The Cure y Albert Camus: Rock y Literatura (VI)
Jueves. 22 Octubre, 2009 at 23:49 | In Literatura, Música | 12 CommentsTags: Albert Camus, El extranjero, Literatura, Música, No future, Novela, The Cure
Bueno, bueno, bueno.
Estrenamos hoy un nuevo capítulo de Rock y Literatura. Después de unos meses en barbecho, vuestra serie favorita regresa con más fuerza que nunca en su sexta entrega. En esta ocasión vamos a unir los nombres de dos de los grandes: los reyes siniestros por antonomasia, The Cure, y el Premio Nobel Albert Camus (1913-1960). Metámonos en faena con un breve apunte bio-bibliográfico del gran intelectual francés.
Albert Camus nació el 7 de noviembre de 1913 en Dréan (conocida en la época colonial como Mondovi), en Argelia, en el seno de una familia de humildes colonos franceses. Su padre muere durante la Primera Guerra Mundial, cuando el pequeño Albert aún no lleva ni siquiera un año in hac lachrymarum valle, y la madre arrambla con él hasta Argel. Estudia gracias a su maestro de la escuela primaria, Louis Germain (a quien siempre guardará eterna gratitud, hasta el punto de que, años después, le dedicará su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura), quien le da clases particulares de manera gratuita y le consigue una beca (aunque su familia hubiera preferido que el niño se pusiera a trabajar y se dejara de estudios ni zarandajas). Al acabar el bachillerato se diploma en Filosofía. Una tuberculosis le impide presentarse al examen de licenciatura.
Su primera obra, L’envers et l’endroit (El revés y el derecho), data de 1937. En esos años funda diversas compañías de teatro con las que recorre los pueblos representando obras de teatro clásico para los trabajadores. Por otro lado, se produce su abandono del Partido Comunista. Al comenzar la Segunda Guerra Mundial intenta alistarse como voluntario pero es excluido por culpa de su delicada salud.
En 1940 se casa y se traslada con su esposa a París, donde trabaja en el periódico Paris-Soir. En 1943 empieza a dirigir Combat, el periódico clandestino de la Resistencia francesa. Un año antes publica una de sus obras más importantes, L’étranger (El extranjero), que es la que hoy nos convoca a esta mesa. En 1944 inicia su amistad con Jean-Paul Sartre, uno de los popes del existencialismo francés. El 8 de agosto de 1945, dos días después de los hechos y uno antes de que Nagasaki sufriera idéntica tragedia, Camus clama en un célebre artículo contra el bombardeo nuclear de la ciudad japonesa de Hiroshima. Es el único de entre los intelectuales occidentales que lo hace. Camus logra sustraerse a la locura colectiva que se desató en el mundo para proclamar: «Il va falloir choisir, dans un avenir plus ou moins proche, entre le suicide collectif ou l’utilisation intelligente des conquêtes scientifiques.»
En 1952 se rompe su amistad con Sartre. Para entonces, Camus ya ha publicado algunas de sus obras fundamentales, como Caligula (Calígula, drama, 1944), La peste (La peste, novela, 1947), L’état de siège (Estado de sitio, drama, 1948) o L’homme révolté (El hombre rebelde, ensayo, 1951).
Paso por alto algunos episodios fundamentales de la biografía de Camus (su posición en la guerra franco-argelina, v.g., que hizo de él un apestado para los dos bandos en lucha). En 1956 publica La chute (La caída, novela) y al año siguiente, en 1957, recibe el Premio Nobel de Literatura. El 4 de enero de 1960 se mata en un accidente de coche. Fue enterrado en Lourmarin, un pueblecito del sur de Francia, donde descansan sus restos.
Situado al margen de las corrientes filosóficas de su tiempo (¡¡Anacharsis, ten piedad de mí por lo que pueda escribir a continuación!!), Camus se opuso tanto al cristianismo como al marxismo o el existencialismo. Cima de la conciencia moral del siglo XX ante una sociedad abocada al nihilismo (pensad en cómo quedó el mundo después de la Segunda Guerra Mundia, con las ciudades y los campos arrasados, los millones de muertos y el nuevo terror nuclear), el pensador francés luchó contra toda ideología que tendiera a corromper la esencia de lo humano, resistiéndose particularmente a la etiqueta de existencialista.
