Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

El buda de los suburbios

En un comentario a “Drive-in saturday” (vid. infra), musikboy saca a colación la novela El buda de los suburbios (Ed. Anagrama, 1991), de Hanif Kureishi, y nos deja un enlace a una cita de la misma en su blog. El texto elegido por musikboy es:

La vida discurre tediosamente, nada ocurre durante meses, hasta que un día de pronto todo, quiero decir todo, se va a la mierda y se pone patas arriba. Cuando llegué a casa, mamá y papá estaban juntos en su cuarto y el pobre Allie estaba fuera aporreando la puerta como un niño de cinco años. Le agarré y traté de que subiera conmigo, por si aquel trauma le marcaba de por vida, pero me dio una patada en los huevos. (pág. 120)

Yo prefiero otra escena, aquélla (págs. 167-169) en que Kureishi narra el shock que sufre el joven Karim, el protagonista, cuando se tropieza de bruces con la actuación de un grupo -y su público- que nada tiene que ver con la música que se venía haciendo desde finales de los setenta:

Me relajé y escudriñé con la mirada aquella sala oscura, al fondo de la cual se erigía un pequeño escenario con una batería y un micrófono. Quizá fuera un provinciano, no lo sé; pero de pronto me di cuenta de que estaba rodeado por el público más raro que había visto en aquel local. Estaban los melenudos y los colgados de siempre, con sus pantalones negros de terciopelo o tejanos sucios, botas de piel hechas de retazos y chaquetas de piel de oveja, hablando del precio del billete de autobús hasta Fez, de Barclay James Harvest y de guita. Era la clientela habitual, los drogados habitantes de los sótanos y los pisos ocupados de la zona.
Pero delante, muy cerca del escenario, había unos treinta jóvenes vestidos con harapos negros. Es más, con harapos negros llenos de imperdibles. Llevaban el pelo negro muy corto, pero corto de verdad, o bien largo, pero en lugar de lacio hasta los hombros lo tenían en punta y muy tieso, saliendo en todas direcciones como un puñado de agujas. No los habría despeinado ni un huracán. Las chicas llevaban mucha goma y mucho cuero, faldas ajustadísimas con medias agujereadas, la cara blanquísima y los labios de un rojo encendido. Se dedicaban a refunfuñar y a morder a la gente. […] observábamos a aquella raza de alienígenas vestidos con un abandono y una originalidad que nunca nos habríamos podido imaginar. Empezaba a comprender lo que significaba vivir en Londres y la clase de provocaciones con que íbamos a topar. Aquello restituyó el verdadero sentido de las proporciones.
[…] Pero antes de que tuviéramos tiempo de salir, un grupo de chicos jóvenes vestidos con indumentaria parecida a la del público ya había salido al escenario medio arrastrándose. De pronto, sus admiradores se pusieron a dar saltos, a brincar hacia los lados, a berrear y a escupir sobre el grupo hasta que el cantante -un chico delgaducho con el pelo color zanahoria- quedó empapado en saliva.
[…] Cuando aquel grupejo de andrajosos empezó a tocar por fin, la música hizo temblar las paredes. Era lo más agresivo que había escuchado desde los primeros tiempos de los Who. No había paz ni amor, ni solos de batería, ni sintetizadores afeminados. En aquellos chavales inmorales y paliduchos con cabeza de puercoespín salidos de ciudades dormitorio y que soltaban alaridos sobre el odio y la anarquía no había ni una gota de “progresismo” ni de “espíritu experimental”. Ni una sola canción duraba más de tres minutos y, al terminar, el chico del pelo color zanahoria nos insultaba a muerte de manera sistemática.

Acabamos de asistir al nacimiento del punk.

No future.

No future for you.

No future for me.

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18 pensamientos en “El buda de los suburbios

  1. Gracias, a ver si mañana ya estoy medio en condiciones, que lleváis demasiado tiempo sin tener que soportarme.

  2. creo que esto me suena, y no sé por qué… (bueno, en realidad sí que lo sé, jajaja)
    Un saludo, espero que estés mejor de tu catarro!

  3. Jajaja… ¡PERRO!

  4. Tus deseos son órdenes: RANCIO.

  5. Eso mismo quería decir yo. Llámame rancio pero creo que es necesario haber mamado todos esos autores clásicos (el punto B) para tener cierta idea y afrontar de otra forma las historias que están por llegar (el punto C). El punto A sería el Varco de Vapor, ¿sigue existiendo?

