Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

2001: Lo que dices de mí

Ustedes me van a perdonar la tontería, pero me imagino que a todo aquél que se mete en una historia como ésta de escribir un blog le hace ilusión comprobar que va teniendo cada vez más lectores. Si el día 15 de mayo recibíamos al “Turista Número 1000”, a los veintiocho días de abrir nuestras fronteras, hoy, 4 de junio, veinte días después de aquella efemérides, hemos duplicado ya el número de visitas, y compruebo que acaba de estar por aquí el “Turista Número 2001”.

Ofrecemos como premio dos hermosos poemas de Jesús Aguado (Madrid, 1961), una de las voces más personales y profundas de la poesía actual, además de una persona amable y generosa y de un conversador ameno y deleitoso. Son dos poemas largos, pero merecen la pena. De su libro Lo que dices de mí (Ed. Pre-Textos, 2002):

                      I

Lo que dices de mí:
un extraño camino que nunca he recorrido,
un camino que enlosan tus palabras
y que si miras bien se corresponde
con una de las líneas de tu mano.

Lo que dices de mí
eres tú misma,
eres tú de repente bifurcada,
una parte de ti que se queda a tu lado,
otra parte de ti que se viene conmigo.

Lo que dices de mí va borrando mis huellas.

Lo que dices de mí me prepara emboscadas.

Lo que dices de mí
es saliva y es tierra que amasas para darme
figura de caballo, figura de montículo,
figura de lunar, figura de tu espalda,
figura de cualquiera de mis dedos
cerrando uno por uno todos tus orificios
(más saliva y más tierra que coges para darme
figura de cabaña, figura de murciélago…)

Lo que dices de mí
es mentira que acierta a decir la verdad.

Lo que dices de mí
se acuesta junto a mí donde estaré,
se acuesta junto a un hueco que llama por mi nombre
y al que besa y aplasta hasta que nazco.

Lo que dices de mí
es telaraña, es red, pero tú no las tensas,
pero nadie las tensas pues nadie está al acecho,
es red, es telaraña frenando una caída
que no se ha producido.

Lo que dices de mí me desconoce
del modo más perfecto imaginable,
me desconoce más que el desconocimiento
que me tienen las vetas de una mina,
que me tienen los kraken,
que me tienen las aguas cenagosas,
que me tienen los cientos de tejados
que guarda el huracán en su gruta secreta.

Lo que dices de mí se va probando mundos.

Lo que dices de mí me multiplica.

Lo que dices de mí estira mis pulmones,
catapulta mis ojos,
despierta a los caimanes de mi sangre.

Lo que dices de mí me acelera y me vuelve
más lento.

Lo que dices de mí no lo dices de mí,
no lo dices siquiera, no soy yo,
es raíces de un árbol cuya fruta
se deshace en tu boca y la refresca,
es un malentendido que tu voz
provoca en nuestro sexo

(el fosfeno y la noche es lo que dices
cuando dices de mí no importa lo que digas.)

Lo que dices de mí no son tus opiniones,
es el dulce apagón de la conciencia,
es la locuacidad de lo que existe,
es un puente colgante entre nosotros,
son ardillas que roen las cuerdas de ese puente,
son cáscaras de nueces, un arca abandonada,
maderos embreados que alimentan el fuego
de un náufrago asustado.

Lo que dices de mí
es estaca que busca
con avidez al ávido corazón de ese muerto
que ronda mis castillos y se duerme en sus sótanos,
ese muerto no muerto que llamamos amor.

Lo que dices de mí no necesita
de mí para encontrarme.

Lo que dices de mí no se viene conmigo
a menos que yo firme una página en blanco.

Lo que dices de mí lo dices simplemente
con estar en el mundo, lo dice tu deseo,
esa energía pura que hace pasar las nubes.

Lo que dices de mí
obliga al horizonte
a tenderse a tus pies y lamerte sumiso.

Lo que dices de mí se escribe en las paredes
con tizones calientes de tus muslos.

Lo que dices de mí
es la jaula y el mapa
en el acto preciso de aprender
a vendarse los ojos y saltar al vacío.

Lo que dices de mí me pone en marcha,
un loco mecanismo
de huesos astillados como sables
que va retando a duelo a todos los que dicen
que nunca has dicho nada de mí, que estás callada,
que un mutismo feroz te ha comido la lengua.

Lo que dices de mí
es manada de lobos
hambrientos y atrapados en páramos nevados,
lobos que se devoran entre aullidos
mientras hila la luna bufandas para el No.

Lo que dices de mí me traduce a un idioma
que aún no conocemos.

Lo que dices de mí me resucita.

Lo que dices de mí:
una orquesta sonámbula
de músicos que tocan concentrados
y miran sin rencor sus partituras
mientras todo el pasaje
ya abarrota los botes salvavidas.

Lo que dices de mí me deja solo.

IV

Lo que dices de mí
me posee a horcajadas detrás de unos arbustos.

Lo que dices de mí
me aprieta la cintura en medio del océano.

Lo que dices de mí
me araña de los muslos a la nuca
mientras un elefante nos transporta en la selva.

Lo que dices de mí
me tira de los pelos en un piso catorce.

