Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

De blogum natura

«Las palabras vuelan. Lo escrito permanece.»

Éste es un apunte sobre la naturaleza del hecho comunicativo que se produce en un sitio como éste, en esto que en nuestros días (con permiso de John Barger y Peter Merholz) hemos dado en llamar blog. De ahí que Vuesas Mercedes me van a permitir que eche mano de mi latín macarrónico y parafrasee el título de la obra de Lucrecio, De rerum natura (que el Abate Marchena tradujo como Sobre la naturaleza de las cosas), para hablar De blogum natura, esto es, “Sobre la naturaleza de los blogs”.

El 17 de abril fui arrastrado hasta las playas de este Hawaii que, como Sildavia, «no se halla en los mapas». Desde entonces, para mi sorpresa, no he sido el único náufrago en esta isla, a diferencia de lo que le ocurrió a Robinson Crusoe; haciendo mías las palabras de don Luis de Góngora, no se puede decir que me haya sentido «náufrago y desdeñado, sobre ausente» (Soledades, I, 9). Esto ha sido así por vuestros constantes compañía, aliento y palabras. Y entre los que han frecuentado estos rincones hawaiianos más a menudo se encuentra mi buen y querido amigo Juanmi.

Hace algunos días, en este mismo lugar, tuve el placer de intercambiar algunos comentarios jocosos con él sobre un asunto que no hace al caso. Como todos los amigos que en el mundo han sido, manejamos ciertas claves particulares que, aparte de para nosotros mismos, no tienen sentido ni gracia alguna para los demás. Creados y pulidos con el paso de los años, esos guiños lingüísticos y kinésicos siempre son el indicativo del grado de complicidad y camaradería que se ha llegado a alcanzar con aquél a quien nos honramos en llamar “amigo”. Son las claves que utilizamos en el instituto cada día; son los guiños que nos acompañan desde hace ya más de veinticinco años que nos conocemos.

And suddenly, last summer. De repente, lo imprevisto: alguien ajeno lee lo que hemos escrito y lo interpreta; y su interpretación, al no contar con los códigos privados, se aleja de la intención comunicativa inicial. Con todo el derecho, está claro. En ese momento yo empiezo a darme cuenta de cuáles son las reglas que imperan en este territorio. Desde entonces, no he dejado de pensar en ello.

Porque resulta, y aquí viene mi reflexión, que estamos utilizando un medio de comunicación que elimina cualquier atisbo de privacidad, ya que éste es un sitio abierto a todo el mundo (literalmente), y, por tanto, todo el mundo tiene la facultad de intervenir. Cada cual con sus ideas, su forma de entender el mundo, su carácter, sus vivencias. Todo lo cual puede coincidir con las de quienes han dejado su huella por escrito. O no.

En ambos casos, el resultado puede ser fascinantemente enriquecedor:

  • multiplicidad de emisores y receptores que intercambian constante y casi simultáneamente sus papeles;
  • discusión de lo expuesto en el mensaje (confirmación y/o refutación);
  • ampliación de los límites iniciales del referente

Pero también puede ser peligrosamente frustrante:

  • pérdida de la carga significativa kinésica (gestos de rostro y manos, tonos, etc.);
  • necesidad evidente de explicitar los términos de lo que inicialmente era un acto comunicativo particular;
  • posibilidad de malentendidos y, por tanto, de actos de protesta, pacífica o no, por parte de quien pudiera sentirse aludido;
  • autocontrol de los emisores que, tarde o temprano, puede derivar en autocensura; esto es: en sumisión al lenguaje políticamente correcto y al buenismo del pensamiento único que hoy imperan en la sociedad occidental: No, de esto no escribo porque se pueden molestar los *****; de esto otro, tampoco, porque entonces se cabrean las *****… Y todo por el estilo.

Y todo por no reparar en que, aquí, uno no se puede expresar como lo haría charlando face to face con un buen amigo, sin intervenciones ajenas. Porque aquí rige un código comunicativo distinto, y el no respetarlo puede provocar perturbaciones, ruidos, en la comunicación: el mensaje puede sufrir una pérdida importante de información y llegar distorsionado hasta el receptor. Como sabemos de sobra, porque lo hemos estudiado (algunos incluso nos ganamos la vida enseñándolo), para que la información llegue a buen fin emisor y receptor deben compartir el código; si no, pasa lo que pasa.

Paréntesis: Esto de la necesidad de respetar el código vigente en cada ocasión, ¿os suena de algo, mis dilectos estudiantes? Fin del paréntesis.

La verdad es que es un tema lingüísticamente apasionante, que hace años que está siendo tratado en las principales universidades del mundo por filólogos, informáticos y neuropsicólogos. Ojalá yo fuese mucho más inteligente y erudito para expresar todo esto con la propiedad que requiere. Pero bueno, esto es lo que hay. Si fuese un experto en Teoría de la Comunicación a lo mejor me dedicaría a otra cosa. Chi lo sa

Os dejo con un mini-quiz: en este post he dejado caer, así como quien no quiere la cosa, un par de referencias a sendos grupos musicales de los años ochenta. Las preguntas son:

  1. ¿A qué dos grupos me estoy refiriendo?
  2. ¿Cómo se llaman las dos canciones a las que aludo?
  3. ¿A qué disco pertenece cada una de ellas?
  4. ¿En qué años se publicaron?

Premio asegurado. Sin bote.

Anuncios

Navegación en la entrada única

5 pensamientos en “De blogum natura

  1. Nadia:
    Muchas gracias por tus palabras, y lamento que las mías te hayan hecho perder dos horas de estudio. La incontinencia verbal y yo, todo uno.
    También me alegra haberte sido de utilidad. Ya sabes, vuelve por aquí cuando quieras (o puedas).
    Nos vemos en Hawaii (de fondo, sonará «The lazy sunbathers», of course).
    Y por supuesto: Mucha, mucha suerte en las oposiciones. Ánimo y a por ellos 😀

  2. Solución al mini-quiz: insiste, hombre, insiste.
    O, si lo prefieres:
    Descodifica, Umberto, descodifica.

  3. Musikboy:
    ¿De qué demonios estás hablando? Eso de la “descodificación aberrante” qué es? Me suena a práctica sexual extravagante, pero sabiendo que eres una persona de orden, lo descarto ipso facto.
    Así que como no sea que te estás marcando un bacile ahora que te has estado examinando de Teoría de la Literatura, no sé…
    ¿A que eso no me lo dices en la calle, so pedazo de Umberto Eco?

  4. Buscando poemas en los que fuera manifiesta la presencia del carpe diem me encuentro con este blog que me ha tenido dos horas ausente de mis oposiciones de latín. Un placer leerlo, muy completo, pedagógico y además Morrisey, que, como siempre, me perturba y fascina todavía. Insisto, un placer.

  5. La descodificación aberrante es una fuente genial de asociaciones y conceptos nuevos.
    Sobre los grupos, ni idea, has hecho ahí un giro al final que me ha dejado con el pie cambiado.

Nos encantaría conocer tu opinión sobre esto…

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: