Y los mejores para El Cultural
Miércoles. 31 Diciembre, 2008 at 18:08 | In Literatura | 3 CommentsTags: El Cultural, Literatura, The Feeling, Veuve Clicquot
Ya os lo dije: pocas coincidencias entre los libros seleccionados por Babelia (ver aquí) y los que hoy proclama la revista El Cultural en su resumen de lo mejor de 2008: Los frutos de la niebla, de Luis Mateo Díez (Alfaguara), y La ninfa inconstante, de Guillermo Cabrera Infante (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores), en el terreno de la ficción, y el ensayo Vida y tiempo de Manuel Azaña, de Santos Juliá (Taurus). Sólo tres de un total de sesenta títulos aportados por los unos y por los otros.
Ésta es la lista de El Cultural. En la categoría de «Libros de ficción»:
- David Trueba, Saber perder, Anagrama.
- Luis Mateo Díez, Los frutos de la niebla, Alfaguara.
- Carlos Fuentes, La voluntad y la fortuna, Alfaguara.
- Isaac Rosa, El país del miedo, Seix Barral.
- Ignacio Martínez de Pisón, Dientes de leche, Seix Barral.
- Daniel Sada, Casi nunca, Anagrama.
- José María Merino, Las puertas de lo posible, Páginas de Espuma.
- Guillermo Cabrera Infante, La ninfa inconstante, Galaxia Gutenberg.
- Julián Ríos, Cortejo de sombras, Galaxia Gutenberg.
- José Antonio Garriga Vela, Pacífico, Anagrama.
En la categoría de «Libros de no ficción»:
- Antonio Morales Moya, En el espacio público. Ensayos historiográficos, Universidad de Salamanca.
- Santos Juliá, Vida y tiempo de Manuel Azaña, Taurus.
- Ángel Viñas, El honor de la República, Crítica.
- Juan José Sebreli, Comediantes y mártires, Debate.
- Jordi Gracia, La vida rescatada de Dionisio Ridruejo, Anagrama.
- Arcadi Espada, Periodismo práctico, Espasa.
- Helena Béjar, La dejación de España, Katz.
- Jorge Vilches, Liberales de 1808, Gota a gota.
- Edurne Uriarte, Contra el feminismo, Espasa.
- Jorge M. Reverte, La furia y el silencio, Espasa.
En fin, como dirían nuestras madres: para los gustos se inventaron los colores. Yo voy aprovechar para despedirme hasta el año próximo. Muchas gracias a todos los que durante este 2008 de Dios habéis dedicado un ratito de vuestras vidas a pasear por Hawaii y a charlar conmigo. Mis mejores deseos están con vosotros. Feliz Año Nuevo.
Suena «Rose», de The Feeling (Twelve stops & home, 2006), y la Veuve Clicquot está puesta a enfriar.
Nos vemos el año que viene.
Los libros del año, según Babelia
Domingo. 28 Diciembre, 2008 at 14:02 | In Literatura | 2 CommentsTags: Alessandro Manzoni, Babelia, Harold Pinter, Ippolito Nievo, Literatura
Además de a los empachos, estas fechas son propicias a los inventarios. Acaba el año y se hace balance de lo que nos ha dejado. El mundo de los libros no sólo no es ajeno a esta costumbre, sino que parece especialmente inclinado a ella. No hay publicación que se precie que no elabore su propia relación de los mejores libros del año. Ayer sábado se publicó una de las más influyentes en el ámbito hispánico, la de Babelia, el suplemento artístico-literario del periódico El País.
Los diez libros más importantes de 2008, según Babelia, han sido:
- Ian McEwan, Chesil Beach, Anagrama.
- Rafael Sánchez Ferlosio, God & Gun: Apuntes de polemología, Destino.
- Philip Roth, Sale el espectro, Mondadori.
- Cristina Fernández Cubas, Todos los cuentos, Tusquets.
- Giani Stuparic, La isla, Minúscula.
- Patrick Modiano, En el café de la juventud perdida, Anagrama.
- Alice Munro, La vista desde Castle Rock, RBA.
- Sieg Larsson, Millenium I y II, Destino.
- Mario Vargas Llosa, El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlso Onetti, Alfaguara.
- José-Miguel Ullán, Ondulaciones. Poesía reunida (1968-2007), Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.
En este enlace podéis leer un artículo sobre el primero de la lista, y aquí otro dedicado al resto. Pero parece que diez libros no fueran suficientes para dar cuenta de lo publicado a lo largo del año, así que, por el mismo precio, nos regalan otra lista más completita, por géneros:
Novelas en español:
- Juan José Saer, La grande, RBA.
- Luis Mateo Díez, Los frutos de la niebla, Alfaguara.
- Guillermo Cabrera Infante, La ninfa inconstante, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.
- Gonzalo Hidalgo Bayal, Campo de amapolas blancas, Tusquets.
- Ricardo Menéndez Salmón, Derrumbe, Seix Barral.
Novelas extranjeras:
- Ian McEwan, Chesil Beach, Anagrama.
- Philip Roth, Sale el espectro, Mondadori.
- Giani Stuparic, La isla, Minúscula.
- Patrick Modiano, En el café de la juventud perdida, Anagrama.
- Junot Díaz, La maravillosa vida breve de Óscar Wao, Mondadori.
Relatos:
- Cristina Fernández Cubas, Todos los cuentos, Tusquets.
- Alice Munro, La vista desde Castle Rock, RBA.
- Haroldo Conti, Cuentos completos, Bartleby.
- Kjell Askildsen, Desde ahora te acompañaré a casa, Lengua de Trapo.
- Guy de Maupassant, Cuentos esenciales, Mondadori.
Novela policiaca:
- Sieg Larsson, Millenium I y II, Destino.
- Fred Vargas, La tercera virgen, Siruela.
- Henning mankell, El chino, Tusquets.
- Michael Connely, Crónicas de sucesos, Ediciones B.