El pensamiento de Camus plantea una cuestión básica, el absurdo, ante la que sólo cabe oponer la rebelión. El absurdo nace del conflicto entre la necesidad humana de conocer su razón de ser y la ausencia de respuesta que el hombre obtiene del mundo en el que vive, cuyo sentido ignora por completo. El absurdo, vendrá a decir en El mito de Sísifo (1942), es la conciencia de la fractura entre el mundo y el espíritu. La manera de vivir el absurdo será, para Camus, la rebelión. La rebelión es conocer nuestro destino fatal y, sin embargo, enfrentarse a él. Es estar condenado a muerte pero negarse al suicidio.

«Aujourd'hui, maman est morte.»
La obra que hoy nos ocupa pasa por ser una de las más conocidas y, al mismo tiempo, polémicas de Albert Camus: L’étranger (El extranjero). Publicada en 1942, pronto se erige en uno de los clásicos fundamentales de la literatura del siglo XX (los franceses, tan modestos siempre, la eligieron en una encuesta el mejor libro del pasado siglo). Se trata de una de esas obras que no cesan de generar todo tipo de interpretaciones, debates y opiniones, no siempre a favor, of course. Su argumento es el siguiente:
Meursault, un hombre gris que lleva una existencia igualmente gris en un Argel aún francés, recibe un telegrama que le comunica la muerte de su madre. Fastidiado por la alteración de su rutina diaria que ello representa, se traslada hasta la residencia en la que ha fallecido la anciana, a un puñado de kilómetros de la ciudad. Allí asiste a los ritos funerarios sin demostrar la pena que se supone que aflige a un hijo que acaba de perder a su anciana madre. Al contrario, se muestra más bien indiferente, cuando no claramente molesto:
«Estaba fatigado. El portero me condujo a su habitación y pude arreglarme un poco. Tomé café con leche, que estaba muy bueno. Cuando salí era completamente de día. Sobre las colinas [...] el cielo estaba arrebolado. Y el viento traía olor a sal. Se preparaba un hermoso día. Hacía mucho que no iba al campo y sentía el placer que habría tenido en pasearme de no haber sido por mamá.» (pág. 17; cito por la novena edición de Alianza Ed., Madrid, 1979; la traducción es de Bonifacio del Carril. Las negritas son mías, as usual).
De vuelta en Argel, aprovecha los días que tiene de permiso para ir a la playa. Nada parece conmoverlo («Nunca se es completamente desgraciado», pág. 132). Traba algo parecido a la amistad con Raymond, un proxeneta que vive en su mismo edificio y que sostiene una terrible discusión con una de las prostitutas musulmanas a las que explota, y a la cual acaba apaleando brutalmente. Pasan los días y son todos iguales, como igual es la indiferencia de Meursault, incapaz no ya de sentir, sino ni siquiera de expresar o manifestar el mínimo sentimiento por nada o por nadie (cuando María, la chica con la que suele salir, le pregunte si quiere casarse con ella, su respuesta será: “Dije que me era indiferente y que podríamos hacerlo si lo quería“, pág. 52).
En el capítulo que cierra la primera de las dos partes de que consta el libro, la voz de Meursault cuenta que Raymond, María y él se dirigen a la playa a pasar el día. Hasta allí los sigue un grupo de tres árabes entre los que se encuentra el hermano de la prostituta a la que Raymond había maltratado. Se reúnen con Masson, un amigo del proxeneta, y los tres hombres caminan por la playa, hasta que se encuentran con los árabes. La pelea es inevitable, y Raymond, herido, es llevado al hospital por los otros. Cuando salen, vuelven a la playa y Meursault, bajo un sol de justicia -omnipresente en la novela-, sale otra vez a pasear. Porta consigo el revólver de Raymond, que se lo había dado antes de la primera pelea. Se tropieza nuevamente con el árabe que había herido a Raymond:
