Albert Pla y José Mª Fonollosa: Rock y Literatura (IV)
Domingo. 26 Octubre, 2008 at 20:40 | In Literatura, Música | 19 CommentsTags: Albert Pla, José Mª Fonollosa, Literatura, Música, Pere Gimferrer, Poesía, Robe Iniesta
Rock y Literatura. Capítulo IV. Dos raros: Albert Pla (1966-) y José Mª Fonollosa (1922-1991).
Dos autores nacidos en Barcelona (vale, Pla en Sabadell). Dos autores situados en los márgenes. Dos de ésos que no usan para escribir papel de rayas, cuadriculado ni, mucho menos, milimetrado. Dos tipos que a veces escriben torcido. Dos artistas de espaldas a la opinión del público. ¿No te gusta lo que escribo? Pues que te den… ¿Te gusta lo que escribo? ¿Y qué quieres? ¿Que te dé un besito por ello? Anda y que te den…
La vida de José Mª Fonollosa comienza en Barcelona el 8 de agosto de 1922. Entre 1951 y 1961 transcurre en Cuba. Y acaba el 7 de octubre de 1991 en su ciudad natal.
Su obra comienza con el poemario La sombra de tu luz, publicado en 1945 a la sombra de los poetas de la Generación del 27, continúa con Umbral del silencio (1948 ) y se prolonga con Blues y cantos espirituales negros (1951).
Y luego el silencio. Durante más de cuarenta años. Ese silencio cuyo umbral pisaba en el título de su segundo libro. Hasta que en 1990 Pere Gimferrer, el icono de los Novísimos, lo rescata y publica su obra cumbre Ciudad del hombre: New York (Ed. Sirmio). Al año siguiente muere el poeta. Dicen que sobre su mesa encontraron el siguiente poema:
No a la transmigración en otra especie.
No a la post vida, ni en cielo ni en infierno.
No a que me absorba cualquier divinidad.No a un más allá, ni aun siendo el paraíso
reservado a islamitas, con beldades
que un libro garantiza siempre vírgenes.Porque esos son los juegos para ingenuos
en que mi agnosticismo nunca apuesta.
Mi envite es al no ser. A lo seguro.Rechaza otro existir, tras consumida
mi ración de este guiso indigerible.
Otra vez, no. Una vez ya es demasiado.
Este texto se encarnó en la voz de Robe Iniesta (sí, ése, el de Extremoduro); con él se cerraba el disco en que Albert Pla puso música a algunos de los poemas de su paisano: Supone Fonollosa (1995).
Se trataba del cuarto disco en la carrera de Albert Pla, quien ahora vuelve a llamar la atención de los medios especializados con su último trabajo, La diferencia (2008; pincha aquí si quieres leer una de las últimas entrevistas que ha concedido). Un individuo que cuando conoció la obra de Fonollosa puso buen cuidado en no ver ni siquiera una mala foto del poeta. No le interesaba su rostro. Sólo sus palabras.
No es extraño que alguien capaz de mantener semejante actitud en los días que corren se haya ganado calificativos como provocador (el año pasado salió en el programa de Buenafuente vestido con una camiseta del Barcelona con un gran escudo del Real Madrid en el pecho), heterodoxo, rompedor, nihilista, bufón, hermético o introvertido. Y algunos menos cultos.
En Supone Fonollosa pone música a los siguientes textos:
- «Carrer de Pelai 3» (de Ciudad del hombre: Barcelona, 1993-1996; voz de Eugenio).
- «Zeleste 4» (de Ciudad del hombre: Barcelona, 1993-1996).
- «Times Square III» (de Ciudad del hombre: New York, 1990).
- «Broad Street» (de Ciudad del hombre: New York, 1990).
- «Avinguda Marquès de l’Argentera 2» (de Ciudad del hombre: Barcelona, 1993-1996).
- «Kennamore Street» (de Ciudad del hombre: New York, 1990).
- «West 13th Street» (de Ciudad del hombre: New York, 1990).
- «East 47th Street» (de Ciudad del hombre: New York, 1990).
- «West 32th Street» (de Ciudad del hombre: New York, 1990).
- «No» (de Ciudad del hombre: Barcelona, 1993-1996; voz de Robe Iniesta).
Ciudad del hombre: New York -cuyos poemas ostentan como títulos nombres de calles de Manhattan- es el resultado de cuarenta y tres años de labor poética silenciosa, lejos de los cenáculos de la fama literaria. Tiene «tres temas fundamentales: la vida urbana, la sexualidad y el crimen», afirma Pere Gimferrer en el prólogo de la edición de El Acantilado (pág. 14). Este título, que, en definitiva, supone una criba sobre el trabajo poético acumulado en ese largo periodo, se verá incrementado póstumamente con Ciudad del hombre: Barcelona (en 1993 y 1996), Poetas en la noche (1997) y Destrucción de la mañana (2001). Curioso destino de poeta: publicar casi tantos libros -originales, se entiende- en vida como después de muerto.