- Leonardo Sciascia, El día de la lechuza, Tusquets.
Poesía:
- José-Miguel Ullán, Ondulaciones. Poesía reunida (1968-2007), Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.
- Sylvia Plath, Poesía completa, Bartleby.
- Wallace Stevens, La roca, Lumen.
- Pere Gimferrer, Tornado, Seix Barral.
- Olvido García Valdés, Esa polilla que delante de mí revolotea, Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores.
Ensayo:
- Rafael Sánchez Ferlosio, God & Gun: Apuntes de polemología, Destino.
- Mario Vargas Llosa, El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlso Onetti, Alfaguara.
- George Steiner, Los libros que nunca he escrito, Siruela.
- Santos Juliá, Vida y tiempo de Manuel Azaña, Taurus.
- Tony Judt, Sobre el olvidado siglo XX, Taurus.
Diarios, correspondencia, memorias:
- Enrique Vila-Matas, Dietario voluble, Anagrama.
- Lev Tolstoi, Correspondencia, El Acantilado.
- Ippolito Nievo, Las confesiones de un italiano, El Acantilado.
- Sandor Marai, Diarios 1984-1989, Salamandra.
- Katherine Mansfield, Diarios, Lumen.
Autores rescatados:
- Rebecca West, El regreso del soldado, Hercé.
- Wolfgang Hildesheimer, Tynset, Olivo Azul.
- William Gaddis, Ágape se paga, Sexto Piso.
- Wallace Stegner, En lugar seguro, Libros del Asteoride.
- Robert Browning, El anillo y el libro, La Otra Orilla.
Lo curioso de esta costumbre es que las listas de los distintos periódicos y/o revistas nunca coinciden entre sí, o casi nunca. Si la intención es señalar al lector aquellos títulos cuya importancia (por calidad literaria y lingüística, por significación u oportunidad históricas, por acontecimiento, aniversario o efemérides), cabe preguntarse entonces cómo es que casi nunca hay unanimidad a la hora de indicar lo imprescindible, como ocurre en campos como el deporte, en que el consenso acerca de los hitos más significativos suele ser la norma, y no la excepción.
Además de las evidentes razones políticas (me podría poner las botas con esta lista de Babelia) y económicas (al fin y al cabo, éste de los libros no es más que un negocio como otro cualquiera, por mucho que quiera disfrazarse de actividad cultural), es palmario que el componente de subjetividad alcanza aquí una trascendencia mayor. Una vez al año somos buenos y nos creemos a pies juntillas que las listas las hacen personas (críticos literarios y, en ocasiones, lectores) a las que se les pide su opinión sobre los libros que más les han gustado, influido, sorprendido…, y no creo que seamos capaces de encontrar nada más subjetivo que una opinión. Veréis cómo, o mucho me equivoco, o la lista de la revista El Cultural, por ejemplo, tiene poco que ver con ésta. El miércoles 31 de diciembre, cuando se publique, saldremos de dudas.
Paréntesis: digo que somos buenos y nos creemos que la lista ha sido elaborada por gente que ha leído los libros y luego ha opinado en consecuencia. Acto de fe que no se corresponde con la realidad. Señores de Babelia: ¿podría alguien explicar qué coño hace la obra de Ippolito Nievo en el apartado «Diarios, correspondencia, memorias»? Le confessioni di un italiano es, junto a I promessi sposi, de Alessandro Manzoni, una de las dos grandes novelas de la literatura italiana del siglo XIX. Se nota que sí, que conocen los libros que reseñan, los muy ca**ones. Fin del paréntesis.
Mientras tanto, vuelvo a constatar que, como dice mi madre, siempre he sido muy raro: de todos los libros reseñados en este post, sólo me ha interesado a lo largo del año el de Sylvia Plath, a la que ya le dediqué su espacio hace unos meses (pincha aquí). Ya no siento la urgencia juvenil de estar absolutamente al tanto de todo lo que se publica para demostrar que estoy a la última; de esa fiebre hace ya mucho que me curé, en el momento en que me di cuenta de que era absolutamente imposible: no hay tiempo (ni dinero) para leer todo lo que se publica. También aprendí que la mayoría de las editoriales no tienen reparo alguno en calificar gran parte de los libros que publican como «imprescindibles», cuando lo cierto es la mayoría de ellos son, no sólo completamente prescindibles, sino absolutamente olvidables. Así que mejor dejar que el tiempo vaya poniendo las cosas en su sitio y, como suele decirse, nos ayude a separar el grano de la paja. Que otra cosa no, pero grandes libros pendientes de lectura es algo que nunca le faltan a uno.
Un apunte final: el otro día hablamos de algunos de los escritores que han fallecido a lo largo de 2008; bueno, pues el año acaba, de momento, con otro nombre que agregar a la lista: el de Harold Pinter, Premio Nobel de Literatura en 2005. Dramaturgo, actor, guionista, novelista, poeta, activista político, nació en Londres el 10 de octubre de 1930. Murió el pasado 24 de diciembre, a los 78 años de edad. Aquí podéis leer algunos artículos de El Cultural dedicados a su figura. Lo que yo os decía: menudo añito. Y todavía quedan unos cuantos días; a ver quién más se anima…
Lecturas navideñas
Martes. 23 Diciembre, 2008 at 22:04 | In Literatura | 7 CommentsTags: Angel Wagenstein, Antonio Orejudo, Carson McCullers, Christian Salmon, Edwin A. Abbott, F. T. Marinetti, Francisco Casavella, José A. Garriga Vela, Literatura, Mark Haddon, paperblanks, Roberto Bolaño, Vasili Grossman
Hace un par de días me encontré con mi buen amigo musikboy y me pidió que recomendara algunos libros para estas navidades. Como si no me conociera. Le contesté lo que ya sabéis que suelo contestar en estos casos; pero como tampoco quiero ser muy tajante en el cumplimiento de mis propias exigencias, al fin y al cabo soy un Géminis puro, he llegado a una solución de compromiso: hacer pública la lista de los libros que yo tengo para estas navidades. Y si le sirve de inspiración a alguien, pues me alegro. Ahí va.