«Pensé que me bastaba dar media vuelta y todo quedaría concluido. Pero toda una playa vibrante de sol apretábase detrás de mí. Di algunos pasos hacia el manantial. El árabe no se movió. A pesar de todo, estaba todavía bastante lejos. Parecía reírse, quizá por el efecto de las sombras sobre el rostro. Esperé. El ardor del sol me llegaba hasta las mejillas y sentí las gotas de sudor amontonárseme en las cejas. Era el mismo sol del día en que había enterrado a mamá y, como entonces, sobre todo me dolían la frente y todas las venas juntas bajo la piel. Impelido por este ardor que no podía soportar más, hice un movimiento hacia adelante. Sabía que era estúpido, que no iba a librarme del sol desplazándome un paso. Pero di un paso, un solo paso hacia adelante. Y esta vez, sin levantarse, el árabe sacó el cuchillo y me lo mostró bajo el sol. La luz se inyectó en el acero y era como una larga hoja centelleante que me alcanzara en la frente. En el mismo instante el sudor amontonado en las cejas corrió de golpe sobre mis párpados y los recubrió con un velo tibio y espeso. Tenía los ojos ciegos detrás de esta cortina de lágrimas y de sal. No sentía más que los címbalos del sol sobre la frente e, indiscutiblemente, la refulgente lámina surgida del cuchillo, siempre delante de mí. La espada ardiente me roía las cejas y me penetraba en los ojos doloridos. Entonces todo vaciló. El mar cargó un soplo espeso y ardiente. Me pareció que el cielo se abría en toda su extensión para dejar que lloviera fuego. Todo mi ser se distendió y crispé la mano sobre el revólver. El gatillo cedió, toqué el vientre pulido de la culata y allí, con el ruido seco y ensordecedor, todo comenzó. Sacudí el sudor y el sol. Comprendí que había destruido el equilibrio del día, el silencio excepcional de una playa en la que había sido feliz. Entonces, tiré aún cuatro veces sobre un cuerpo inerte en el que las balas se hundían sin que se notara. Y era como cuatro breves golpes que daba en la puerta de la desgracia.» (págs. 71-72)
La segunda parte se centra en el procesamiento al que es sometido un Meursault que debe rendir cuentas de su crimen ante la justicia y que sigue mostrándose indiferente ante todo lo que lo rodea: interrogatorios, abogado defensor, juez, testigos… Nada parece alterar su profundo hastío, el cual, no obstante, será uno de los instrumentos que, ante el tribunal, el fiscal usará más eficazmente en contra del reo, hasta el punto de que el propio Meursault reparará, durante el juicio, en que pesa más su condición de mal hijo que el crimen que ha cometido. También constatará que él, en cuanto reo, apenas importa para una maquinaria judicial puesta en marcha de manera inexorable:
«En cierto modo parecían tratar el asunto prescindiendo de mí. Todo se desarrollaba sin mi intervención. Mi suerte se decidía sin pedirme opinión.» (págs. 114-115)
Una maquinaria perversa capaz de tornar en agravante lo que fuera de una sala de tribunal sería considerado una virtud digna de encomio:
«Yo escuchaba y oía que se me juzgaba inteligente. Pero no comprendía bien cómo las cualidades de un hombre común podían convertirse en cargos aplastantes contra un culpable.» (págs. 116-117)
La lucidez con que afronta cuanto le está ocurriendo termina por devolver a Meursault a su anterior indiferencia:
«Me subió entonces a la garganta toda la inutilidad de lo que estaba haciendo en ese lugar, y no tuve sino una urgencia: que terminaran cuanto antes para volver a la celda a dormir.» (pág. 122)
Condenado a morir en la guillotina, fantasea en su celda con la idea de escapar o de recibir un indulto que nunca llega. Se niega a recibir confesión y rechaza cualquier intento de consuelo por parte del capellán:
«Y su voz tampoco vaciló cuando me dijo: “¿No tiene usted, pues, esperanza alguna y vive pensando que va a morir por entero?” “Sí”, le respondí.