Os dejo con algunos textos de Ciudad… New York. Pero si queréis más, en este enlace encontraréis una selección de poemas de Ciudad… New York y de Destrucción de la mañana.
«Park Street»:
Ama a quien quieras con el corazón,
pero ámame, a mí solo, con tu cuerpo.Nadie ama solamente un corazón:
un corazón no sirve sin un cuerpo.
«Crystie Street»:
El camino está lleno de ciudades
cuyo nombre he perdido. Como el tuyo.Te he cubierto del sol cada mañana
y era grato ocultarte con mi cuerpo.
Eso debe bastarte. A mí me basta.Es inútil que llores en la puerta:
mis zapatos me llevan al camino.
Si puedes, tira a un pozo mi recuerdoo aprende las canciones de tu infancia.
Mis zapatos me llevan al camino.
«Avenue of the Americas»:
Podemos elegir entre estar juntos
y hacernos mutuamente desgraciados.O separarnos ahora y ser también
cada uno por su lado desgraciados.
«Sullivan Street»:
Tener hijos es cosa de mediocres,
ineptos sensualmente, analfabetos
sexuales o de gente irresponsable.O es un pobre y mezquino agarradero
para dejar constancia de su paso
por el tiempo en la vida. A través de otros.
La adopción de este medio deshonesto
delata su estulticia y su ignorancia.Pues un vidrio no puede ser el sol
por sólo reflejarlo algún momento.El hijo de verdad que dignifica
nuestro paso en la vida por el tiempo,
es la obra personal, la de cada uno,
sin vientre, ni pulmones, ni miradas
de odio a quien le ha traído a la existencia.Es la obra de la mente que se yergue
desafiando políticas y edades.
Y uno perdura en ella por los siglos.
«East 54th Street»:
No me salvéis. Intento así perderme.
«East 47th Street»:
Nunca acaba esta noche. Nunca acaba.
Ya pasa poca gente por la calle.Todos duermen, malditos, y descansan.
Las ventanas, los párpados cerrados,
reposan a su vez en las paredes.Sólo yo voy sin rumbo por la calle
seguido por el ruido de mis pasos.Todo parece estar en paz, tranquilo,
con la preocupación diaria arrojada
a un rincón, como ropa que se ha usado.Y no acaba esta noche. Debería
llegar en este instante el fin del mundo.
«Tudor City Place»:
Dijiste que sabría lo aburrida
que es la noche sin ti, cuando te fuiste.El armario temblaba ante tu enojo.
La puerta, temerosa, te hizo paso.
Tu adiós hizo a la casa estremecerse
y parecer de pronto envejecida.He buscado con whisky sustituirte,
pero el whisky se adapta a mi tristeza.
He buscado con otras sustituirte,
mas no saben igual todos los cuerpos.Es como si le echara un vaso de agua
a un campo enflaquecido en la sequía.
Como con un puñado de cemento
intentar construir un rascacielos.Ahora vine a saber cuánta amargura
la pequeña palabra «adiós» contiene.
Acabo con un poema de Ciudad del hombre: Barcelona, precisamente el texto con que empieza el disco de Pla: «Carrer de Pelai 3»:
Tengo ya preparadas las respuestas
para las entrevistas periodísticas
que me harán en la prensa, radio y tele.
Querrán saber qué opino y cómo soy.
Me mostraré ingenioso y espontáneo.Tengo ya preparadas unas listas
de personalidades importantes
e incluso redactados ya los textos,
muy agudos, de las dedicatorias.Tengo ya preparadas las metáforas
que servirán como brillante ejemplo
o síntesis que aclare lo que exponga.
Saldrán como galaxias de las páginas.Y tengo preparada mi postura
al sentarme o de pie, tono de voz,
expresión de los ojos y la boca.
Todo está preparado. Todo a punto.
Puedo empezar, pues, a escribir mi libro.
Eso se llama arrojar luz sobre las tinieblas de la creación literaria.