En primer lugar, los que ya han caído en estos días:
- José A. Garriga Vela, Pacífico, Barcelona, Anagrama, 2008.
- Antonio Orejudo, Reconstrucción, Barcelona, Tusquets, 2005.
Ahora, los que tengo entre manos:
- Edwin A. Abbott, Planilandia. Una novela de muchas dimensiones, Palma de Mallorca, Olañeta, 2004.
- Mark Haddon, The curious incident of the dog in the night-time, Definitions, 2003.
Éste último es muy importante: se trata de mi primer libro en inglés, tarea que debo «agradecer» a la insistencia de mis compañeros y sin embargo amigos (y muy queridos) Teresa J. y Juan Miguel. Es que yo soy de francés de toda la vida. Pertenezco a esa generación que fue educada en la consideración de la lengua y la civilización francesas como exponentes máximos de la cultura. Creo que fuimos los últimos conejillos de indias; poco después se certificó la muerte del francés.
A los dos anteriores van a tomarles el relevo:
- Francisco Casavella, Lo que sé de los vampiros, Madrid, Espasa, 2008.
- Filippo T. Marinetti, Mafarka, Sevilla, Renacimiento, 2007.
- Christian Salmon, Storytelling. La máquina de fabricar historias y formatear las mentes, Madrid, Península, 2008
- Angel Wagenstein, El Pentateuco de Isaac, Barcelona, Libros del Asteroide, 2008.
Reseño, por último, aquellos libros que llevan varios meses sobre mi mesilla de noche y cuya lectura se va demorando más de lo deseable:
- Roberto Bolaño, Los detectives salvajes, Barcelona, Anagrama, 1998.
- Vasili Grossman, Vida y destino, Barcelona, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 2007.
- Carson McCullers, El aliento del cielo. Cuentos completos, Barcelona, Seix Barral, 2007.
Termino con algo que no tiene nada que ver con lo que estábamos hablando: como este año he sido muy bueno (a pesar de lo que opinéis algunos de vosotros), ya he recibido un anticipo de mis reyes (en este caso, mi rey he sido yo mismo, pero para el caso vale igual). Se trata de un precioso libro de notas con las páginas rayadas y encuadernado en (pseudo)piel que he visto esta tarde en El Corte Inglés. La empresa que los fabrica se llama paperblanks y en su web podéis deleitaros con los maravillosos productos de papelería que fabrican: agendas, libros de notas, listines telefónicos… Alguno podría pensar en las moleskine, pero, en tanto artículos de papelería, son más hermosos. A mí al menos me lo parecen.
Amadís de Gaula: 500 años
Domingo. 21 Diciembre, 2008 at 16:59 | In Bachillerato, Literatura | Leave a CommentTags: Amadís de Gaula, California, Don Quijote, Garci Rodríguez de Montalvo, Libros de caballerías, Literatura, Miguel de Cervantes, Novela
El número de diciembre de la revista La Aventura de la Historia dedica su portada y artículos de fondo al V Centenario de la publicación del Amadís de Gaula, de Garci Rodríguez de Montalvo.
Por su parte, la Biblioteca Nacional lo celebra con la exposición «Amadís de Gaula (1508): Quinientos años de libros de caballerías», que estará abierta hasta el 18 de enero de 2009.
El 30 de octubre de 1508 se terminaron de imprimir en Zaragoza, en la imprenta de Jorge Coci, Los quatro libros del famoso cavallero Amadís de Gaula: complidos, refundidos por Garci Rodríguez de Montalvo. Se trata de uno de los libros más influyentes de los Siglos de Oro, y su éxito fue tal que dio comienzo al género literario y editorial más celebrado de su época: el de los libros de caballerías.
Poco sabemos de su autor, Garci Rodríguez de Montalvo, quien posiblemente fue de origen judeoconverso. Partidario de Isabel la Católica, llegó a ser Regidor de Medina del Campo. Con toda seguridad, terminó de reescribir su Amadís entre 1495 y 1497, a partir de un texto caballeresco que había gozado de un enorme éxito desde principios del siglo XIV: el anónimo Amadís de Gaula medieval, introduciendo un cuarto libro y una continuación: las Sergas de Esplandián. El Amadís de Montalvo debió publicarse a finales del siglo XV, pero de esta primera edición no hemos conservado ningún ejemplar; por su parte, el único que se conserva de la edición de 1508 se custodia en el British Museum de Londres.
«Aquí comiença el primero libro del esforçado y virtuoso cavallero Amadís, hijo del rey Perión de Gaula y de la reina Helisena, el cual fue corregido y emendado por el honrado y virtuoso cavallero Garci-Rodríguez de Montalvo, regidor de la noble villa del Medina del Campo, y corregióle de los antiguos originales que estaban corruptos y mal compuestos en antiguo estilo, por falta de los diferentes y malos escriptores, quitando muchas palabras superfluas y poniendo otras de más polido y elegante estilo tocantes a la cavallería y actos della.» (Amadís de Gaula, Barcelona, Planeta, 1991, edición de Victoria Cirlot y José Enrique Ruiz Doménec, pág. 7).