Bajó entonces la cabeza y volvió a sentarse. Me dijo que me compadecía. Juzgaba imposible que un hombre pudiese soportar esto. Yo sentí solamente que él comenzaba a aburrirme.» (pág. 137)
Ante la insistencia del sacerdote, Meursault termina por estallar en un arrebato de ira en el que, por fin, muestra sus sentimientos:
«Entonces, no sé por qué, algo se rompió dentro de mí. Me puse a gritar a voz en cuello y lo insulté y le dije que no rogara y que más le valía arder que desaparecer. Lo había tomado por el cuello de la sotana. Vaciaba sobre él todo el fondo de mi corazón con impulsos en que se mezclaban el gozo y la cólera. Parecía estar tan seguro, ¿no es cierto? Sin embargo, ninguna de sus certezas valía lo que un cabello de mujer. Ni siquiera estaba seguro de estar vivo, puesto que vivía como un muerto. Me parecía tener las manos vacías. Pero estaba seguro de mí, seguro de todo, más seguro que él, seguro de mi vida y de esta muerte que iba a llegar. Sí, no tenía más que esto. Pero, por lo menos, poseía esta verdad, tanto como ella me poseía a mí. Yo había tenido razón, tenía todavía razón, tenía siempre razón. Había vivido de tal manera y hubiera podido vivir de tal otra. Había hecho esto y no había hecho aquello. No había hecho tal cosa en tanto que había hecho esta otra. ¿Y después? Era como si durante toda la vida hubiese esperado este minuto… y esta brevísima alba en la que quedaría justificado. Nada, nada tenía importancia, y yo sabía bien por qué. También él sabía por qué. Desde lo hondo de mi porvenir, durante toda esta vida absurda que había llevado, subía hacia mí un soplo oscuro a través de los años […] ¡Qué me importaban la muerte de los otros, el amor de una madre! ¡Qué me importaban su Dios, las vidas que uno elige, los destinos que uno escoge, desde que un único destino debía de escogerme a mí y conmigo a millares de privilegiados que, como él, se decían hermanos míos! ¿Comprendía, comprendía pues? Todo el mundo era privilegiado. No había más que privilegiados. También a los otros los condenarían un día. También a él lo condenarían. ¿Qué importaba si acusado de una muerte lo ejecutaban por no haber llorado en el entierro de su madre? [...] Me ahogaba gritando todo esto. Pero ya me quitaban al capellán de entre las manos y los guardianes me amenazaban. Sin embargo, él los calmó y me miró en silencio. Tenía los ojos llenos de lágrimas. Se volvió y desapareció.» (págs. 140-142)
Agotado, ya sólo le queda esperar a que amanezca para que todo concluya. Las palabras que cierran el libro son sobrecogedoras:
«En cuanto salió, recuperé la calma. Me sentía agotado y me arrojé sobre el camastro. Creo que dormí porque me desperté con las estrellas sobre el rostro. Los ruidos del campo subían hasta mí. Olores a noche, a tierra y a sal me refrescaban las sienes. La maravillosa paz de este verano adormecido penetraba en mí como una marea. En ese momento y en el límite de la noche, aullaron las sirenas. Anunciaban partidas hacia un mundo que ahora me era para siempre indiferente. Por primera vez desde hacía mucho tiempo pensé en mamá. […] Allá, allá también, en torno de ese asilo en el que las vidas se extinguían, la noche era como una tregua melancólica. Tan cerca de la muerte, mamá debía de sentirse allí liberada y pronta para revivir todo. Nadie, nadie tenía derecho de llorar por ella. Y yo también me sentía pronto a revivir todo. Como si esta tremenda cólera me hubiese purgado del mal, vaciado de esperanza, delante de esta noche cargada de presagios y de estrellas, me abría por primera vez a la tierna indiferencia del mundo. Al encontrarlo tan semejante a mí, tan fraternal, en fin, comprendía que había sido feliz y que lo era todavía. Para que todo sea consumado, para que me sienta menos solo, me quedaba esperar que el día de mi ejecución haya muchos espectadores y que me reciban con gritos de odio.» (págs. 142-143)
Si habéis llegado hasta aquí, os estaréis preguntando qué tiene esto que ver con The Cure. Bien.
Me imagino que muchos de vosotros ya habréis ido a ver He’s just not that into you, una película que se exhibe estos días en nuestros cines y que algún lumbrera de los que tan sobrados andamos en España ha rebautizado como Qué les pasa a los hombres (dirigida por Ken Kwapis e interpretada por Jennifer Aniston, Ben Affleck, Drew Barrymore y Jennifer Connelly, entre otros).
Voy a suponer también que sabéis que la banda sonora de esta película incluye «Friday, I’m in love», uno de los grandes éxitos de la carrera de The Cure. Es la que han usado en el tráiler, y era la primera canción de la cara A del segundo disco del doble LP Wish (1992). ¡Toma ya!
Lo que a lo mejor ya no sabéis es que el primer single que publicaron The Cure, allá por diciembre de 1978, se titulaba «Killing an arab» y estaba directamente inspirado por L’étranger, la novela de Camus de la que acabamos de hablar.
Como en el caso de la novela, la canción (que no fue incluida en el primer LP de la banda) se vio envuelta en la polémica desde el primer momento. Si aquélla fue objeto de innumerables discusiones por la aparente falta de humanidad de su protagonista, ésta otra fue acusada de racismo y de incitación al odio.