Tres citas de Alejo Carpentier
Sábado. 25 Octubre, 2008 at 13:17 | In Literatura | Leave a CommentTags: Alejo Carpentier, El siglo de las luces, Literatura, Novela
Alejo Carpentier (La Habana, 1904-París, 1980), El siglo de las luces (1962; uso una edición de Seix Barral, 1983). Tres citas. La primera:
Y ese país tenía tales espesores de selva en la Tierra Firme, que sólo el mar era puerta, y esa puerta le estaba cerrada con enormes llaves de papel, que eran las peores. Asistíase en esta época a una multiplicación, a una universal proliferación de papeles, cubiertos de cuños, sellos, firmas y contrafirmas, cuyos nombres agotaban los sinónimos de «permiso», «salvoconducto», «pasaporte», y cuantos vocablos pudiesen significar una autorización para moverse de un país a otro, de una comarca a otra -a veces de una ciudad a otra. Los almojarifes, diezmeros, portagueros, alcabaleros y aduaneros de otros tiempos quedaban apenas en pintoresco anuncio de la mesnada policial y política que ahora se aplicaba, en todas partes -unos por temor a la Revolución, otros por temor a la contrarrevolución- a coartar la libertad del hombre, en cuanto se refería a su primordial, fecunda, creadora, posibilidad de moverse sobre la superficie del planeta que le hubiese tocado en suerte habitar. Esteban se exasperaba, pataleaba de furor, al pensar que el ser humano, renegando de un nomadismo ancestral, tuviese que someter su soberana voluntad de traslado a un papel. «Decididamente -pensaba- no he nacido para ser lo que hoy se entiende por un buen ciudadano…» (págs. 241-242).
La segunda:
Cuidémonos de las palabras hermosas; de los Mundos Mejores creados por las palabras. Nuestra época sucumbe por un exceso de palabras. No hay más Tierra Prometida que la que el hombre puede encontrar en sí mismo. (pág. 267).
La tercera:
Hay épocas hechas para diezmar los rebaños, confundir las lenguas y dispersar las tribus. (pág. 271).
¿Sobre qué época escribe Carpentier? ¿La nuestra, la de los terrorismos y las migraciones? ¿La nuestra, la de la dictadura del pensamiento único políticamente correcto? ¿La nuestra, la de la superabundancia de información? Bendita vigencia de los clásicos…
Aware
Jueves. 23 Octubre, 2008 at 20:06 | In Arte | 4 CommentsTags: Arte japonés, Aware, Dirty Sexy Money, Kanji
Anoche descubrí una palabra japonesa: «aware». En «The wedding», capítulo siete de la serie Dirty Sexy Money (domingos por la noche, en Antena-3):
«Aware» es la reverencia hacia la belleza transitoria y la mortalidad de todas las cosas.
De la tele a la red: un artículo de Carlos Fleitas titulado «Arte japonés o la belleza de lo efímero»:
Es en este Período Heian (paz, tranquilidad), que se sitúa entre los años 794 y 1192 aproximadamente, en el que se desarrollan valores y conceptos especialísimos que serán la esencia del Arte Japonés. Uno de ellos es el de Aware. Esta palabra tiene una significación compleja y podría traducirse como sensibilidad y en particular sensibilidad ante lo efímero de las cosas, es decir, su impermanencia.
Reconozco que me gusta más la definición de Tripp Darling (el de la serie de TV).
P.S.: Si mi búsqueda ha sido correcta, éste es el carácter kanji para «aware»:
Turista número 10000
Jueves. 16 Octubre, 2008 at 23:28 | In General | 11 CommentsNo me lo puedo creer: aún no hemos cumplido seis meses (eso será mañana, día 17) y veo que acaba de arribar a nuestras playas el Turista Número Diez Mil. ¡10000 visitas! Es algo por lo que jamás habría apostado. Así que sólo puedo deciros una cosa a todos los que habéis honrado este rinconcito con vuestra presencia, con vuestros comentarios y con vuestras palabras de aliento: MUCHÍSIMAS GRACIAS. De verdad.
Especialmente animado ha estado esto desde el 10 de septiembre. Entre esa fecha y el día de hoy se han contabilizado… ¡más de 4000 visitas! Eso es temporada alta y lo demás es tontería.
En el momento de escribir esto, los números de Hawaii son:
- 10048 visitas.
- 5 páginas.
- 71 posts publicados.
- 10 categorías.
- 149 etiquetas
- 400 comentarios aprobados.
- 29 comentarios spam eliminados.
Y un buen número de horas invertidas que han obtenido el premio de vuestras amabilidad y compañía: Hawaii se ha convertido en un hábito, y sé que no sólo para mí. Gracias por estar ahí.
P.S.: Las imágenes que ilustran este post las he tomado -sin ningún tipo de permiso, como siempre- de los siguientes enlaces:
- http://www.islandartcards.com/shop/VintagePC1.html
- http://www.janesoceania.com/hawaii_vintage/index.htm
En ellos se recoge un buen número de estampas retro de las Islas Hawaii, las de verdad, las que se tropezó el capitán James Cook en 1778, en los años en que Kamehameha I, que pasaría a la historia como Kamehameha El Grande, sentaba las bases de su reinado y de la unificación del archipiélago.
Nos seguimos viendo en Hawaii
Sinestesia
Martes. 14 Octubre, 2008 at 19:47 | In Figuras retóricas, Literatura, Música | 13 CommentsTags: Figuras retóricas, Literatura, Los Flechazos, Música
Los Flechazos, «El hombre que confundía los sentidos» (de Preparados, listos, ya!, 1991):
Poder oler la televisión,
Saber el gusto de una canción.
Poder oír tus ojos llorando.
Poder tocar lo que estás pensando.
Antonio Orejudo en la FNAC
Viernes. 10 Octubre, 2008 at 2:50 | In Literatura | 10 CommentsTags: Antonio Orejudo, Brett Easton Ellis, Literatura, Novela
Ya os dije que no había que perderse la presencia del novelista Antonio Orejudo en el Aula de Cultura de la FNAC-Málaga. Y no me habéis hecho caso. Peor para vosotros, porque os habéis perdido un buen rato, ameno y lleno de cordialidad.
Apenas quince personas mal contadas hemos podido disfrutar del raro privilegio de conversar con un escritor de la talla de Antonio Orejudo como quien se está tomando un café con un amigo. Sin café, ni pastelitos, ni cervecitas, ni cigarritos, ni ninguna de esas cosas que alegran la tarde a cualquiera, pero, eso sí, con un buen amigo. Un buen amigo de la literatura, un buen amigo de sus lectores, a los que -¡oh, milagro!- respeta profundamente, y, toma ya pirueta del destino, resulta que también es un buen amigo de mi buen amigo Miguel, a quien mando un abrazo por vía interpuesta.
El moderador se preguntaba al principio por el hecho casi milagroso de que, diez años después de haber sido publicada y casi sistemáticamente ignorada, Fabulosas narraciones por historias haya sido reeditada y, esta vez sí, reconocida como lo que es: una gran novela. Ha acudido al momento en que se produjo aquella primera edición, a la capacidad -casi nula- de la pequeña editorial que se atrevió a ponerla en el mercado, a la corta vida comercial que en el día de hoy tienen la mayor parte de los libros que inundan el mercado… En fin, ha aducido un buen número de razones. Pero ha obviado la que, en mi humilde opinión, es la más importante de todas: que Fabulosas… es un libro muy bien escrito. Magistralmente escrito. Y eso es algo que, tarde o temprano, termina por imponerse, incluso en la sinrazón de nuestro mercado editorial. Los grandes libros acaban por encontrar su sitio y sus lectores.
Me he quedado con las ganas de plantearle a Antonio Orejudo algunas cuestiones sobre Fabulosas…, a pesar de que sí he sido tan impertinente de sacar a colación uno de los temas que tienen que tenerlo más hastiado: la puñetera casualidad que hizo coincidir la primera edición de Fabulosas… con otra novela, ambientada en la misma época y por la que desfila casi la misma nómina de personajes históricos, que sí alcanzó un éxito inmediato y colmó a su autor, hoy reducido -es un decir, mi supertele de 39″ apenas alcanza a mostrarlo completo cuando sale en pantalla- a columnista y tertuliano televisivo, de prebendas, loores y parabienes de toda laya.
Me habría gustado, por ejemplo, preguntarle por Brett Easton Ellis. Yo no sé si estaré delirando, pero, en serio: ¿la sombra de Patrick Bateman no acecha entre algunas de las páginas de Fabulosas…? Huuummmmmm…
Una de las reflexiones que esta tarde ha ido compartiendo Antonio Orejudo con los poquitos que nos hemos acercado a charlar con él (nunca dejará de tener validez la dedicatoria de Juan Ramón Jiménez: «A la minoría, siempre». Y no hay más, no os empeñéis). Ha venido a decir que las grandes obras surgen de la tensión entre lo que el público quiere leer, cuanto más fácil mejor, y lo que pretende escribir el novelista. En ese tira y afloja, si el escritor cede en demasía, termina por fabricar un producto de consumo inmediato condenado al más inmediato olvido. Sin embargo, los grandes escritores (Cervantes, Galdós, Flaubert…) son capaces de darle al público lo que quiere («porque, como las paga el vulgo…»), pero yendo más allá de los límites del género, subvirtiendo sus reglas, radicalizando sus presupuestos estéticos. Esto es, haciendo progresar al género y, con él y al mismo tiempo, al público. Pensad en ello.
No quiero terminar esta entrada sin agradecerle a Antonio Orejudo el rato de charla que he podido compartir con él antes, durante y después del encuentro de esta tarde con sus lectores. También, que me haya firmado y dedicado mi ejemplar de la novela. Y, sobre todo, quiero darle las gracias como lector por su generosidad y su insensatez al escribir Fabulosas narraciones por historias. Cada vez es menos frecuente que lleguen a nuestras manos obras de este calibre, y cuando ello ocurre sólo podemos tomarlo como lo que es: un regalo. Un regalo que te cae cuando no es tu cumpleaños y ni siquiera te has portado bien. Y a mí, mis padres me enseñaron a dar las gracias cuando recibía uno. Así que… Gracias, Antonio.
Nos vamos. Nos vemos.
P.S.: Hoy se ha hecho público el nombre del ganador del Premio Nobel. No se lo han dado a Antonio Orejudo. Se lo ha llevado un francés. Vale.