El argumento de la obra es el siguiente:
«La novela consta de cuatro partes o ‘libros’:
I. De paso por la Pequeña Bretaña, Perión, rey de Gaula, se enamora de Elisena, la hija menor del rey Garínter. Fruto de sus ilícitas relaciones nace Amadís. Para escapar a la deshonra, Elisena coloca a su hijo dentro de un arca, junto a un pergamino que certifica su estirpe real, y lo abandona en la corriente de un río. En el mar lo encuentra el escudero Gandales de Escocia, por lo que lo llamará ‘El Doncel del Mar’. Amadís se educa como un miembro más de la familia escocesa. Conoce en su adolescencia a la princesa Oriana, hija de Lisuarte, rey de la Gran Bretaña, y un amor mutuo surgirá entre los jóvenes para siempre. Una vez armado caballero inicia sus aventuras en compañía de su amigo y escudero Gandalín, hijo de Gandales. Primero consigue escapar, con la ayuda de dos doncellas de Urganda la Desconocida, de la prisión y hechizo a que lo había sometido Arcalaus el Encantador. Más tarde, tras ser reconocido por sus padres, que hacía tiempo pudieron unirse en matrimonio, combate, por instigación de una mujer, contra Galaor hasta que un caballero les revela que son hermanos. Por último, libera a Lisuarte y a su hija también encantados por Arcalaus. Oriana, enamorada agradecida, entrega su cuerpo al caballero en el secreto del bosque.
II. Las relaciones de Amadís y la doncella Briolanja, a la que el héroe devuelve el reino que le había usurpado su tío Abiseos, provoca los celos de Oriana, que en sus cartas acusa de traición al caballero. Pero el corazón de Amadís sigue fiel a Oriana y para ganar de nuevo su favor hace penitencia en la Peña Pobre adoptando el nombre de Beltenebros. Así permanece hasta que la propia Oriana acude a reconciliarse, casándolos en secreto el ermitaño Andalod. De regreso a la vida caballeresca, ahora con el título de Caballero de la Verde Espada, continúa sus triunfos sobre enemigos y jayanes, pero la envidia de los intrigantes Gandadel y Brocadán lo enemistan con el rey Lisuarte, y Amadís tiene que instalarse con quinientos seguidores en la Ínsula Firme, no sin antes superar con éxito la prueba del Arco de los Leales Amadores.
III. Oriana, ocultando su embarazo, da a luz al hijo de Amadís. El niño nació con unas palabras latinas y griegas grabadas de forma natural en su pecho. Cuando es llevado por emisarios de Oriana a un lugar lejano, éstos son atacados por una leona y abandonan al pequeño en un bosque. La fortuna hace que el ermitaño Nasciano lo encuentre y se entregue sin desánimo a su crianza, amamantando al recién nacido con la leche de una leona, una cabra y una oveja. Nasciano bautiza al niño y le pone el nombre que se leía en su pecho: Esplandián. Por su parte, Amadís, utilizando distintos nombres, desarrolla un largo camino de victorias por toda Europa, hasta llegar a Constantinopla. Salva a su hermano Galaor de las garras del gigante Madarque. Escapa milagrosamente de un segundo encantamiento de Arcalaus. Por fin, emprende la aventura de rescatar a Oriana, que su padre pretendía entregar en matrimonio al Emperador Romano. Los dos amantes se instalan en la Ínsula Firme.
IV. Amadís y el rey Lisuarte, después de penosas luchas y de que el caballero venciera al rey, se reconcilian, gracias sobre todo a la mediación del ermitaño Nasciano. Con la ratificación en ceremonia pública del matrimonio de Amadís y Oriana -que legitima el origen de Esplandián- y los esponsales de Briolanja y Galaor, y de otras parejas de la historia termina la novela. Urganda la Desconocida pronostica las hazañas y la fama futura de Esplandián.» (tomado de E. Pérez-Rasilla Bayo y J. M. Joya Torres, Obras clave de la narrativa española, Madrid, Ciclo, 1990, págs. 47-48).
Como queda dicho, el éxito del Amadís de Montalvo atrajo a un gran número de imitadores. En trance ya de muerte, y rodeado de los suyos, don Quijote proclamará su vuelta a la «cordura» con las siguientes palabras: «Ya soy enemigo de Amadís de Gaula y de toda la infinita caterva de su linaje; ya me son odiosas todas las historias profanas de la andante caballería.» (Quijote, II, 73; el momento más triste de la historia de la literatura). Más de ochenta novelas de caballerías se escribieron entre los siglos XVI y XVII, hasta que Cervantes tomó cartas en el asunto y se propuso liquidarlos con El ingenioso hidalgo don Quijote de La Mancha (1605):
«todo él es una invectiva contra los libros de caballerías [...] esta vuestra escritura no mira a más que a deshacer la autoridad y cabida que en el mundo y en el vulgo tienen los libros de caballerías…» (Quijote, I, Prólogo).
Propósito que, así como quien no quiere la cosa, lo llevó a la creación de la novela moderna, frente a los usos novelísticos antiguos de los que el Amadís era preclaro ejemplo. Cervantes conocía a la perfección la obra de Montalvo y no tuvo, a pesar de todo, mala opinión de ella, como queda demostrado en el capítulo 6 de la Primera Parte del Quijote, en que, aprovechando que el caballero descansa de sus primeras malandanzas, sus amigos y familiares proceden a espurgar la biblioteca de don Quijote y echan al fuego todos los libros de caballerías que caen en sus manos; cuando le llega el turno al Amadís, se produce el siguiente diálogo:
«Y el primero que maese Nicolás le dio en las manos fue Los cuatro de Amadís de Gaula, y dijo el cura:
-Parece cosa de misterio esta , porque, según he oído decir, este libro fue el primero de caballerías que se imprimió en España, y todos los demás han tomado principio y origen deste; y, así, me parece que, como a dogmatizador de una secta tan mala, le debemos sin escusa alguna condenar al fuego.
-No, señor -dijo el barbero-, que también he oído decir que es el mejor de todos los libros que de este género se han compuesto; y así, como a único en su arte, se debe perdonar.