Standing on a beach
With a gun in my hand
Staring at the sea
Staring at the sand
Staring down the barrel
At the arab on the ground
I see his open mouth
But I hear no soundI’m alive
I’m dead
I’m the stranger
Killing an arabI can turn and walk away
Or I can fire the gun
Staring at the sky
Staring at the sun
Whichever I choose
It amounts to the sameAbsolutely nothing
I’m alive
I’m dead
I’m the stranger
Killing an arabI feel the steel butt jump
Smooth in my hand
Staring at the sea
Staring at the sand
Staring at myself
Reflected in the eyes of
The dead man on the beachThe dead man
On the beachI’m alive
I’m dead
I’m the stranger
Killing an arab
No hay que ser muy listo para darse cuenta de con cuánta fidelidad evoca Robert Smith la escena del asesinato en la playa, que era justamente lo que pretendía. En 1991 declaró que la letra de la canción «was a short poetic attempt at condensing my impression of the key moments in L’Étranger (The Stranger) by Albert Camus». No parece que tuviera intención de atizar hoguera alguna. Sin embargo…
Vivimos unos tiempos en que a cualquier descerebrado le resulta sumamente fácil invocar presuntas intenciones injuriosas, difamatorias o ridiculizantes contra cualquier colectivo supuestamente marginado, ofendido o secularmente humillado. Ésas hogueras sí son fácilmente atizables, y pobrecito de ti si te ves en una de ellas, porque los guardianes de la corrección política imperante harán que desees no haber nacido. En el caso de la canción del grupo de Crawley, la cosa llegó a tal punto de estupidez que se vieron impelidos a poner una pegatina de advertencia en contra de la interpretación xenófoba de la canción en el disco recopilatorio que la contenía (Standing on a beach, 1986). Peor aún: hoy en día, cuando la banda toca la canción en directo, Robert Smith sustituye el verso «Killing an arab» por… ¡¡«Killing another» o «Kissing an arab»!!
En fin…
Por lo demás, desconozco si, cuando grabaron «Killing an arab», allá en los albores del movimiento punk, los miembros de The Cure eran conscientes de que estaban vinculando su nombre al del primer autor que enunción claramente el lema punk por excelencia.
¿Perdón? ¿Has dicho…?
Sí, en efecto, he dicho que la primera formulación del «No future» que los punkies escupieron con rabia sobre la sociedad británica de finales de los setenta se la debemos precisamente a Albert Camus, quien, en El mito de Sísifo. Ensayo sobre el absurdo (1942), dejó escrito:
«L’absurde m’éclaire sur ce point: il n’y a pas de lendemain. Voici désormais la raison de ma liberté profonde.»
Que viene a decir, sobre chispa más o menos:
«El absurdo me aclara este aspecto: no hay mañana. He aquí, de ahora en adelante, la razón de mi libertad profunda.»
No hay mañana: No future, avant la lettre.
Gracias por haber llegado hasta aquí. Aloha.
12 comentarios »
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Aunque no dejo comentarios, me paso por aquí, no te olvido
Espero que el curso haya empezado bien y que te estén tratando decentemente, porque si no, se las tendrán que ver conmigo.
Aquí ya estoy un poco agobiada, prácticas a mogollones, pero esto es lo que hay…
Hace poco menos de una semana me estuve repitiendo “quiero volver a bachillerato”… pero no conseguí teletransportarme, otra vez será.
Se os echa de menos a todos y cada uno (a ti sobre todo, lo sabes). Un besazo.
Comment por anna — Viernes. 23 Octubre, 2009 #
Jo, qué cosas más bonitas me dices… Uuuuf!!
Yo también me paso de vez en cuando por la banda sonora de tu sonrisa, pero hace tiempo que no hay movimientos. Sé que tienes que estar ocupadísima en estas primeras semanas de curso, pero… ¿Para cuándo una crónica madrileña comme il faut?
Otro beso para ti y no olvides que en Hawaii hay una placita en la que siempre brilla el sol y que lleva tu nombre
Comment por Eduardo — Viernes. 23 Octubre, 2009 #
Nihil obstat:
Muy curioso que El extranjero haya inspirado una canción y, remotamente, el lema “No future”. En la novela, Albert Camus saca una consecuencia criminal del sentimiento de lo absurdo. Sentimiento que tiene para él una raíz más vital que intelectual. Así, inicia El mito de Sísifo con esta contundente afirmación: “No hay más que un problema filosófico verdaderamente serio: el suicidio.”