Un error siempre es un error
Miércoles. 8 Octubre, 2008 at 23:38 | In General, Música | Leave a CommentTags: Elvis Costello, Música
I was a fine idea at the time.
Now I’m a brilliant mistake.
(Elvis Costello, «Brilliant mistake», King of America, 1985)
Hay días en que uno se siente así. Y hoy ha sido uno de esos días.
Antología de poetas suicidas (II): David Foster Wallace
Lunes. 6 Octubre, 2008 at 22:27 | In Literatura | 2 CommentsTags: David Foster Wallace, Literatura, Novela, Suicidio
En el post que dediqué hace unos días a anunciar el encuentro con el escritor Antonio Orejudo (pincha aquí) comentaba que, en muchas ocasiones, a uno se le escapan novelas, autores más que notables por culpa del maremágnum de novedades editoriales que, un día sí y otro también, inundan el mercado español: es imposible estar al tanto de todo lo que se publica. No way.
Otras veces, en cambio, lo que uno se pierde son las noticias. Es lo que me ha ocurrido con la que se refiere a la que tiene conmocionada a la comunidad literaria estadounidense: el suicidio de David Foster Wallace, quien el pasado 12 de septiembre, a los cuarenta y seis años de edad, se ahorcó en su propio domicilio. Fue encontrado muerto por su esposa.
Leí acerca de la muerte de Wallace el pasado viernes, en una nota en El Cultural, donde se comentaba que la noticia había pasado bastante inadvertida en España. Tiene que ser cierto, porque he buscado por la red y la prensa tradicional apenas da cuenta del caso (obituarios en El Mundo y en El País, y muy poquita cosa más, que yo sepa); sí parece haber sido más comentada en la blogosfera: destaca el muy visceral comentario de Javier Moreno en Hermano Cerdo, para quien el suicidio de DFW se siente «como una traición, y eso duele y frustra y jode»:
Tal vez por eso es que la muerte de Wallace, en últimas alguien distante a quien apenas conocí a través de sus libros, me duele tanto. Tal vez por eso es que su suicidio (la mayoría de ellos, a decir verdad) no es tan respetable como la norma moderna obliga a admitir. El suicidio de Wallace, para mí, se siente como el fracaso repentino de una visión del mundo que compartía y apreciaba. Siento como si el guía experimentado, luego de señalar el abismo y decirnos que tengamos cuidado pero que no nos rindamos porque hay senderos seguros aquí y allá, saltara al hueco con premeditación y sin despedirse, abandonándonos en medio del viaje. Así se siente, como una traición, y eso (permitanme ser por dos segundos insensible) duele y frustra y jode.
También la paranecrológica escrita por el gran Rodrigo Fresán en Letras Libres, quien, en otro sitio, dejó escrito:
David Foster Wallace es hoy para los escritores (y muchos lectores) lo que hace unos años -con ese mismo look slackergrunge- fue Kurt Cobain para los rockers (y muchísimos oyentes). Así, el símbolo perfecto y perturbador de aquél que decide que no va más y hasta aquí llegué en una sociedad muy medicada. La prueba de que los antidepresivos no funcionan tan bien.
Esos antidepresivos que tomó durante más de veinte años, y que le permitieron dedicarse a construir una bibliografía que comprende las novelas The Broom of the System (Viking, 1987) e Infinite Jest (Little, Brown, 1996), traducida al español por Mondadori bajo el título La broma infinita (2002). También publicó tres libros de cuentos: Girl with Curious Hair (W.W. Norton, 1989; traducida al español como La niña del pelo raro, Mondadori, 2000); Brief Interviews with Hideous Men (Little, Brown, 1999; Entrevistas breves con hombres repulsivos, Mondadori, 2001) y Oblivion: Stories (Little, Brown, 2004; Extinción, Mondadori, 2005). Reunió sus ensayos en los libros Signifying Rappers: Rap and Race In the Urban Present (Ecco Press, 1990), en coautoría con Mark Costello; A Supposedly Fun Thing I’ll Never Do Again (Little, Brown, 1997; traducido al español como Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer, Mondadori, 2001); Everything and More: A Compact History of Infinity (2003); y Consider the Lobster (Little, Brown, 2005; Hablemos de langostas, Mondadori, 2007). El último libro que DFW publicó en vida fue un trabajo periodístico titulado McCain’s Promise: Aboard the Straight Talk Express with John McCain and a Whole Bunch of Actual Reporters, Thinking About Hope (Little, Brown, 2008), publicado previamente en la revista Rolling Stone con el título «Up, Simba» (2002).
