Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

Más sobre el Beatus ille

Siguiendo con el beatus ille, incluso alguien de vida tan intensa y agitada como Lope de Vega manifiesta en algún momento el deseo de dejarlo todo para descansar:

Parezco un hombre opuesto
al cortesano, triste
por honras y ambiciones,
que de tantas pasiones
el corazón y el pensamiento viste,
porque yo sin cuidado
de honor con mi iguales vivo honrado.
Nací en aquesta aldea,
dos leguas de la corte,
y no he visto la corte en sesenta años,
ni plega a Dios la vea,
aunque el vivir me importe
por casos de fortuna tan extraños.
Estos mismos castaños,
que nacieron conmigo,
no he pasado en mi vida;
porque si la comida
y la casa, del hombre dulce abrigo,
adonde nace tiene,
¿qué busca, adónde va, ni adónde viene?
Ríome del soldado,
que como si tuviese
mil piernas y mil brazos, va a perdellos;
y el otro, desdichado,
que como si no hubiese
bastante tierra, asiendo los cabellos
a la Fortuna, y de ellos
colgado el pensamiento,
las libres mares ara,
y aun en el mar no para,
que presume también beber el viento.
¡Ay, Dios, qué gran locura
buscar el hombre incierta sepultura!

Quien así se expresa es Juan Labrador, prototipo del campesino conforme con su suerte y orgulloso de su destino, en el primer acto de El villano en su rincón (1617). Ya casi al final del segundo acto, el canto de unos músicos glosa la oda horaciana:

“¡Cuán bienaventurado
aquél
puede llamarse justamente,
que, sin tener cuidado
de la malicia y lengua de la gente
a la virtud contraria,
la suya pasa en vida solitaria!
Caliéntase el enero
alrededor de sus hijuelos todos,
a un roble ardiendo entero,
y allí contando de diversos modos
de la extranjera guerra,
duerme seguro y goza de su tierra.”

Uno que, sin embargo, parece muy a gusto con su vida y no envidia la suerte del que se aleja de todo es Quevedo, que se despacha a gusto en uno de sus romances (“Retirado de la Corte responde a la carta de un médico”):

Desde esta Sierra Morena,
en donde huyendo del siglo,
conventüal de las jaras
entre peñascos habito
[…] Oigo de diversas aves
las voces y los chillidos
que ni yo entiendo la letra,
ni el tono que Dios les hizo.

Encontramos este tópico en otros muchos autores desde el siglo XVII: Francisco de Rojas Zorrilla, Lupercio Leonardo de Argensola, Juan Meléndez Valdés, Leandro Fernández de Moratín, Ramón de Mesonero Romanos, etc. Si nos venimos al siglo XX, nos damos de bruces con él en “El silbo de afirmación en la aldea”, donde Miguel Hernández actualiza la visión horaciana de la urbe:

Yo me vi bajo y blando en las aceras
de una ciudad espléndida de arañas.
Difíciles barrancos de escaleras,
calladas cataratas de ascensores,
¡qué impresión de vacío!,
ocupaban el puesto de mis flores,
los aires de mis aires y mi río.
[…] Yo te tuve en el lejos del olvido,
aldea, huerto, fuente
en que me vi al descuido:
huerto, donde me hallé la mejor vida,
aldea, donde al aire y libremente,
en una paz meé larga y tendida.
[…] Iba mi pie sin tierra, ¡qué tormento!,
vacilando en la cera de los pisos,
con un temor continuo, un sobresalto,
que aumentaban los timbres, los avisos,
las alarmas, los hombres y el asfalto.
[…] Topado por mil senos, embestido
por más de mil peligros, tentaciones,
mecánicas jaurías,
me seguían lujurias y claxones,
deseos y tranvías.
[…] ¡Qué confusión! ¡Babel de las babeles!
¡Gran ciudad! ¡Gran demontre! ¡Gran puñeta!
[…] ¡Ay!, ¿dónde está mi cumbre,
mi pureza, y el valle del sesteo
de mi ganado aquel y su pastura?
Y miro, y sólo veo
velocidad de vicio y de locura.
Todo eléctrico: todo de momento.
Nada serenidad, paz recogida.
Eléctrica la luz, la voz, el viento,
y eléctrica la vida.
Todo electricidad: todo presteza
eléctrica: la flor y la sonrisa,
el orden, la belleza,
la canción y la prisa.

Tanta electricidad, tanta prisa, tanta miseria, que, parafraseándo al poeta, lo hacen volver a su huerto y a su higuera:

Haciendo el hortelano,
hoy en este solaz de regadío
de mi huerto me quedo.
No quiero más ciudad, que me reduce
su visión, y su mundo me da miedo.

Con estas citas he pretendido mostraros que éste del beatus ille es uno de los tópicos más cultivados en nuestra literatura; tanto es así que incluso tenemos nuestra propia formulación del mismo: se trata, en palabras de fray Antonio de Guevara, del tema del Menosprecio de corte y alabanza de aldea, título de su obra más celebrada. Aparecida en 1539, inmediatamente se convirtió en referencia de quienes celebraban las virtudes sencillas de la vida campesina y denostaban la turbulenta vida en la corte.

Espero que os haya sido de utilidad.

¡Ah! Y sí, Unicaja semifinalista de la ACB 🙂

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Un pensamiento en “Más sobre el Beatus ille

  1. Como dijo Horacio: ¡UU-NICA-JA!!

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