-Así es verdad -dijo el cura-, y por esa razón se le otorga la vida por ahora…»
Y es, en efecto, Amadís el modelo sobre el que Alonso Quijano crea su identidad caballeresca desde el primer momento, incluso a la hora de tomar nombre:
«Pero acordándose que el valeroso Amadís no sólo se había contentado con llamarse “Amadís” a secas, sino que añadió el nombre de su reino y patria, por hacerla famosa, y se llamó “Amadís de Gaula”, así quiso, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de la suya y llamarse “don Quijote de la Mancha”, con que a su parecer declaraba muy al vivo su linaje y patria, y la honraba con tomar el sobrenombre della.» (Quijote, I, 1).
Amadís siempre será la referencia para don Quijote:
«…quiero, Sancho, que sepas que el famoso Amadís de Gaula fue uno de los más perfectos caballeros andantes. No he dicho bien fue uno: fue el solo, el primero, el único, el señor de todos cuantos hubo en su tiempo en el mundo. Mal año y mal mes para don Belianís y para todos aquellos que dijeren que se le igualó en algo, porque se engañan, juro cierto. [...] Amadís fue el norte, el lucero, el sol de los valientes y enamorados caballeros, a quien debemos de imitar todos aquellos que debajo de la bandera de amor y de la caballería militamos.» (Quijote, I, 25).
Palabras que pronuncia cuando se interna en Sierra Morena antes de declararle a Sancho su intención de imitar la penitencia que Amadís, mudado en Beltenebros (=Bel tenebrós, Bel tenebreux, el bello tenebroso), hizo por el amor de su amada Oriana:
«Y una de las cosas en que más este caballero mostró su prudencia, valor, valentía, sufrimiento, firmeza y amor, fue cuando se retiró, desdeñado de la señora Oriana, a hacer penitencia en la Peña Pobre, mudado su nombre en el de Beltenebros, nombre por cierto significativo y proprio para la vida que él de su voluntad había escogido. Ansí que me es a mí más fácil imitarle en esto que no en hender gigantes, descabezar serpientes, matar endriagos, desbaratar ejércitos, fracasar armadas y deshacer encantamentos. Y pues estos lugares son tan acomodados para semejantes efectos, no hay para qué se deje pasar la ocasión, que ahora con tanta comodidad me ofrece sus guedejas. [...] Y podrá ser que viniese a contentarme con sola la imitación de Amadís, que sin hacer locuras de daño, sino de lloros y sentimientos, alcanzó tanta fama como el que más.» (Quijote, I, 25).
Amadís, flor y espejo de los caballeros enamorados, se encomienda al nombre de su señora cada vez que va a acometer una empresa:
«-¡O, mi señora Oriana, de os me viene a mí todo el esfuerço y ardimeno; membradvos, señora, de mí a esta sazón en que tanto vuestra sabrosa membrança me es menester!» (Amadís, Libro II, cap. 44, pág. 345).
Del mismo modo procederá don Quijote con la suya:
«-¡Oh, señora de mi alma, Dulcinea, flor de la fermosura, socorred a este vuestro caballero, que por satisfacer a la vuestra mucha bondad en este riguroso trance se halla!» (Quijote, I, 8).
Podríamos aducir muchos más ejemplos, pero ya va bien. Sí que os quiero contar, para terminar y a modo de curiosidad, que Garci Rodríguez de Montalvo continuó su carrera con otra exitosa novela de caballerías, Las sergas de Esplandián (1510), quinto libro del Amadís, en la que narra las aventuras del primogénito de Amadís y Oriana. Pues bien, uno de los lugares a los que su errante destino de caballero lleva al joven Esplandián es a la isla California, donde gobierna Calafia, reina de las amazonas. Aunque una forma primitiva del nombre aparece en La chanson de Roland, éste de «California» es el nombre que toman los conquistadores españoles cuando bautizan aquella porción del Nuevo Mundo recién descubierto para los europeos:
«Sabed que a la diestra mano de las Indias ovo una isla llamada California mucho llegada a la parte del Paraíso terrenal, la cual fue poblada de mugeres negras sin que algún varón entre ellas oviesse, que casi como las amazonas era su estilo de bivir; estas eran de valientes cuerpos y esforçados y ardientes coraçones, y de grandes fuerças. La ínsola en sí, la más fuerte de riscos y bravas peñas que en el mundo se fallava. Las sus armas eran todas de oro, y también las guarniciones de las bestias fieras en que, después de las aver amansado, cavalgavan; que en toda la isla no havía otro metal alguno. Moravan en cuevas muy bien labradas. Tenían navíos muchos en que salían a hazer sus cavalgadas; y los hombres que prendían llevávanlos consigo, dándoles las muertes que adelante oiréis. [...] y si parían hembra guardávanla, y si varón luego era muerto. La causa dello, según se sabía, era porque en sus pensamientos tenían firme de apocar los varones en tan pequeño número que sin trabajo los pudiessen señorear con todas sus tierras, y guardar aquellos que entendiessen que cumplían para que la generación no pereciese.» (Las sergas de Esplandián, cap. CLVII. Ed. Castalia, edición de Carlos Sáinz de la Maza, págs. 727-728).
Parece indiscutible que los conquistadores conocían la obra de Montalvo. Con el libro llevaron el nombre, y con el nombre la saga de Amadís cruzó el Atlántico y se instaló para siempre en tierras americanas. Vale.
Felicitación navideña
Sábado. 20 Diciembre, 2008 at 11:24 | In Música | 4 CommentsTags: Afunfún afanfán, Extremoduro, Música, Navidades radioactivas, Siniestro Total
Hawaiianos:
Como es tradicional en estas fechas, la Reina y yo queremos…
No, espera, espera, que esto no es así. Repetimos.
Hawaiianos:
Como es tradicional en estas fechas tan entrañables, queremos felicitar la Navidad a todos los visitantes, turistas, amigos, colegas y cómplices que a menudo honran con su presencia las soleadas playas y las feraces tierras de Hawaii, alegrando sus ámbitos -y las estadísticas- con sus comentarios; para ello, echamos mano de nuestros recuerdos de juventud y acudimos a un villancico que gozó de gran aceptación en unos años en que el personal se tomaba las cosas con más sentido del humor: «Afunfún, afanfán» de Siniestro Total, publicado en el recopilatorio Navidades radioactivas (1982), que recogía distintos temas de inspiración «navideña» de grupos de la discográfica DRO.
