Cita en Hawaii

«A veces el amor tiene caricias frías, como navajas de barbero.»

Y ahora el Beatus ille

Otro de los tópicos más fecundos en literatura es el del “Beatus ille“, que expresa el anhelo estoico de alejarse de la agitación de la vida en la ciudad, con todo lo que conlleva de ambición, codicia, vanidad…, para refugiarse en la paz de la vida austera y siempre noble del campo, en contacto con la naturaleza y lejos de las opiniones e influencias de los demás. Tiene su origen, ¡cómo no!, en un poema de Horacio, el segundo de sus Épodos, que comienza con los famosos versos de los que se extrae la denominación del tópico:

Beatus ille qui procul negotiis,
ut prisca gens mortalium,
paterna rura bubus exercet suis
solutus omni faenore
neque excitatur classico miles truci
neque horret iratum mare
forumque vitat et superba civium
potentiorum limina.

Alfonso Cuatrecasas (Ed. Bruguera, 1984), a quien ya hemos acudido en otra ocasión, los traduce así:

Dichoso aquél que alejado de los negocios,
como la primitiva raza de los mortales,
trabaja el campo paterno con sus bueyes,
libre de toda usura
y no se despierta como el soldado con la fiera trompeta
ni teme al mar embravecido,
y evita el foro y las orgullosas puertas
de las ciudades demasiado poderosas.

Como estamos viendo en clase, este tópico encuentra su máxima expresión en nuestra literatura en la oda primera de fray Luis de León, “Vida retirada”:

¡Qué descansada vida
la del que huye el mundanal ruïdo
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!

Pero no es el único en nuestra lírica. Ya anteriormente, en el siglo XV, el marqués de Santillana, don Íñigo López de Mendoza, expresa el tópico en las coplas XVi y XVII de La Comedieta de Ponza:

XVI

¡Benditos aquellos que con el azada
sustentan su vida e viven contentos,
e, de cuando en cuando conocen morada
e sufren pascientes las lluvias e vientos!
Ca estos non temen los sus movimientos,
nin saben las cosas del tiempo pasado,
nin de las presentes se facen cuidado,
nin las venideras do han nascimientos.

XVII

¡Benditos aquellos que siguen las fieras
con las gruesas redes e canes ardidos,
e saben las trochas e las delanteras
e fieren del arco en tiempos debidos!
Ca estos por saña non son comovidos,
nin vana cobdicia los tiene subjectos;
nin quieren tesoros nin sienten defectos,
nin turban temores sus libres sentidos.

También lo encontramos en la Égloga II de Garcilaso de la Vega:

¡Cuán bienaventurado
aquél puede llamarse
que con la dulce soledad se abraza,
y vive descuidado
y lejos de empacharse
en lo que al alma impide y embaraza!
No ve la llena plaza
ni la soberbia puerta
de los grandes señores,
ni los aduladores
a quien la hambre del favor despierta;
no le será forzoso
rogar, fingir, temer y estar quejoso.

A la sombra holgando
de un alto pino o robre
o de alguna robusta y verde encina,
el ganado contando
de su manada pobre
que en la verde selva se avecina,
plata cendrada y fina
y oro luciente y puro
bajo y vil le parece,
y tanto lo aborrece
que aun no piensa que dello está seguro,
y como está en su seso,
rehuye la cerviz del grave peso.

Seguiremos con el tema. Ahora me voy a ver el Unicaja-Real Madrid. Nos vemos en un rato, espero que como semifinalistas de la ACB 😉

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