La “carencia de sentido” del mundo no pasaría de ser un problema estrictamente lógico si no hubiera que vivir en él, actividad que consiste fundamentalmente en esforzarse en algo (subir la piedra a lo alto de la montaña), de manera continua y probablemente inútil.
La rebelión, entonces, adquiere un carácter fundamentalmente moral, puesto que no tiene otra finalidad (ni, por tanto, otra recompensa) que la de rechazar el absurdo. Su alcance, en la práctica, dependerá de las circunstancias y del carácter de cada uno, pero la actitud es en todos los casos la misma.
Hasta aquí la filosofía. Gracias. En cuanto a “killing or not killing an arab”, y desde la absoluta incultura musical (para mí la Cabalgata de las Valquirias y Mi jaca son todo lo mismo: puro ruido), dos cosas:
1. Con todos los respetos, una cosa es decir “no hay futuro” en la Francia de 1942 (y, sin embargo, “Combatir”…), y otra muy distinta cantarlo en la Inglaterra de 1976. Y con esos pelos. Dónde vamos a parar.
2. No obstante, las canciones son sólo canciones, y mientras a uno no lo obliguen a escucharlas (afortunadamente, The Cure no es un “hit” de las verbenas populares y otros eventos municipales), cada uno puede cantar lo que le parezca. Lo mismo rige para los chistes, las adivinanzas, los cuentos y los poemas que se recitan al pie de una ventana (mientras no se haga con megáfono): sólo su destinatario puede juzgarlos.
In memoriam Albert Camus, muerto en accidente de automóvil el 4 de enero de 1960, irónicamente, días después de haber dicho que ésta era, en su opinión, una de las formas de morir más estúpidas. Efectivamente: el coche lo conducía otro, y se estrellaron contra un plátano.
Para escuchar una entrevista a Albert Camus, difundida por Radio Canadá al día siguiente de su fallecimiento: http://archives.radio-canada.ca/c_est_arrive_le/01/04/
Comment por piolincatorce — Sábado. 24 Octubre, 2009 #
Lo de la inspiración del lema “No future” es una idea mía que no he contrastado en ningún otro sitio que no sea mi mera intuición. Es una de esas piscinas en las que, de vez en cuando, me gusta tirarme de cabeza antes de haber comprobado si contiene agua.
La explicación filosófica, perfecta. Lo de distinguir entre la Francia del 42 y la Inglaterra del 76, ya no lo veo tan claro.
Es evidente que en un caso hablamos de un país, de un continente, en guerra (sin olvidar que se trataba de un país cobardemente entregado en brazos de Hitler, ejem, ejem…), con toda la carga de tragedia individual y colectiva que ello acarrea. Pero no lo es menos que el panorama que debía divisarse en la lontananza de la sociedad inglesa -europea, por extensión- post-crisis del petróleo del 73 tampoco debía ser excesivamente halagüeño, y menos aún teniendo diecisiete o dieciocho años de edad. Y lo único que pretendo indicar es que, a pesar de la enorme distancia (de tiempo, de intenciones, de conciencia, de formación intelectual) que separan al uno de los otros, lo cierto es que llegaron a la misma conclusión. No sé si existe la vinculación que propongo, pero, desde luego y desde un punto de vista meramente intelectual, es divertido reparar en ella y señalarla con el dedito impertinente. ¿O no?
Un abrazo, compadre.
P.S.: Aquí, es evidente que no, pero te puedo asegurar que allí The Cure son mucho más que un “hit” de verbena popular: ten presente que allí entienden lo que dice la letra y que, encima, tienen una población inmigrante muchísimo más numerosa -y desde hace muchísimo más tiempo- que nosotros. Y una cancioncita así podía despertar algún que otro mal instinto.
Comment por Eduardo — Sábado. 24 Octubre, 2009 #
Ya lo entendí, creo. Y en cuanto a compartir hallazgos (o que parezcan tales), te ofrezco éste: No conocía la existencia de la palabra “MOTOGUADAÑA” hasta que la vi impresa en un cartel (de los buenos, de metacrilato y con unos neones por dentro) que alguien ha colgado con la sana intención de vender maquinaria de jardín.