En el Nacimiento es cosa muy normal
ver un angelito encima del portal.Afunfún, afanfán
es cosa muy normal.
Afunfún, afanfán
es cosa muy normal.Todos los pastores llevan sus regalos
todos menos uno que es requetemalo.Afunfún, afanfán
es cosa de maldad.
Afunfún, afanfán
es cosa de maldad.Pero si es un rey, ¡vaya palo!
es el rey Herodes que es cutre y avaro.Afunfún, afanfán
¡qué tacañería!
Afunfún, afanfán
¡qué tacañería!Ya vienen los reyes por la pradera
traen oro, incienso y mirra…Afunfún, afanfán
¡qué espectacular!
Afunfún, afanfán
¡qué espectacular!Y hay una vaquita… y hay un corderito…
la Virgen María y San José
y el niño en la cunita está también
y menudo cristo que hay en BelénAfunfún, afanfán
¡qué barbaridad!
Afunfún, afanfán
¡qué barbaridad!
Y si alguno quiere algo más radical, puede que le venga bien el «Villancico del Rey de Extremadura», de Extremoduro (Canciones prohibidas, 1998).
¡Feliz Navidad, hawaiianos!
Menudo añito…
Jueves. 18 Diciembre, 2008 at 14:17 | In Literatura | 9 CommentsTags: Francisco Casavella, Literatura, Novela
Y no me refiero sólo a la famosa crisis… Si hace algunas semanas dábamos cuenta del suicidio del escritor David Foster Wallace (pincha aquí), el día de hoy nos sobresalta con la noticia de la muerte de Francisco Casavella. Un ataque al corazón acabó ayer con su vida. Y si a estos nombres sumamos otros como los de los novelistas Arthur C. Clarke, uno de los padres de la ciencia-ficción contemporánea, o Aleksandr Solzhenitsyn, Premio Nobel en 1970, o el de nuestro poeta Ángel González, Premio Príncipe de Asturias en 1985, el año ofrece un saldo desolador para la República de las Letras.
Nacido en Barcelona en 1963, Casavella es autor de una obra narrativa que se cuenta entre las más singulares de la reciente novelística española, y que recibió su último reconocimiento con Lo que sé de los vampiros, Premio Nadal de este año. Su bibliografía, ya truncada para siempre, se compone de los siguientes títulos:
- El triunfo (1990).
- Quédate (1993).
- Un enano español se suicida en Las Vegas (1997).
- El secreto de las fiestas (1997).
- La trilogía «El día del Watusi», compuesta por Los juegos feroces (2002), Viento y joyas (2002) y El idioma imposible (2003).
- Lo que sé de los vampiros (2008).
Éstos enlaces os llevarán a algunos de los periódicos que se han hecho eco de la noticia:
Y este otro conduce hasta el último artículo escrito por Casavella para el diario El País. Por ahora (estoy en el trabajo) no puedo profundizar mucho más.
In memoriam Peter Viertel
Domingo. 14 Diciembre, 2008 at 20:49 | In Cine, Literatura | 11 CommentsTags: Cine, Clint Eastwood, Deborah Kerr, Ernest Hemingway, John Huston, Literatura, Novela, Peter Viertel, Surf
Hace poco más de un mes que se cumplió un año de la muerte de Peter Viertel. El nombre no suele decir gran cosa a la mayoría de la gente, a no ser que se sea un buen aficionado al cine (y, evidentemente, no me estoy refiriendo a la bazofia que se proyecta hoy en esos idiotizantes parques temáticos en que se han convertido la mayoría de las salas de cine en nuestro país).
Guionista de cine en la época dorada de Hollywood por destino y necesidad, novelista por vocación, apasionadamente enamorado de España e introductor del surf en Europa, Peter Viertel nació en Dresden (Alemania) el 16 de noviembre de 1920, hijo del poeta y director teatral Berthold Viertel (1885-1953), y de la actriz y escritora Salka Steuermann Viertel (1889-1978).
En 1928 la familia se establece en California con la idea de pasar algunos años desarrollando sus respectivas carreras artísticas, pero los acontecimientos que tuvieron lugar en Europa en las primeras décadas del siglo XX, con la ascensión del nazismo y la persecución de los judíos, hicieron que esa estancia se convirtiera en definitiva. La llegada de la familia Viertel coincide, además, con el momento en que Hollywood empieza a configurarse definitivamente como la «fábrica de los sueños» que todos conocemos y pronto su hogar se convertirá en el punto de encuentro de las figuras más influyentes y destacadas del arte y la cultura de su tiempo. Arrebatados por la arrolladora personalidad de Salka y Berthold, nombres como los de Thomas Mann, Aldous Huxley, Bertold Brecht, Francis Scott Fitzgerald, Christopher Isherwood, Irwin Shaw, Arnold Schönberg, Serguei M. Eisenstein, Billy Wilder, Charles Chaplin, John Huston, Greta Garbo o Marlene Dietrich fueron presencias habituales en la casa que los Viertel tenían en el 165 de Mabery Road, Santa Mónica (Los Ángeles, California). La nómina le pone a uno los vellos de punta. La infancia y la juventud de Peter Viertel transcurrieron entre quienes nos dejaron lo mejor del cine y de la literatura del siglo XX.
A los dieciocho años escribe su primera novela, The canyon, que será publicada en 1940 y acogida con excelentes críticas. Al mismo tiempo, empieza a trabajar como guionista en los estudios Selznick, pero la entrada de los EE.UU. en la Segunda Guerra Mundial y sus profundas convicciones antifascistas llevan al joven Viertel a alistarse como voluntario en el cuerpo de Marines, donde alcanzará grado de oficial en el servicio de intelingencia. Su experiencia de la guerra quedará plasmada en su siguiente novela, Line of departure (1947).