La única de sus novelas traducida hasta ahora al español, La broma infinita (cuyo título original es una cita tomada de un parlamento del bufón Yorick en Hamlet), es un tocho de 1092 páginas, más otras 116 de «Notas y erratas», que le granjearon a su autor calificativos como «visionario», «obsesivo» o «alucinógeno». Es una novela que contiene otras muchas novelas en sí, en una estructura que aspira a la totalidad, a dar cuenta del universo, reflejado en el pequeño punto de los miembros de una familia nuclear norteamericana, los Incandenza. Juan Francisco Ferré reseña aquí la novela con gran perspicacia, y acude a Italo Calvino para considerarla, más que novela, hipernovela:
[Estamos ante] una novela de novelas, un texto inabarcable y múltiple construido mediante el bombardeo selectivo de las estructuras, soportes y cimientos de la narración moderna, convencional o no. Así, entre las muchas novelas y metanovelas que construyen con su adición al infinito la compleja textura narrativa de La broma infinita se encuentran una novela política sobre el destino paródico de América (ahora, la Interdependencia de la ONAN); una novela cómica sobre la desnuclearización de la familia nuclear (la familia Incandenza, entre otras); una delirante novela de espionaje y terrorismo (con travestismo incluido) entre norteamericanos y canadienses; una novela didáctica sobre la rivalidad moral entre un tenista superdotado y depresivo (Hal, segundo hijo de Incandenza) y un delincuente drogadicto en rehabilitación (Donald Gately); una novela irónica de ciencia-ficción sobre un territorio biotecnológicamente modificado; una truculenta novela sobre alcohólicos, drogadictos, la demencia y otras patologías de la conducta; una novela psicológica sobre una academia de tenis (fundada por el cineasta Incandenza y regida por su promiscua esposa, Avril), sus tenistas aspirantes, la disciplina ascética y la ideología competitiva; una novela anafrodisíaca sobre las conquistas sexuales de un famoso jugador de fútbol americano (Orin, primogénito de Incandenza); una inconclusa novela de amor entre un ex adicto (Gately) y una ex musa fílmica con el rostro velado a causa de la terrible belleza de su rostro (Joelle Van Dyne, alias “Madame Psicosis”); una novela fantástica sobre una película aesina; etc. Pero La broma infinita es, sobre todo, una melancólica suma narrativa sobre las variadas formas de la adicción, la monomanía, la toxicomanía, el enganche y la entrega obsesiva: «Todos nos morimos por entregar nuestras vidas quizá a Dios o a Satán, a la política o a la gramática, a la topología o a la filatelia; lo que sea es secundario para esta voluntad de entregarse de forma total». [la negrita es de Ferré]
En 2006, la prestigiosa revista Time eligió La broma infinita entre las cien mejores novelas escritas en inglés en el periodo 1923-2006. Abro el libro al azar (lo juro, al azar) y leo lo siguiente:
Y se trata de desprecio, se trata de una especie de odio también junto con la esperanza y la necesidad. Porque él las necesita, la necesita a ella, y porque la necesita la teme y entonces la detesta un poquito, las detesta a todas, un odio que sale disfrazado de un desprecio que él disfraza de tierna atención con que le hace la cosa en las nalgas y le acaricia la blusa como si también formara parte de ella y de él. Como si pudiera sentir. Se han desnudado el uno al otro. Ella ha pegado su boca a la de él; ella es su respiración, sus ojos cerrados ante la visión de ella. Están desnudos ante el espejo y ella, en una especie de baile de virtuosa que es Nuevo Mundo al cien por cien, usa los hombros desiguales de O. como apoyo para saltar y abrazarle el cuello con las piernas y ella arque la espalda y apoya su peso en una sola mano mientras él la lleva a la cama como un camarero lleva una bandeja. (pág. 640)
Por cierto, mi ejemplar de La broma infinita tiene unas cuantas páginas en blanco, dieciséis, agrupadas de dos en dos cada otras dos impresas, de la página 674 a la 703, lo que hizo su lectura aún más extraña. Nunca me decidí a pedir en la librería donde lo compré que me lo cambiaran por otro.
David Foster Wallace nació en Ithaca, estado de New York, en febrero de 1962, hijo de profesores universitarios (su padre, de filosofía, y su madre, de literatura). Daba clases de escritura creativa en el Pomona College, en Claremont (California).
Rock’n'Lego
Domingo. 5 Octubre, 2008 at 11:56 | In Música | 1 CommentTags: Lego, Música
Una curiosidad que no tiene mucho que ver (¿o quizás sí?) con lo que aquí hacemos habitualmente. En un rinconcito del pasado número de la revista Rolling Stone hablaban de un sitio en el que han recreado las portadas de veinte discos de bandas de rock con piezas y personajes de Lego: The Beatles, Velvet Underground, Morrissey, Nirvana, Muse, Kaiser Chiefs, Cradle of Filth, The Strokes… El resultado es algo así:
Y el enlace es éste:
http://www.thetoyzone.com/20-album-covers-recreated-in-lego/
Mola.