Lo que dices de mí
me saliva la oreja en un vagón.

Lo que dices de mí
me embadurna de aceites aromáticos
dentro de un telescopio enfocado a Saturno.

Lo que dices de mí
mordisquea mi sexo en la estela de un barco.

Lo que dices de mí
jadea en una mesa de un albergue.

Lo que dices de mí
se bebe mi sudor en la calle más céntrica
(en el escaparate de una agencia de viajes).

Lo que dices de mí
tapona con su lengua mi ombligo en una tundra.

Lo que dices de mí
se toca los pezones más allá del espejo.

Lo que dices de mí
dilata su vagina en el arcén
de una autopista en obras.

Lo que dices de mí
grita en un diccionario abierto por la «p».

Lo que dices de mí
se arquea hasta romperse en una alcantarilla.

Lo que dices de mí
me eriza en una lámpara.

Lo que dices de mí
me da masajes rápidos y suaves
en la fuente de un río.

Lo que dices de mí
te besa las axilas en el filo de un hacha.

Lo que dices de mí
acaricia tu pubis en una enredadera.

Lo que dices de mí
desoculta tu clítoris en un alto trapecio.

Lo que dices de mí
me gira y me retuerce en un vaso de vino.

Lo que dices de mí
me amorata en un puerto
asolado después de un maremoto.

Lo que dices de mí
olfatea mi semen dentro de un espejismo.

Lo que dices de mí
se pellizca la piel en un frutero.

Lo que dices de mí
pone un índice mío detrás y otro delante
en un viejo astrolabio.

Lo que dices de mí
pierde el conocimiento en un poema.

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Navegación en la entrada única

12 pensamientos en “2001: Lo que dices de mí

  1. Ya está corregido, don’t you te preocupes.

    Veo que te estás poniendo al día. Y que me estás obligando a poner al día mi maltrecho inglés. “Malegro” por las dos cosas.

    Kisses.

  2. Sorry about the emoticon: not Jesús Aguado’s doing but my computer literacy!!

  3. I like it particularly when he says:

    Todo lo que decimos inaugura distancias,/ estructura de modo distinto lo que somos/ y nuestra relación con lo que existe,/ cambia de decorado y cambia de guión,/ modifica el sentido de las leyes/ y nos hace asumir actitudes y fines/ que antes ni siquiera imaginábamos.
    Por eso las palabras nos escriben,/ es decir, nos tornean, nos labran, nos dibujan. [ … ]
    Las palabras nos hablan, las palabras/ nos habitan. Por eso decir lo que nos dice/ (o hablar lo que nos habla, callar lo que nos calla,/ escribir lo que escribe nuestra vida)/ es mucho más que un acto de aceptación de la existencia; es/ poner una semilla en la palabra/ para que diga lo que somos; es/ seducir la palabra y penetrarla/ para que nos alumbre y nos lleve a su casa / y nos lleve a una casa que es la nuestra.

    Thanks and love

  4. Gracias, Sandra. Y yo me alegro de verte de nuevo por aquí, que hacía tiempo que no venías. Y también me alegro de estar de vuelta yo, porque no veas los últimos días que me he pasado, corrigiendo exámenes a todo trapo. Odio estos días… Si no fuera por que representan ya el final…
    En fin, lo dicho, y gracias por recomendarnos.

  5. Como tiene que ser. Me alegro mucho de que este blog tenga tanto éxito. La verdad es que se habla mucho de él por aquí; unos se lo recomiendan a unos y otros se lo recomiendan a otros.
    Espero que siga la cosa así mientras esté “in crescendo”.
    Un beso.

  6. Gracias, Esther, por vuestro ánimo. Desde aquí también os seguimos con interés.
    Un saludo a Arnedo 🙂

  7. Os visitamos desde “Con las palabras”. Seguid creciendo.

    Con lo de la Iglesia mejor no entramos, las puestas en escena antes del Concilio (y después), las guitarras de ritmos obsesivos… ¡qué mundo!

  8. Tú lo conociste. Hummm. Espero que no en sentido bíblico. Aunque, claro, eso explicaría muchas cosas…

    Coñas aparte, la verdad es que fue un personaje que dejó huella. El Padre Jacobo y “El Lengua”, cada uno en su estilo, marcaron la mitología popular malagueña de la segunda mitad del siglo XX. Y eso es algo, my dear friend, que ni tú ni yo podemos decir… Todavía.

  9. Yo conocí al padre Jacobo, que era el párroco del Santo Ángel, la iglesia que está al lado del ferrocarril del puerto, pero no llegué a ser monaguillo porque con el Concilio Vaticano II le quitaron la gracia a la Iglesia. Siempre me he sentido fascinado por las puestas en escena y no se puede comparar una misa en latín y con monaguillos debidamente ataviados a estas celebraciones de ahora con coritos con guitarras.

  10. Para el uno:
    Cochino fetichista…

    Para el otro:
    Yo tenía entendido que tú fuiste monaguillo con el Padre Jacobo…

  11. Bonita letanía. Con una religión así, habría que ir más a la iglesia.

  12. Se va abriendo un camino que nos anda
    y dice lo que dices y dice lo que digo.

    A sus pies.

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