Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

Yo no tengo la culpa de haber nacido tan sexy

Tranquilos, no me he vuelto majara. Al menos, no más de lo habitual. Éste es el título de una de las novelas más divertidas e inteligentes de Eduardo Mendicutti (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz, 1948), uno de los escritores más inteligentes y divertidos de la narrativa española actual.

Viene a cuento por el acercamiento que hemos hecho últimamente a la literatura mística (aparte de las notas de clase, ver el post del lunes 26 de mayo), y para quitarle un poco de seriedad al asunto, a ver si os relajáis un poco, que vaya como andamos con los nervios de un tiempecito a esta parte. El argumento de la novela, según la editorial que la publica (Ed. Tusquets, 1997):

Rebecca de Windsor, una hermosísima mujer dedicada con gran éxito al espectáculo, descubre un día ante el espejo que los años no pasan en vano y que el tiempo empieza a hacer mella en su cuerpo. Consciente de que alguien como ella, que siempre ha sabido imponerse al destino y que siempre ha querido -y conseguido- ser la primera en todo, no puede permitirse el lujo de no encontrar la vía más digna hacia un madurez superior, toma un buen día una firme determinación: emprender el camino de la santidad, elevarse por encima de los demás mortales y alcanzar las cimas hasta ahora sólo holladas por los místicos. Todo ello entraría en la más absoluta normalidad de estos tiempos de desconcierto, si no fuera porque Rebecca de Windsor, de hecho, fue durante treinta y siete años de su vida Jesús López Soler y porque nadie, ni siquiera ella, escapa a las muchas trampas de la memoria.

La voz en primera persona de Rebecca de Windsor (¡el nombre es un hallazgo definitivo!) guía al lector por el particular “camino de perfección” que emprende quien en otro tiempo respondiera a un nombre mucho menos glamouroso, y lo enfrenta a una visión absolutamente inédita de la experiencia mística (otra vez aquello de “Non nova…”).

La diferencia estriba en que la metáfora del amor humano a la que recurre constantemente un San Juan de la Cruz, en Yo no tengo la culpa… se transforma en recurso directo a la carnalidad en la “vía unitiva”. Ustedes me entienden.

La novela está trufada de referencias, directas o indirectas, a las grandes obras de la literatura mística española (Cántico espiritual, Noche oscura del alma, Subida al Monte Carmelo, etc.), y a sus dos principales autores, San Juan de la Cruz y Santa Teresa de Jesús. Las negritas, para indicar dichas referencias, son cosa mía:

[…] en una noche oscura, y hallándome enfrascada en labores de mantenimiento con productos de doña Margaret Astor, tuve una iluminación.
A san Pablo, como era machito, la iluminación le llegó mientras galopaba camino de Damasco; yo la tuve mientras me desmaquillaba […] creí que me moría por no morirme, menos mal que de repente una luz interior me iluminó […] y pude oír que una voz misteriosa me llamaba a cuidar en prados deliciosos la belleza de mi alma, y me sentí arrobada, arrebatada, ajenada, arrancada de mí, y volé tan alto, tan alto que, ya digo, no me lo pensé dos veces y decidí que sería santa. La que más.
[…] yo no iba a contentarme con un estatus de santa de segunda categoría. Eso sin contar con que, en cuanto tuve la iluminación, supe que lo mío era ser amada en el Amado transformada. Qué bonito.
(págs. 11-12)

En la página 13:

De la ascética, que parece cosa de picapedreros y criadas, servidora no quería ni oír hablar.
Por eso, apenas logré recuperarme un poco del impacto de la iluminación, me dije: Rebecca, mimarás tu alma, emprenderás la subida al Monte Carmelo, surgirás radiante de la noche oscura, alcanzarás la séptima morada, flotarás en un no saber sabiendo y te fundirás como miel en los brazos del Amado.

En la página 14:

[…] no existía para otra cosa que no fuera leer y leer [literatura mística], y desear encontrarme con fuerzas para ir en busca del Amado por los bosques y riberas, sin coger flores, sin echar cuenta de los bichos, sin temor a romperme las medias y sin arrugarme frente a ningún fuerte y ninguna frontera.

En otros momentos, recrea en pasajes absolutamente hilarantes el arrobo místico a lo Santa Teresa, o el ansia con que la Amada (ella, Rebecca) busca al Amado (varios a lo largo de la novela), hasta llegar a consumar la “vía unitiva”. Aparte de los rasgos más reconocibles de su prosa, y tras una aparente frivolidad literaria, hay que reconocerle a Mendicutti un dominio magistral de los conceptos y la terminología propios de la mística, de modo que jamás cae en la burla grotesca. Brillante en algunos momentos, exige del lector un mínimo conocimiento de dicha literatura mística para extraer todo el jugo de lo que a ratos se presume parodia, y a ratos se declara homenaje.

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6 pensamientos en “Yo no tengo la culpa de haber nacido tan sexy

  1. Que yo recuerde, no hay ningún motivo para marginar al pobre Erasmus… Si uno no es su primo el del anuncio de Fanta, claro. Venga, vete ya a dormir y descansa para mañana.

  2. Laura Mª Barroso R. en dijo:

    Uyu yuiii… Qué mal que estoy, Dios mío… Claro, si es que hay más escritores que arena en la playa, que agua en los ríos y que tontos en el mundo, normal que me líe. Perdón 🙂 Quería referirme al Sr. Erasmo de R.
    Puede que te haga caso en lo de planchar la oreja prontito, pero no te lo prometo…

  3. Estrofa sáfica: cuatro versos, los tres primeros endecasílabos y el cuarto, pentasílabo. Rima consonante, pero sin estructura de rima fija o predeterminada.
    ¿Dónde demonios viene la vida de Nebrija? ¿Usamos el mismo libro, Laura?
    No te acuestes muy tarde…

  4. Laura Mª Barroso R. en dijo:

    Una última cosilla de la que tengo una dudilla =P la ESTROFA SÁFICA no viene en los apuntes de métrica que nos diste. ¿Hay que buscarse la vida y aprenderse su estructura o con lo que viene en el libro te vale?
    Y, por último, y ya en serio; ¿la vida de Elio A. de Nebrija hay que sabérsela?

  5. Supongo que todo vale. Ya sabes lo que se dice: arrepentidos los quiere el Señor. Y si no, fíjate en San Pablo, que en su juventud se dedicaba a perseguir cristianos para fabricar albóndiguillas y chuletitas con ellos…

  6. Laura Mª Barroso R. en dijo:

    Muchos son los llamados y pocos los elegidos.

    Para ser místico, ¿hay que tener un alma completamente pura (no haber cometido demasiados pecados) o solo purificar tu alma (aunque hayas matado)?

    Bye bye =)

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