No hay que perderse a Antonio Orejudo
Miércoles. 1 Octubre, 2008 at 23:02 | In Bachillerato, Literatura | 4 CommentsTags: Antonio Orejudo, Literatura, Novela
El próximo jueves 9 de octubre, a las 20:00 horas, en la tienda que la cadena FNAC acaba de inaugurar en Málaga capital, va a tener lugar un encuentro con uno de los mejores escritores españoles del momento: el madrileño Antonio Orejudo (1963).
Seguramente no os sonará. A mí tampoco hasta no hace mucho. Reconozco que lo descubrí el año pasado, pero mi fascinación fue absoluta desde la primera página suya que leí:
¿Y si después de todo no era un genio? Las famosas vidas ajenas presentaban siempre centenares de marcas. En la suya, sin embargo, nunca lograba encontrar ninguna. Su infancia no fue difícil ni estuvo marcada por la miseria o por el sino de la fatalidad; todo lo contrario: primogénito, varón, niño de buena familia, padres leídos y tío inmortal. ¡Y tío inmortal! Bueno, ¿y qué? Nada de eso incapacitaba para la genialidad, que él supiera. Proust no descendía de mineros precisamente, sino más bien de una familia que había comido buena carne en todas sus generaciones, aunque eso le hubiera lucido bien poco al jovern Marcel, que se había pasado en cama media vida. Pasarse en cama media vida, ¿veía él? ¡Ahí estaba la marca! En cuanto indagaba un poco en la vida de los grandes escritores, enseguida encontraba los signos de la genialidad, las cruces de tiza con que la naturaleza había querido marcarlos desde su nacimiento para que no tuvieran dudas en los momentos de tribulación. Pasarse en cama media vida era un síntoma inequívoco de genialidad. ¿Qué marcas tenía él para escapar de su propio Huerto de Getsemaní? ¿Qué sucedería si decidiera no levantarse mañana y no quitarse el camisón hasta haber culminado varios tomos de una obra maestra? [...] Proust había sufrido una [enfermedad]: la tuberculosis. ¿Veía él? ¡Otra marca! ¡Qué fácil sería todo si él tuviera tuberculosis! O cualquier otra señal. Sade era rico y perverso; Baudelaire tenía una frente sobrenatural; Galdós era canario; Poe, alcohólico; y Cervantes, manco. [...] Una tara física como ésa tenía que proporcionar todo el resentimiento que se necesitaba para culminar una obra de arte. ¿Sería él capaz de cortarse un brazo para, de ese modo, poder escribir una novela que cambiara el rumbo de la literatura occidental? Él creía que sí; pero en la vida, antes de hacer algo irreversible, había que pensar muy bien los pros y los contras. (págs. 13-14)
Quien así se debate en la angustia que provocan las dudas sobre el propio talento es Martiniano, uno de los tres jóvenes que protagonizan Fabulosas narraciones por historias, la deslumbrante, ácida e iconoclasta primera novela de Orejudo. Con ella ganó el XX Premio Tigre Juan en 1997, y fue publicada entonces por la editorial Lengua de Trapo. Sin embargo, la novela llegó a muy poca gente y se convirtió en un secreto para iniciados. Como he dicho, yo no estaba entre ellos: en la vorágine de novedades que inundan a diario el mercado editorial ocurre cada vez con mayor frecuencia que libros importantes te pasen absolutamente desapercibidos. Y eso me ocurrió con Fabulosas narraciones por historias. Hasta ahora.
En septiembre de 2007 la editoria Tusquets reeditó Fabulosas… y finalmente obtuvo el reconocimiento de la crítica y el respaldo del público. Diez años después. Este enlace te lleva hasta una interesantísima entrevista (errata de las gordas incluida: hablan de “Humberto Eco”; en fin…) con Antonio Orejudo en la que el autor desvela algunos de los motivos por los cuales en el año 1997 (casi) nadie le prestó atención a su opera prima.
Es de esas novelas que no dejan indiferente a nadie, y mucho menos si eres, como Antonio Orejudo, como yo mismo, profesor de literatura y te dedicas, año tras año, a (intentar) explicar qué fue la Generación del 27. La impresión que te llevas conforme vas devorando las páginas es de órdago: por ellas desfilan toda suerte de camarillas literarias, las rencillas más enconadas, las conspiraciones más secretas, el surgimiento de los fascismos, la violencia más desatada, el sexo más atroz… Sé de algunos, muy serios y pagados de sí mismos, muy «profesorales», que abominaron del libro sin llegar siquiera a terminarlo. Bueno. Pues vale. Ellos se lo pierden. Pásate media vida explicando a tus alumnos figuras literarias como la ironía, analizando para ellos los rasgos del género novelístico en cuanto el de mayor potencialidad para la creación de una realidad distinta a la cotidiana, esto es: FABULADORA. Dátelas de rebelde y rompedor, de profesor extravagante, para que cuando llegue hasta tus manos una novela como ésta tu reacción sea la de una vieja beata y poco menos que pidas la cabeza del autor en una bandeja, como una Salomé o una Judith cualesquiera. ¡Señor, Señor, lo que hay que ver!
