Toda la mañana hablando en clase del collige, virgo, rosas (a.k.a. carpe diem) y al llegar a casa me encuentro con lo siguiente:

Es nuestra tercera rosa de esta primavera. La excusa perfecta para insistir en el tema que nos ocupa, para aportar otra visión del tópico, que no se agota. En esta ocasión, pone la letra Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950), con su poema “Collige, virgo, rosas” (de Por fuertes y fronteras, 1996):

Niña, arranca las rosa, no esperes a mañana.
Córtalas a destajo, desaforadamente,
sin pararte a pensar si son malas o buenas.
Que no quede ni una. Púlete los rosales
que encuentres a tu paso y deja las espinas
para tus compañeras de colegio. Disfruta
de la luz y del oro mientras puedas y rinde
tu belleza a ese dios rechoncho y melancólico
que va por los jardines instilando veneno.
Goza labios y lengua, machácate de gusto
con quien se deje y no permitas que el otoño
te pille con la piel reseca y sin un hombre
(por lo menos) comiéndote las hechuras del alma.
Y que la negra muerte te quite lo bailado.