Acabada la guerra, retoma su carrera de guionista, que lo llevará en los años siguientes a trabajar con algunos de los nombres más importantes de la historia del cine. Así, y entre otros, escribirá los guiones de Sabotaje (Alfred Hitchcock, 1942), Éramos desconocidos (John Huston, 1949), Decision before dawn (Anatole Litvak, 1951), o Les bijoutiers du clair de lune (Roger Vadim, 1958).
En 1948 conoce a Ernest Hemingway (1899-1961; Premio Nobel de Literatura en 1954), su ídolo literario de juventud, con el que establece una relación de mutuo respeto (parece que Hemingway llegó a proponerle que escribieran un libro a medias, proyecto que nunca se concretó). Viaja a París y entra a formar parte de la troupe de artistas y personajes estrafalarios que solía acompañar al mítico escritor.
También por esas fechas se reencuentra con el director John Huston, a quien había conocido, siendo un adolescente, en las celebérrimas soirées del 165 de Mabery Road. Esta amistad quizá sea el dato biográfico más conocido de Peter Viertel (eso, y que su segunda esposa fue la fenomenal y elegantísima actriz Deborah Kerr). Una amistad que sufrirá altibajos con el paso de los años y de cuyos conflictos dejó constancia en su novela más conocida, Cazador blanco, corazón negro (1953), que fue llevada al cine por Clint Eastwood en 1990 con guion del propio Viertel.
Dicen quienes no la han leído que la novela cuenta el azaroso rodaje de La Reina de África (1951), la mítica película protagonizada por Humphrey Bogart y Katharine Hepburn. Dicen. Yo no estoy de acuerdo. Es cierto que tras los protagonistas del libro apenas quedan enmascarados los Huston, Hepburn, Borgart o el mismo Viertel; y también que ese rodaje, o, mejor dicho, sus preparativos previos, son el telón de fondo en que se desarrolla la historia, pero ésta va más allá. Para mí, Cazador… es, básicamente, una novela sobre la amistad entre dos hombres y sobre la creación artística. Es una novela sobre el honor y la responsabilidad y sobre la fugacidad de la vida, sobre la necesidad de vivir de espaldas a la opinión común, sobre el racismo y la ceguera de la violencia, sobre los hombres que se creen dioses. Sobre la aventura como sinónimo de vida. Sobre la locura y las obsesiones. También sobre el orgullo de pertenecer a una estirpe de elegidos: la de los creadores. Y sobre el peso que dicha responsabilidad comporta: ante uno mismo como autor, pero también ante el público y ante la propia obra:
«algún día escribirás ese libro. Pero tendrás que dejar de pensar en todo lo demás, en la forma, en la historia o en si la gente querrá leerlo. Tendrás que jugártelo todo y limitarte a escribir de lo que sabes. Eso es todo. De cuanto has aprendido. Y de ahí saldrá algo…» (pág. 37)
Adaptación de la novela homónima de C.S. Forrester, el guión de esta película supone el punto culminante de la colaboración entre Viertel y Huston, aunque posteriormente el nombre de Viertel desaparecerá de los títulos de crédito. De la locura en que se convirtió el rodaje han dejado testimonios de primera mano quienes lo sufrieron en sus carnes, y todos coinciden en la importancia que tuvo Peter Viertel para que todo aquello saliera bien; la propia Katharine Hepburn, en sus memorias (de título absolutamente esclarecedor: The making of The African Queen or How I went to Africa with Bogart, Bacall and Huston and almost lost my mind), lo recuerda con cariño y agradecimiento.
En esos años cincuenta se producen otros hechos capitales en la biografía de Peter Viertel: pasa a residir en Klosters, localidad suiza cercana a Davos (la ciudad que inspiró a Thomas Mann la escritura de La montaña mágica), viaja a España por primera vez (a los sanfermines, acompañando a Hemingway, un apasionado de la fiesta taurina) y descubre, junto a un buen amigo, las playas de Biarritz, donde, ante el pasmo de propios y extraños, se dedican a practicar el surf. Este momento es oficialmente considerado el inicio de la práctica de este deporte en Europa, desconocido hasta entonces en el Viejo Continente.
En cuanto a su visita a España, supone la culminación de un anhelo de juventud: como tantos otros artistas e intelectuales de todo el mundo, Viertel había simpatizado con la causa republicana durante nuestra guerra incivil:
«Pero yo no podía evitar pensar que en España estaban luchando; en España estaban dispuestos a morir por resistirse al fascismo; aquel país y su pueblo adquirieron para mí un aura de heroísmo.» (Una bicicleta en la playa, pág. 144)
Como queda dicho, viaja con Ernest Hemingway, gran aficionado a los toros y devoto seguidor del maestro Antonio Ordóñez. Aficionados a los antagonismos como somos los hispánicos, en aquellos días se era o de Antonio Ordóñez o de Luis Miguel Dominguín. Y si Hemingway era de Ordóñez, Viertel se convertirá en ferviente defensor de Dominguín. Recorre España en compañía del diestro y su cuadrilla, y esa experiencia quedará plasmada en su novela Love lies bleeding (1964), inédita en nuestro país.
En 1960 se había casado con Deborah Kerr (1921 – 2007 ), la maravillosa actriz de películas como Quo vadis (1951), De aquí a la eternidad (1953), El rey y yo (1956) o La noche de la iguana (1964).
