Lunes. 30 Junio, 2008
Viajeros y turistas
Posted by eduardo under Literatura | Etiquetas: Literatura, Novela, Paul Bowles, Romanticismo, Viajes |[2] Comments
La ocasión no puede ser más propicia, y más para nosotros, los que vivimos aquí en Hawaii, o en sus cercanías: mañana, martes 1 de julio de 2008, muchos empiezan sus vacaciones, y todo aquél a quien se lo permite la crisis (perdón, no: las dificultades económicas objetivas, p.e.) se dispone a abandonar su lugar de residencia habitual para trasladarse durante unas semanas hasta lugares más o menos cercanos, exóticos o peligrosos. Bien.
Habréis reparado en que he evitado el uso del verbo «viajar», a pesar de que la absoluta totalidad de quienes van a hacerlo estén convencidos de que eso es lo que van a hacer, y más si se atiende a la primera acepción que aparece en el DRAE: «Trasladarse de un lugar a otro, generalmente distante, por cualquier medio de locomoción». Y si así lo he hecho, es porque entiendo que el empleo de dicho verbo implica el de su sustantivo correspondiente, «viajero», y ahí sí que no. Porque opino que de todos ellos muy pocos son viajeros; la mayoría son turistas.
Paul Bowles, El cielo protector (1949; Ed. Anagrama, págs. 18-20):
Aun en sus breves períodos de vida sedentaria, [...] le bastaba ver un mapa para ponerse a estudiarlo apasionadamente, y entonces, en la mayoría de los casos, empezaba a proyectar un nuevo viaje imposible pero que a veces llegaban a realizar. No se consideraba un turista; él era un viajero. Explicaba que la diferencia residía, en parte, en el tiempo. Mientras el turista se apresura por lo general a regresar a su casa al cabo de algunos meses o semanas, el viajero, que no pertenece más a un lugar que al siguiente, se desplaza con lentitud durante años de un punto a otro de la tierra. [...] otra importante diferencia entre el turista y el viajero es que el primero acepta su propia civilización sin cuestionarla; no así el viajero, que la compara con las otras y rechaza los aspectos que no le gustan.
Aquí en los alrededores de Hawaii sabemos bien de qué habla Mr. Bowles. Sobre todo porque hubo un tiempo en que no había turistas, y sí viajeros. Ni siquiera sé muy bien cuándo cambió la cosa, aunque tengo mis intuiciones; lo que sí está claro (y de esto hemos hablado alguna que otra vez en clase) es que todo empezó en la primera mitad del siglo XIX, por culpa de los románticos (del norte y del centro de Europa).
Ellos fueron los primeros en abandonar sus ciudades, sus países de origen, y viajar a otros que consideraban más primitivos, salvajes, exóticos o, en definitiva, puros y libres, no diré que por placer, pero, desde luego, tampoco por obligación. Antes de los románticos, sólo viajaban los aventureros, los soldados y los comerciantes; la mayor parte de las personas morían sin haber abandonado nunca el lugar en que habían nacido. Sin embargo, la angustia que caracterizó a los románticos, su rechazo frontal a las normas de las burguesas sociedades en que vivían y a las que consideraban opresivas e hipócritas, los llevaron a romper con ellas y buscar nuevos aires; buscaron lugares en los que la vida no estuviera cuadriculada al milímetro y en los que se viviera en un estado de primitivismo edénico que llegaron a identificar con la auténtica y primigenia libertad del primer ser humano.
Los lugares que eligieron fueron los países y regiones ribereños del Mediterráneo y Oriente Próximo: España en general, y Andalucía en particular, Italia, Grecia, Marruecos, Libia, Egipto… se convirtieron en las nuevas tierras prometidas para aquellos primeros viajeros que buscaron romper con la hipócrita vida burguesa en la que se habían criado y por la que se sentían oprimidos, anulados como individuos.
De todo ello dejaron constancia en maravillosos libros de viajes, en muchos de los cuales, a pesar de sus buenas intenciones, no consiguieron la mirada limpia que pretendían y arrojaron toda clase de prejuicios sobre los habitantes de aquellos lugares a los que viajaron.
El resto de la historia es más conocido: a partir de la Segunda Guerra Mundial son los estadounidenses los que, afianzados en su poderío económico y su pujanza social, se lanzan a recorrer el mundo, y a ellos se unirán británicos, alemanes, suecos, franceses et alia una vez Europa llegue a superar las consecuencias del desastre. Conforme la mejora de la situación económica y de las condiciones de vida se vaya extendiendo a mayores capas de la población (esto es, democratizando), será mayor el número de gente que se puede permitir el (anteriormente considerado) lujo de viajar por ahí. Sólo que ahora ya son minoría los que viajan, y mayoría los que hacen turismo.
Por cierto, ¿sabéis que el precio que está alcanzando el petróleo está haciendo que esta situación vuelva a la era pre-turista? Quiero decir: hubo un tiempo, por si no me he explicado bien, en que sólo viajaban los que tenían capacidad económica para permitírselo (¿he olvidado mencionar que aquellos viajeros románticos solían ser miembros de las clases más acomodadas de sus respectivos países?), y ahora las compañías aéreas, ya de forma descarada y sin tapujos, están empezando a reflejar el precio del combustible en el precio de los billetes, los cuales pronto van a estar, de nuevo, al alcance sólo de unos pocos. Esto es, el hecho de viajar se está aristocratizando de nuevo.