  6. Tienes razón, Anna, pero es que me estoy haciendo mayor y empiezo a liar las cosas: las camisetas negras, las mallas, las botas militares, los brazaletes y muñequeras de pinchos, la pintura de uñas y el lápiz de labios negros o morados… ¡Qué tonto estoy! ¡Mira que no ver el perfecto modelito de fiesta de una pijaza de la calle Serrano! 😉

  7. O usted o yo, uno de los dos anda perdido, musikboy. No sé si entiendo lo que quieres decirme. La historia no va sobre leer a unos y no a otros (se lee lo que a uno le apetece y punto), sino sobre la necesidad de que seas tú mismo quien formes tu gusto estético sin necesidad de que te lleven constantemente de la mano. Por lo menos, no todo el tiempo. Va sobre el hecho de que casi cualquier cosa que se lea en clase provoca rechazo, ya que inmediatamente alcanza un status academicista del que, a lo mejor, carecería si uno se lo lee por su cuenta, no sé si me explico.
    Quiero decir: no se rechaza leer cualquier obra clásica por ser tal (dejando aparte la cuestión de la lejanía del modelo lingüístico, of course), sino por ser materia de clase y, encima, obligada. Si se mete a Kureishi, o a cualquier otro (Coupland, Easton Ellis, yo qué sé..), en el aula, estoy seguro de que su lectura también sería rechazada por muchos estudiantes, simplemente por ser: a) un libro, esto es, algo que leer; y b) obligatorio (para aprobar un examen, una evaluación o lo que sea). Ésa es la cuestión.
    Ya dije en otro sitio que dejaba aparte la cuestión estrictamente profesional: uno tiene un temario que dar, y está bien que así sea. ¡Qué horror si todo hubiera que darlo en clase! ¿Qué quedaría de esa parcelita privada de cada cual? Ya lo he dicho: mi gusto no tiene por qué coincidir con el de nadie más. Lo que sí que es importante conocer son las obras que conforman el canon estético más o menos unánimemente aceptado. Y no quiere decir conocer a B antes de llegar a C partiendo de A.
    Además, hay otro asunto: los padres tienen la extraña manía de consentir como lo más natural del mundo el que sus hijos vivan rodeados de imágenes de carácter sexual y de extremada violencia explícitos (los telediarios, las películas y series, los videojuegos…). No hay problemas. Sin embargo, no veas la que son capaces de montar si descubren que en el instituto alguien ha mandado a su tierno retoño leer un libro en el que aparezca cualquier cosa relacionada con la violencia, el sexo, las drogas y no digamos el rock’n’roll. No te quiero ni contar…
    Esto último es algo que, en el fondo, cuando ocurre, me encanta, porque demuestra que el poder de la palabra escrita sigue siendo más perturbador que el de la mera imagen.
    En definitiva, que se lea lo que a uno le salga de los ****, pero que se lea.

  8. Ah, pero ¿tengo estética punk? Me has llamado de todo ya, incluido “osito mimosín”, que no me he olvidado jajaja.
    Sí me interesa el punk, como muchos otros movimientos, lo que quería decir es que no simpatizo con el pensamiento de aquel entonces. No soy para nada tan radical 🙂

    un saludo.

  9. Lo cierto, Anna, es que Sid Vicious no llegó a los Pistols por tener carisma, sino porque era amigo de Johnny Rotten. Era un ser humano absolutamente lastimoso. Lo de convertirse en icono es algo sobrevenido; en todo caso, tenía “anticarisma”, si es que existe el concepto. Lo que pasa es que, como en tantos otros casos en la historia del rock, su muerte lo elevó a los altares. Y ahí sí surge el icono. Pero, allí donde esté, debe de estar descojonándose al pensar: “¿Un icono yo?”.

    Voy a contravenir lo que he escrito hace un rato (¡vivan las contradicciones!). Hay dos libros muy buenos que tratan de este periodo. Uno es de Francisco J. Satué y se titula simplemente Sex Pistols (Ed. Cátedra, 1996); el otro es un muy sesudo estudio sobre el movimiento punk y sus raíces culturales y políticas, pero con un título precioso (lo que decíamos antes): Rastros de carmín. Una historia secreta del siglo XX, Ed. Anagrama, 1993. Su autor, Greil Marcus, vivió en primera persona el nacimiento del punk y la formación de los Sex Pistols.