Volviendo al libro, está ambientado en la década de los años 20, en la sacrosanta Residencia de Estudiantes. Dice la nota editorial que sacó Lengua de Trapo:
Tres muchachos inician una estrecha amistad: Patricio, sobrino de José María Pereda, que sueña con ver publicada su novela realista «Los Beatles»; Martiniano, sobrino de Azorín, azotado por el resentimiento contra la intelectualidad, y Santos, de origen rural, aficionado a la literatura pornográfica de «La Pasión» y al arrebatador erotismo de las mujeres maduras. El espíritu contestatario de los tres jóvenes pone en peligro el proyecto de La Residencia: crear una nueva generación literaria (la del 27), dirigir su difusión y controlar los beneficios editoriales derivados de todo ello [...] a la sombra de Ortega y Gasset.
Por las páginas de Fabulosas… desfilan las principales personalidades de aquella época que José-Carlos Mainer denominó la «Edad de Plata» de la cultura española: los ya mentados José Mª Pereda, José Martínez Ruiz, «Azorín», y José Ortega y Gasset (¡qué pechá de Pepes, ¿no?); Miguel de Unamuno, José Moreno Villa, Alberto Jiménez Fraud, Juan Ramón Jiménez, Federico García Lorca, Francisco Ayala, Gregorio Marañón, Ramón Gómez de la Serna, etc., etc., etc. Y lo cierto es que la mayoría de ellos no sale muy bien librada del envite. Un ejemplo:
En fin, siempre estoy a tiempo de ser un mal escritor, denominarme novelista singular, como Unamuno, y llegar a figura señera de las letras españolas (pág. 15)
O la propia Residencia de Estudiantes:
Bajo su apariencia de armonía, de modelo intelectual y de investigación, la Residencia es una empresa como otra cualquiera, con sus rencillas personales, con sus venganzas cicateras; con su jefe, que es un tirano, y con sus subordinados, que son unos holgazanes. (pág. 50)
O sobre los intelectuales y los artistas:
Son todos unos farsantes y son muy peligrosos para la sociedad. Nefastos. Pasan por desinteresados y racionales, pero para los intelectuales y los artistas no existe nada fuera de ellos mismos. Mirad cómo posan, mirad qué posturas. La cabeza apoyada en la mano para que veamos que su inteligencia pesa lo suyo; el dedo índice señalando a su propia sien, por donde debe entrar la bala; y el resto de los dedos sujetando la barbilla y tapando la boca. Mirad a vuestro alrededor: todos asienten a sus interlocutores, pero ninguno de ellos está escuchando. Son mezquinos y cicateros; parecen sensibles, pero son hienas. (págs. 107-108)
Es una obra demoledora. Deliciosa, perversamente demoledora. Hace saltar por los aires la imagen idílica que, curso tras curso, hemos transmitido de aquellos jovencitos que se congregaron en la Residencia de Estudiantes para dar lugar a la llamada «mejor generación poética de la literatura española». El retrato llega a ser desolador… si uno se lo toma en serio. Esto es: si uno se olvida de que está leyendo una novela y no un libro de historia de la literatura, que es lo que parece haberle pasado a más de uno. Y si uno se olvida del derecho fundamental que asiste a todo novelista: el derecho a mentir, a mixtificar, a crear. El derecho a fabular. Y eso es algo que Antonio Orejudo hace con absoluta maestría, más desconcertante aún por tratarse de su primera novela.
Habrá quien considere que hablaros de esta obra es tirar piedras contra mi propio tejado, siendo yo vuestro profesor de literatura (al menos, de una buena parte de los que leéis este blog). ¿Con qué cara os explico la Generación del 27 de aquí en adelante si os da por leer Fabulosas…? ¡Le habréis perdido todo el respeto que se les debe! Pues bueno. En primer lugar, no sé yo si con vuestra edad estáis muy por la labor de respetar las cosas que los mayores os decimos que tenéis que respetar. La lógica de las hormonas es implacable y dicta que no. En segundo lugar, y suponiendo que a alguien le diera por leer esta novela, que no sé yo: ¿y si resultara que a partir de ahí le diera a ese alguien por conocer más de cerca la obra de aquellos que desfilan por sus páginas? ¿No habría merecido entonces la pena? Estoy convencido de que sí. Y aunque ello no ocurriera, hay algo que nadie puede cambiar: estamos ante una de las novelas más importantes publicadas en español en los últimos años. Y mantengo mi opinión ante quien quiera. El jueves 9 de octubre voy a estar en la FNAC de Málaga para darme el gustazo de conocer a Antonio Orejudo y quién sabe si charlar un rato con él. ¿Alguien más se anima?
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