A finales de los años setenta el matrimonio fija su residencia en Marbella, aunque también pasa temporadas en Klosters. Peter Viertel prosigue su carrera literaria; a lo largo de estos años ha publicado Bycicle on the beach (1971; Una bicicleta en la playa, Ed. Berenice, 2007), American skin (1984), Dangerous friends: at large with Hemingway and Huston in the fifties (1992; Amigos peligrosos, Ed. Ultramar, 1995) y Loser deals (1995). En cuanto a su labor como guionista, su último trabajo fue adaptar su propia novela White hunter, black heart para la versión que de ella hizo Clint Eastwood en 1990. Él siempre se consideró a sí mismo novelista antes que guionista; éste fue el trabajo que le permitió ganarse la vida para así poder dedicarse a su verdadera vocación, la literaria. Es algo que siempre afirmaba en público y que también dejó escrito; así, en la página 81 de Cazador blanco… afirma:
«Trabajo en el cine para ganar el suficiente dinero como para poder dedicarme a escribir libros.»
El estreno de la película de Eastwood hizo que los focos se centraran en la figura de Viertel, quien vio cómo su novela era rescatada, reeditada y traducida a diversos idiomas, para, finalmente, ser reconocida como una de las mejores novelas jamás escritas acerca del mundo de Hollywood y/o sus personajes.
Deborah Kerr falleció en Kloster el 16 de octubre de 2007, después de una penosa enfermedad. Peter Viertel no tardó en reunirse con su esposa: apenas veinte días después, el 4 de noviembre de 2007, murió en Marbella. Ahora hace algo más de un año.
A pesar de haber vivido más de treinta años en Marbella, Peter Viertel fue un auténtico desconocido para la mayoría de los españoles. El profundo amor que sintió por España, del que dejó constancia en su obra (Love lies bleeding, American skin y Loser deals forman una trilogía de tema español), empezó a ser correspondido en forma de reconocimiento público en sus últimos meses gracias a la traducción de dos de sus novelas, Una bicicleta en la playa (2007) y Cazador blanco, corazón negro (2008), con las que la Ed. Berenice ha inaugurado una «Biblioteca Peter Viertel» que pretende poner la obra completa de Viertel al alcance del lector hispanohablante. La iniciativa parte de los profesores Marcos Rodríguez Espinosa y Carmen Acuña Partal -en cuyos amistad y afecto hace tanto que me honro-, y que han sido también los responsables de traducir las dos novelas publicadas hasta el momento. Fue también gracias a ellos que el año pasado pude conocer en persona a Peter Viertel, momento del que guardo un recuerdo absolutamente imborrable. Es de justicia, además, declarar públicamente que la mayoría de los datos biográficos expuestos aquí los he extraído de las introducciones que ambos escribieron para Una bicicleta… y Cazador blanco…
¿Recomendaría la lectura de cualquiera de ellas? Sin ninguna duda, y eso que sabéis que no soy muy partidario de hacerlo. Son novelas de lectura engañosamente fácil, ya que encierran un enorme trabajo literario, y que cuentan, además, con las mejores virtudes de los grandes guionistas de Hollywood (y no olvidemos que Viertel lo fue): te atrapan desde la primera escena y no te sueltan hasta que se apaga el proyector. Y eso, que parece tan fácil, es algo por lo que mataría el noventa y cinco por cien de los novelistas españoles actuales.
Un par de citas de Una bicicleta en la playa. Pág. 42:
«siempre nos percatamos demasiado tarde de que no hemos amado lo suficiente»
Pág. 117:
«el mundo es ya demasiado grande para el provincianismo, o el patriotismo, o como quieras llamarlo. [...] Le debemos completa lealtad sólo a aquello en lo que creemos, y a la gente a la que amamos.»
Y de Cazador blanco, corazón negro. Pág. 80:
«Creo que hay dos maneras de vivir. Una consiste en arrastrarse, lamer culos e intentar agradar. Escribir finales felices, firmar los contratos que te ofrezcan a largo plazo. No correr nunca riesgos con nada. Pasar por la vida abrumado por las preocupaciones. Coger el tren y el barco. No volar nunca. No superar nunca los sesenta kilómetros por hora al volante, ni siquiera con neumáticos Life Guard. No salir nunca de Hollywood. Y ahorrar todo tu puto dinero. Ahorrar cada centavo que puedas. Para que cuando seas un cincuentón de aspecto saludable, mueras de un derrame cerebral porque lo que hubiera de salvaje en tu interior se te haya comido los músculos del corazón. Esa es una opción. Es agradable, cómoda y segura. Dormirás siempre en una cama limpia, y nunca enfermarás de sífilis, y tampoco crearás nada más allá de impecables e hipócritas personajes incapaces de proyectar sombra. La otra es la mía, o la que al menos he intentado que fuera la mía la mayor parte del tiempo. Al carajo con las consecuencias. Ande yo caliente, ríase la gente. Gástate el dinero. Vuela con Air France porque te sirven champaña. Rechaza contratos. Enfréntate al tío que puede cortarte el cuello y adula al pequeño hijo de puta indefenso que cuelga del hilo que tú manejas.»
Pág. 171:
«Es la base de la creación literaria verdaderamente importante, de la creación artística verdaderamente importante. La sencillez.»
Pág. 281:
«sabía hasta dónde podía llegar, y ese es el mayor freno que un hombre puede arrastrar.»
Pág. 282:
«Todo es cutre y rancio si te atienes a las normas.»
Pág. 379:
«No puedes destruir a nadie a menos que ese alguien no recorra contigo la mitad del camino.»
Para mis amigos, Marcos y Carmen.
Et in memoriam Peter Viertel. Gracias por los sueños.
Importantes novedades en Hawaii
Domingo. 7 Diciembre, 2008 at 19:02 | In Bachillerato, Educación, Literatura | 2 CommentsTags: Literatura, Métrica, Retórica
Aviso para navegantes despistados.
Desde hoy Hawaii tiene dos nuevos rincones turísticos de obligada visita: las páginas de Métrica y de Retórica, que se encuentran alojadas en Scriptorium.
Ahora que empezamos el estudio de estas materias en clase, van a ser sitios de referencia, así que no os despistéis, puesto que todo lo que voy a explicar está en ellas. Vale.
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