Aunque no figura en el D.R.A.E., sí perdura en el plástico publicitario, e incluso ha cruzado el Atlántico con buena fortuna (por el Imperio hacia el césped): en Argentina se vende una motoguadaña “con sistema antivibratorio de 4 puntos, cinturón de porte para un trabajo seguro sin fatiga y efecto de autolimpieza.” Así, cualquiera, che.
¿Cuáles serán las consecuencias de su introducción en nuestra Cultura? En cuanto al cine, está claro que una Matanza de Las Abuzaderas (pedanía de Albacete, con 42 habitantes, a los que desde aquí mando un cariñoso saludo), hecha con motoguadaña, no tiene nada que envidiar (más bien al contrario) a una Matanza de Texas con vulgar motosierra. Para terminar, ¿qué no habrían hecho con este artefacto un Buero Vallejo (Historia de una motoguadaña), un García Lorca (Bodas de Alfalfa) o un Valle-Inclán (Retablo de la avaricia, la lujuria y la motoguadaña)?
(Y en manos de Ingmar Bergman, ni te cuento; pero ése es sueco).
Un cordial saludo.
Comment por anacharsis — Domingo. 25 Octubre, 2009 #
Chapeau!!
(En estos momentos, soy incapaz de ofrecer otra respuesta más ingeniosa. Lo siento. Llevo todo el fin de semana corrigiendo exámenes de 1º bachillerato y se me ha quedado el ingenio atrofiado de leer barbaridades. A ver si termino y me recupero un poco, pongo las meninges a trabajar y, cuanto menos, intento llegar a la altura de tu sombra. Un abrazo, caro amico).
Comment por Eduardo — Domingo. 25 Octubre, 2009 #
Eduardo!
¿Qué tal todo? Supongo que como siempre, clases, alumnos, exámenes… Me gustaría pasarme por el instituto a hacer una visita… Pero es que no puedo faltar a clase (no falté a ninguna y ya hace un mes…), me volví aplicada, y me tomo las cosas muy en serio, a veces demasiado.
Vaya, que no me reconocerías, jeje. Supongo que ya para cuando me corten las clases para hacer los exámenes me pasaré a saludarte, que tengo muchas ganas.
Por cierto, siempre que tengo que hacer algo de guion me acuerdo de ti.
Comment por María — Miércoles. 28 Octubre, 2009 #
Bueno, no te preocupes por las visitas, sino por seguir tan aplicadita, que ya me lo ha contado un pajarito esta mañana. Me alegra mucho saber que te gusta lo que estás haciendo, ya era hora.
Y sobre lo de la inspiración, procura no acordarte mucho de mí, no creo que yo sea el mejor ejemplo posible
Un abrazo, Mai.
Comment por Eduardo — Jueves. 29 Octubre, 2009 #
¡Hola!
Me ha encantado, la verdad es que me sorprendió mucho ver el título y leer en él: The Cure. Sinceramente no es que haya visto mucho sobre ellos en ninguna parte; y también el libro, libro que tendré en mi lista para que la próxima vez sea uno de los que tenga en mente a la hora de comprar un nuevo libro, o de ir a la biblioteca a por él.
Seguiré dando una vuelta por Hawaii.
Un saludo.
Comment por Victoria Curtin 1ºB — Jueves. 29 Octubre, 2009 #
Victoria:
Me alegra saber que te ha resultado interesante el post. Y más si me dices que éste ha conseguido su objetivo, que no es otro que picaros la curiosidad por los libros utilizando el señuelo de la música. Es una gran satisfacción, gracias.
Y ya sabes, vuelve cuando quieras: Hawaii nunca cierra sus fronteras
Comment por Eduardo — Viernes. 30 Octubre, 2009 #
Qué modo tan original de fomentar la literatura. Y la elección de Camus, espléndida. Uno de los autores que más me ha emocionado y me emociona. Un lenguaje perfecto que aspiro rozar con tiempo y la sabiduria. Aunque probablemente no pase de un simple anhelo. Enhorabuena por tu blog. Te invito a que visites mi pagina de relatos crómaticos, un blog personal de arte y cultura. Un saludo.
http://www.conchahuerta.wordpress.com
Comment por Concha Huerta — Martes. 10 Noviembre, 2009 #
Gracias por tus palabras de ánimo, Concha, eres muy amable. Eso da fuerzas para seguir con este jaleo.
Prometo devolverte la visita muy pronto.
Aloha.
Comment por Eduardo — Martes. 10 Noviembre, 2009 #