    Nos vemos pronto, joven-deudora-de-la-estética-punk-a-la-que-no-le-interesa-el-punk 😉

  10. Mmm… Creo que para llegar a C hay que salir de A y pasar por B… no sé, a lo mejor es muy lector-hembra (¿esto es machista?), según Cortázar… mmm… no sé si me estoy explicando. Iba sobre lo de leer a unos y no a otros, creo…

  11. Hola 🙂
    Gracias por avisar, Eduardo, que ya llevaba unos dias sin pasarme.

    Apoyo la idea de Raquel de leer ese tipo de literatura en clase jajaja, aunque también tienes mucha razón al decir que mucha gente (la gran mayoría), rechaza el hecho de leer en sí. Para muchos leer es igual a ser un empollón sabelodoto jajajaja.

    Bueno, hablando sobre el texto… Nunca he simpatizado demasiado con el movimiento punk, pero creo que fue una revolución… Necesaria quizás? Pienso que mucha gente se dio cuenta del significado de palabras como libertad (y seguramente, esas personas no eran los “locos” que acudían a los conciertos, ellos solo expresaban rabia y descontento)

    ah, solo una cosa más. 🙂
    Sid Vicious llegó a los Sex Pistols por el simple hecho de tener carisma y ofrecer a los seguidores del punk de esa época la locura que estaban buscando. Lo que se dice un icono. La verdad es que el pobre sabía mas bien poco de música, pero lo curioso es que es el integrante de la banda más famoso, cosas de la vida.

  12. Craso error, muy común además: el cantante de Sex Pistols era Johnny Rotten, no Sid Vicious. Éste era, o se suponía que era, el bajista. ¿Sabes que, encima de no saber tocar, llegó a salir al escenario tan colgado que los otros le desenchufaban el bajo para que no les jodiera la actuación y él ni se enteraba? Se pasaba el rato pensando que estaba tocando el bajo. El pobre.

  13. María Ayllón en dijo:

    Sí, lo sabía, pero no te puse lo de Pink Floyd por eso, sino porque como los mencionabas, por eso lo puse.

    Además por la descripcíón del cantante se nota que es Sid Vicious.

    A mí Pink Floyd ni me gusta ni me dejan de gustar, me aprendí la canción por el profesor, otro remedio no tenía, pero que por placer no.

    Nos vemos en clase

  14. Raquel:
    ¿Por qué necesitas que leamos a Kureishi en clase? Te puedo asegurar que, para la mayoría, sería tan aburrido como el Quijote. ¿Sabes por qué? Porque la gente a la que le gusta leer, y que está dispuesta a leer de todo, es muy poca; sin embargo, son muchos más aquéllos que rechazan la lectura y que no están dispuestos a leer nada, sea lo que sea. No es el libro en sí, o no es sólo el libro; es el simple hecho de leer. Da igual lo que sea.
    Por otra parte, acabas de recibir una información, ojalá que valiosa, sobre un autor al que no conocías y que a lo mejor te gusta (o a lo mejor no, quién sabe). Así que ya sólo tienes que seguir la pista. Por ti misma, por tus propios medios y por tus propias convicciones.

    María:
    Espero que hayas percibido el tono irónico de mi anterior comentario. Si el texto de Kureishi corresponde a algún grupo, no es precisamente a Pink Floyd, sino a los Sex Pistols: escuálidos, andrajosos, arrastrándose como cadáveres, escupiendo, cantante pelirrojo… La encarnación del “No future”.
    Por cierto, me deja preocupado el hecho de que no aclares si P.F. te gustan o no… No future (with Pink Floyd).

  15. María Ayllón en dijo:

    ¡Eduardo!

    Ya dije que me pasaría por aquí…

    He leído lo que has publicado arriba, y me ha gustado, me ha llamado la atención mejor dicho.

    Y nada ya me voy que estaba haciendo una pausa de estudio…

    Adiós

    P.D: yo conozco a Pink Floyd, mi profesor de guitarra me hizo aprenderme una canción de ellos.

  16. Heeey, Eduardoo! Otra vez me tienes por aquí y no sabes el trabajito que me cuesta escribirte los comentarios con todas las letras y tildes correctamente (el messenger y la mala costumbre de abreviar…)
    En fin, a lo que iba: por qué si Hanif Kureishi es un autor absolutamente imprescindible en la literatura actual no lo leemos a él? Porque vaya rollo con Cervantes!! Además seguro que es mas corto, je,je,je,je,je.

    Espero que puedas apreciar que me estoy leyendo los libros.

    Un besoo!!

  17. Sí… Creo que el grupo al que describe se llamaban Pink Floyd. O quizás eran Yes. Je, je, je… P**** hippies.
    Como solían decir Siniestro Total: “Matar hippies en las Cíes”.

  18. ¡Qué barbaridad!

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