulos que escapaban de tan asfixiante etiqueta, como las obras de Álvaro Cunqueiro o la primera novela de Rafael Sánchez Ferlosio, Industrias y andanzas de Alfanhuí (1951): pocos se enteraron. Eso sí, los que lo hicieron lo convirtieron en eso que hoy se llama libro de culto (que a mí siempre me ha sonado a Biblia o a misal).

Hace algunos años, en el 2000, la reedición que hizo la editorial El Acantilado (que, à propos, ofrece al lector un catálogo absolutamente imprescindible) sirvió como justa reivindicación de la novela ante el lector contemporáneo. Pincha aquí si quieres leer una reseña más completa de la misma. También aquí.

Helena o el mar del verano fue la única novela de su autor. Nacido en Gijón hijo de una familia acomodada (muy vinculada, por ejemplo, con el club de fútbol Real Sporting de Gijón) , Julián Ayesta fue diplomático de carrera. Como escritor, dejó una obra escasa: varias obras de teatro y algunos relatos y poemas, que distintas editoriales están recuperando.

La poesía impregna las páginas de la novela, que comienza con dos citas, una de la «Égloga I» de Garcilaso y otra de Vicente Aleixandre («Poderío de la noche», Sombra del paraíso, 1944):

Pero lejos están los remotos días
en que el amor se confundía con la pujanza de la
naturaleza radiante
y en que un mediodía feliz y poderoso
henchía un pecho, con un mundo a sus plantas.

Ayesta regala al lector gemas como «Helena iba a mi lado con el pelo desnudo de dulcísima alerta.» (pág. 69), o «Hacía calor, un calor como música, que olía a cirio amarillo.» (pág. 77). Recuperación del territorio mítico de la infancia que deja de serlo para derivar en adolescencia, Helena o el mar del verano es una de esas obras con las que sueña todo lector (y digo yo que también todo escritor), una obra que asombra, que atrapa, una obra a la que volver siempre.

Algunas veces mi amor -que era Helena, tan hermosa, con la piel tan morena y el pelo rubio y los ojos azules y tan libre y valiente- se paraba otra vez a coger zarzamoras y se pinchaba con una espina. Entonces me ofrecía su dedo ensangrentado y yo le chupaba la sangre, que era tan roja, tan salada, tan hermosa centelleando al sol. Después me besaba y me lavaba con sus labios la sangre que había quedado en los míos. Y después de hacerlo nos entraba como un miedo raro. Porque aquello era un rito secreto, secretísimo, como una especie de pecado; nadie sabía por qué. Helena se apretaba contra mí como una gata misteriosa, y con los ojos llenos de lágrimas murmuraba: «Tengo miedo.» Y yo, lleno de una ternura y un amor que casi me hacían llenárseme los ojos de lágrimas, la apretaba más aún contra mí y la mantenía así, con mis labios sobre su pelo, tiempo y tiempo, hasta que Helena separaba la cabeza de mi pecho y me miraba todavía con lágrimas, pero sonriéndose de amor y de felicidad. Entonces seguíamos andando abrazados, con la cabeza de Helena apoyada en mi hombro. Y así seguíamos hasta el mar.

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10 pensamientos en “Helena o el mar del verano

  1. Don’t panic, dear! While a bit ginger, they are harmless.
    See you around 🙂

  2. No seas malo, Juanmi, que los Reyes Magos lo ven todo…

  3. Esta referencia es una de las razones por las que visito Hawaii casi a diario -me refiero a ‘Helena o el mar del verano’-. En cuanto a algunos turistas que pasean por aquí, si no fuera porque los conozco, harían que me mudara a Banania -dan pavor-.

  4. Gracias a ti por tus palabras, Anna.
    El mérito no es mío, es de Julián Ayesta.

    No te lo vas a creer, pero mientras tú me dejabas este mensaje yo estaba haciendo lo mismo en tu blog. Eso es coordinación, y lo demás son gaitas 😉

    P.S. para María: Que sí, que claro que puedes; sólo tienes que proponértelo (aunque suene a «profesoril»). Ánimo.

  5. Una entrada preciosa…
    Y el texto final… pufff, increíble.

    Gracias Eduardo por compartir con todo el mundo joyas como esa 🙂

    ¡Un saludo!

  6. María Ayllón en dijo:

    Eduardo, yo lo llevo bien… (dentro de lo que cabe)

    Pero no sé nada de la queja que puse… en fin…

    Espero que llegue septiembre para quitarme un peso de encima… que creo que podré…

    Saludos

  7. Me alegro de veros a las dos por aquí (por cierto, Sandra, sé que eres Sandra). El verano va bien, en la «línea helénica».
    Lo que estoy viendo es que se me va a acumular el trabajo bloguero. Primero Anna y ahora Sandra… Es buena cosa, que entre tantas voces discordantes intentemos que la nuestra aporte un poco de sentido en medio del caos (o que, como mínimo, se sume al caos para hacerlo nuestro). Ahora te hago una visita.
    Y tú, María, ¿cómo lo llevas? Al final no pudimos hablar. Espero que te hayas puesto las pilas, verás cómo merece la pena.

    María, Sandra.
    Sandra, María.

    ¡Qué bonito quiasmo!

    See you in September.

  8. Por cierto, soy Sandra, ja, ja.

  9. Preciosa la entrada.
    Hola Eduardo. ¡Cuánto tiempo! Has de saber que, aunque no escriba en el blog, me paseo de vez en cuando por aquí.
    Hoy toca hacerme publicidad a mí misma, ja,ja.
    Me he hecho un blog, espero que te pases y que te guste.

    Te dejo aquí la dirección:

    http://www.dreamofoniryah.wordpress.com/

    Un saludo! Disfruta de las vacaciones 🙂

  10. María Ayllón en dijo:

    Eduardo hola.

    ¿Qué tal todo?

    Hace mucho que no me pasaba por aquí.

    Un saludo… Nos vemos en septiembre…

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